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Shonda Rhimes: De la grabadora a la marca personal

Shonda Rhimes: De la grabadora a la marca personal
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Entre los nombres propios de la industria televisiva estadounidense hay una mujer afroamericana, nacida en 1970 en las afueras de Chicago, que en la próxima temporada verá cómo los espectadores devoran cuatro producciones que llevan su nombre. Ya sea sólo en labores de producción, o haciéndose cargo del guión o la dirección, Shonda Rhimes ha creado una fórmula televisiva exitosa que si bien puede no contar con la conformidad y el aplauso de la crítica, sí que ha obtenido a lo largo de los años el aval de una numerosa audiencia. Pero para llegar a convertirse en una de las reinas de la pequeña pantalla, Shonda ha tenido que recorrer un largo camino.

Su afición por contar historias surgió a una edad muy temprana, gracias entre otras razones al trabajo universitario de sus padres, que sirvió para que los seis retoños Rhimes se interesasen por la literatura y la narración oral. Tal fue el interés de la pequeña Shonda, que a la tierna edad de cuatro años robó la grabadora de sus padres para plasmar en ella sus historias, que posteriormente serían transcritas por su madre. Más adelante, mientras estudiaba Secundaria, la joven fue voluntaria en hospitales de su comunidad, donde acudía para leer y acompañar a los enfermos.

En 1991 la todopoderosa creadora se graduó en la prestigiosa Universidad de Darmouth en Inglés y Literatura creativa y comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Pero Shonda no se sintió cómoda en el mundo de la comunicación comercial y decidió emprender rumbo a Los Ángeles para aprender a escribir guiones. Mientras estudiaba en la Universidad del sur de California, la productora Debra Martin Chase le contrató como interna, una experiencia que le serviría para trabajar juntas años después. En 1998 la guionista pudo producir, dirigir y escribir su primer cortometraje, «Flores y velos». Un año después la HBO estrenó su adaptación de la novela biográfica de la actriz afroamericana Dorothy Dandridge, a la que interpretó Halle Berry.

Pero las aspiraciones de Shonda se situaban en la pantalla grande y en 2002 se encargó del guión de la película protagonizada por Britney Spears, «Crossroads» y la secuela de la exitosa «Princesa por sorpresa», en la que trabajaría con Chase. Ese mismo año Rhimes decidió adoptar a su primera hija, algo que cambió, además de su vida personal, la profesional. Porque mientras Shonda cuidaba de su pequeña en casa, esperando una oportunidad de Hollywood que nunca llegaba, experimentó un creciente desencanto ante lo que podía ver en su televisor. Convencida de que tenía que hacer algo para que aquello cambiase, y animada por un programa médico que consiguió captar su atención, Shonda tiró de su experiencia juvenil en hospitales para escribir el piloto de «Anatomía de Grey». En el que por supuesto nació su marca personal, personajes femeninos alejados de la sombra de los masculinos, firmes, creíbles y que imprimen en la historia un toque fresco y diferente.

En sus diez años en la televisión Shonda se ha convertido en la primera creadora y productora afroamericana en tener una serie entre las diez más vistas. Además ha creado su propia productora, llamada «Shondaland», ha escrito y producido otras series («Sin cita previa» y «Fuera del mapa») y ha atrapado a medio país con «Scandal» y «Cómo defender a un asesino». Bendita grabadora.

- Lo mejor

Shonda no tiene miedo de lo que digan de sus creaciones, no aspira a crear escuela, aunque lo haya conseguido involuntariamente. Los «shondismos», esos momentos epatantes que encontramos en sus creaciones, son una institución televisiva y una marca de la casa con la que el espectador disfruta.

- Lo peor

La misma ausencia de miedo, porque Shonda ha demostrado en múltiples ocasiones que es capaz de despachar a cualquier personaje, sin importar su relevancia en la historia o el amor que le profese la audiencia. La serie es suya y hace con ella lo que le apetece.