Samantha Vallejo-Nágera: «Es alucinante que haya una generación que no sepa ni freír un huevo»

Samantha Vallejo-Nágera / Chef. Hace patria con su catering allá donde va con la marca Samantha de España, triunfa en la televisión con «Masterchef» y acaba de publicar un libro con uno de sus cuatro hijos, Roscón, que tiene síndrome de Down. Y entretanto, deporte, vida sana, cocinar y cocinar...

Samanta Vallejo-Nágera junto a su hijo Roscón
Samanta Vallejo-Nágera junto a su hijo Roscón

Samantha Vallejo-Nágera hace patria con su catering allá donde va con la marca Samantha de España, triunfa en la televisión con «Masterchef» y acaba de publicar un libro con uno de sus cuatro hijos, Roscón, que tiene síndrome de Down.

Da la sensación de que tiene el tiempo cronometrado para sacar la vida adelante. De aquí y de allá roba segundos al tiempo. Tiempo al tiempo para encajar todo a la perfección. Armonía y felicidad desprenden sus palabras, de quien se siente pleno haciendo su trabajo veinte años después. La gastronomía como eje, entre fogones al mando de su catering «Samantha de España», en la televisión con «Masterchef», eventos y como autora de libros, el último con uno de sus cuatro hijos, Roscón, que tiene síndrome de Down... Un ejemplo de cómo rentabilizar los minutos.

–¿A qué le suena eso de la conciliación laboral con cuatro hijos?

–Es cuestión de organizarse y disfrutar mucho trabajando.

–¿Y lo del horario de trabajo?

–Ahora estoy haciendo esta entrevista, que para mí es trabajo (son las once de la mañana) y acabo de venir de una horita y media de gimnasio y antes he hecho unos recados en el ordenador, he desayunado con mis hijos y les he llevado al colegio.

–Eventos, deportes, catering, oficina, todo mezclado...

–No lo considero trabajo, parece que estoy todo el día de fiesta, organizando fiestas todo el día, para mí es un planazo. Me lo paso bien trabajando.

–¿Siempre fue así?

–Cuando tenía 19 años descubrí una pasión y es una gozada; me lo paso bien y creo que se lo contagio a la gente que trabaja conmigo. No me puedo quejar de nada.

–¿Se tortura en el gimnasio?

–No, me encanta. Me muero el día que no voy.

–¿Qué hace?

–De todo. Corro, patino, Bikram yoga, pesas... Es salud y bienestar, un buen pack.

–¿Se ha unido a la moda?

–Lo mío es de toda la vida.

–¿Está segura de que su día tiene 24 horas?

–Sí, y las aprovecho al máximo.

–¿Y cómo se encajan ahí cuatro descendientes?

–Con una casa organizada, con actividades extraescolares, personal que cuida y ayuda en la casa y porque me encantan los niños.

–Saca ahora libro con Roscón, su hijo con síndrome de Down.

–Roscón es un hijo muy especial. Nos ha hecho a todos más humanos. Nos ha unido a toda la familia y a mis hijos los ha hecho más humanos también. Es la demostración del amor y la vida, de que lo importante es beber, comer, disfrutar, reír... Ésa es la verdadera fuerza. El consumo desaparece, la vida es música, baile, abrazos, es todo más puro, con Roscón desaparece lo corrupto.

–Eso está muy de moda ahora.

–Demasiado al día.

–¿En casa quién cocina?

–Yo no. A diario yo no. Las chicas. A mí me encantaría, pero disfruto en mi catering. No puedo cocinar a diario.

–¿Y exige luego?

–Valoro, pienso, valoro las cosas... Pero sí soy exigente.

–Una pregunta obligada: ¿por qué funciona «Masterchef?»

–Es un programa blanco, limpio, bien hecho, hay turismo, gastronomía... Está bien editado.

–¿Es tan exigente en casa como en la tele?

–Soy exigente, con mis hijos, conmigo... Pero allí soy bastante más dura.

–«Samantha de España» es el nombre de su catering. ¿Saca pecho por la patria?

–Yo siempre. Siempre he sido muy patriótica. Me gusta mucho nuestro país. Llamarme Samantha Vallejo-Nájera fuera de España no tenía mucho sentido, así que escogí el otro apodo y así me he quedado. Y muy orgullosa de mi país.

–Eso sí que no está de moda ahora.

–Yo no puedo entender que España no sienta orgullo de su bandera; me gusta que otros países sí lo estén. De política no hablo ni pienso, pero creo que aquí se asocia a un pasado que hay que pasar, hay que quitarle ya ese significado y luchar por divulgar nuestro país. Tenemos un tiempazo, una cocina extraordinaria, unos productos de la leche y muy buen carácter. Y somos unos disfrutones.

–¿A quién le gustaría dar de comer?

–A Jamie Oliver y a Romeo Santos, soy súper fan de la música latina. He tenido la suerte de dar de comer a mucha gente que me ha hecho mucha ilusión.

–Un estómago contento...

–Ése es el que sabes que va a volver. Cuando das una boda y vuelve a casarse contigo un familiar. El boca a boca.

–¿Con quién se pasaría con el picante?

–No soy yo de decir nadie... ¡Con los políticos! que nos los están haciendo pasar fatal. Hay que arreglar esto y dejar de echar balones fuera. Parece que estamos en el colegio. Hay que ponerse serio y echar el país adelante.

–Llegó a la cocina por casualidad. ¿En qué se hubiera visto si no?

–Soy muy disfrutona. Deporte, vida sana, organizando eventos... Pero estoy bien donde estoy después de 20 años.

–¿En qué proyecto está metida en este momento?

–Saco libro con Roscón y en septiembre otro. A tope con «Masterchef»... Y que hagan más cosas los demás.

–¿Dónde anda ahí la felicidad?

–La felicidad es algo muy sencillo que está en el equilibrio personal, en la familia unida y en la salud. La gente se cree que la gente famosa somos tal y cual y no. La felicidad se encuentra en las cosas normales.

–¿Y la crisis a qué le suena?

–Pues sobre todo al cáncer, a la falta de salud. A no poder tirar para adelante. A esas familias que sufren esa tremenda enfermedad que nos aprisiona. Todos tenemos a alguien que lo está viviendo y te cambia radicalmente la vida. La salud es lo más importante, eso no lo entiendes de niño, sino que lo vas aprendiendo con el tiempo.

–¿Cómo es posible que los niños guisen y otros muchos adultos no sepan ni cómo se fríe un huevo?

–Los niños aprenden con las abuelas en la cocina. Les enseñan y existe una pasión alucinante. Ahora han salido escuelas de cocina por todos los lados. Ya era hora de que volviera la moda de la cocina. La verda es que no entiendo a esa generación que no sabe ni hacer un huevo frito y que los compra todo hecho, pero, oye, hay gente para todo.

–¿Qué no le puede faltar a un buen guiso?

–Un buen sofrito y mucho amor.

–¿Y a la vida?

–Encontrar lo que te gusta, descubrir una pasión y vivirla a tope.

Mar o montaña

Aprovecha las 24 horas del día al máximo, pero cuando hay que descansar sabe hacerlo. Sus vacaciones ideales son «en familia, en una casa cocinando, tomando el sol, paseando, haciendo ejercicio, con amigos, mucha gente...». Y seguro que sin perder el tiempo.