«Scandal»: Cómo solucionar lo imposible

A pesar de que puede no ser tan evidente como en la literatura, la televisión también es cosa de géneros y al igual que hay autores especializados en la novela romántica, o en la histórica, en la pequeña pantalla hay expertos en el suspense y la acción y creadores dados al drama. Si en el primer caso es probable que en los títulos de crédito nos encontremos, por ejemplo, con J.J. Abrams o Carlton Cluse, en el segundo hay una mujer que en los últimos años no deja de multiplicar su presencia en la pantalla: Shonda Rhimes. E incluso podríamos considerarla maestra de la sección que nos ocupa, e inventora de ese subgénero televisivo que conforman los placeres culpables.

La cuarta de sus criaturas televisivas, tras el éxito de «Anatomía de Grey», la discreción de «Sin cita previa» y el fracaso de «Off The Map», fue la política «Scandal». La producción, que en septiembre estrenará su quinta temporada, se centra en Olivia Pope una mujer que trabaja en Washington como «solucionadora» de los problemas de las altas esferas políticas: escándalos sexuales, inconvenientes asesinatos o manipuladoras filtraciones. Pero Olivia, además de una gladiadora dispuesta a dejarse la piel por cada uno de sus clientes, también tiene tiempo para ocuparse de uno de sus clientes más especiales, el presidente de los Estados Unidos, Fitzgerald Thomas Grant III. La relación entre Fitz y Olivia se remonta a años atrás, cuando el primero se postulaba para ocupar el cargo que ahora desempeña y la segunda dirigía la campaña del entonces gobernador republicano. Pero además del éxito en las urnas, Olivia y Fitz tuvieron tiempo de encontrar el amor. Una relación imposible que sólo les traerá problemas.

A pesar de que Olivia creó su propia agencia para mantenerse alejada del despacho oval, el presidente es incapaz de olvidarla. Y ella no puede resistirse a los encantos del hombre más poderoso de la Tierra. Con la utópica relación como telón de fondo, en sus cuatro temporadas «Scandal» ha coqueteado con las crisis internacionales con países ficticios, escuchas ilegales, vicepresidentes con ínfulas dictatoriales e indiscretos escándalos sexuales. Ya sea en la agencia de Olivia, donde aparecen los clientes más inesperados, o en las oficinas de la Casa Blanca, en las que siempre hay alguna inconveniencia que tapar, los peores sucesos de la política estadounidense son el hilo conductor de las historias de la solucionadora y el presidente.

A lo largo de cuatro temporadas, los espectadores de «Scandal», que en Estados Unidos se ha emitido esta temporada entre otras dos producciones de Rhimes, han coqueteado con las situaciones más surrealistas. Pero todo vale cuando lo que menos preocupa es el contexto político o la coherencia de la historia. Inimaginables fraudes electorales, asesinatos silenciados por las altas esferas gubernamentales y encarcelamientos de los que no queda constancia son algunas de las locas tramas con las que la prolífica creadora ha logrado alcanzar los doce millones de espectadores. Cuatro más que en las dos primeras temporadas.

Para ocuparse de la marca de la casa Shonda, una mujer de carácter que no se deja amilanar y alberga elevadas aspiraciones, la elegida fue Kerry Washington. Y aunque «Scandal» es considerada por todos como una producción grotesca, la actriz ha conseguido estar nominada a un Globo de Oro y dos Emmy por su interpretación.