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El conde de Gothland, conde de Haga o el rey Gustavo III de Suecia

Usó pseudónimo incluso para ser acogido por otros monarcas

El primer viaje que el rey Gustavo III de Suecia hizo a Francia fue en 1771 y lo hizo con el título de incógnito de conde de Gothland con la idea de conocer a algunos filósofos franceses y de discutir con Luis XV acerca de las relaciones franco-suecas. Eso le permitía moverse libremente con el mínimo séquito. El viaje tuvo que acortarse debido a la muerte de su padre Adolfo Federico. Años más tarde, en 1783, fue huésped del soberano francés, Luis XVI, en Versalles, bajo el nombre de conde de Haga. En los Archivos Nacionales de Francia se conservan sus tarjetas de visita como tal conde. La reina María Antonieta dio en el Trianón en su honor fiestas y asistió a la ópera en el palco real a pesar del incógnito. Poco después del verano de ese año la soberana francesa impulsó el nombramiento de su amigo el conde sueco Axel de Fersen como coronel en propiedad del «Royal-Suédois», un regimiento de infantería alemana del Reino de Francia creado en 1690. Anunció ella misma la noticia a Gustavo III. Pero Fersen tuvo que dejar París para unirse a su soberano que partía hacia Italia, primero como conde de Gothland y, una vez llegado a Florencia, bajo el pseudónimo de conde de Haga, que se debía al nombre de uno de sus castillos, situado al norte de Estocolmo.

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Concretamente, el 8 de octubre de 1783 le llegó a Fersen orden de su soberano para acompañarle a través de Brunswick, Augsburg, Innsbruck, Brixen y Verona como capitán de su guardia personal. Aunque viajara con título de incógnito, Gustavo III iba acompañado de un importante séquito que incluía chambelanes de su corte, los barones de Sparre, Armfelt y Taube, además de varios artistas y escultores. El viaje italiano fue sobre todo una peregrinación cultural, pero no perdió oportunidades para forjar relaciones diplomáticas y políticas útiles. En junio de 1784 los viajeros estaban ya en Versalles. El día 21 de ese mes, inauguración del verano, se le dio la inevitable fiesta en el Trianón.

El rey Gustavo III también empleó el título de conde de Haga como autor dramático. Ya en 1772 su obra «Thétis et Pélée», primera ópera en lengua sueca, fue representada en Estocolmo. Parece que la pasión del teatro le ocupaba más que el gobierno de sus estados. Exigía de los caballeros y damas de su corte que actuaran con él en las piezas compuestas y representadas por él mismo. Esta actividad de Gustavo como actor hizo que la vieja nobleza y el clero le recriminaran su actitud como indigna de un monarca.

Curiosamente este rey murió asesinado durante un baile de máscaras, es decir bajo cierto incógnito. Corría el mes de marzo de 1784 cuando el pintor Louis-Jean Desprez, pensionario de la Academia de Francia en Roma, recibió la visita de cierto conde de Haga. Era el rey sueco, que solía escribir melodramas de tema histórico y aprovechaba su ya citada estancia en Italia para buscar artistas capaces de montar en el Teatro Real de Estocolmo su «Reina Cristina». Gustavo había tenido noticia de la existencia de Desprez gracias al cardenal de Bernis, embajador de Francia en Roma. No tardaría mucho el pintor –ya como director de dicho Teatro Real– en estrenar con gran éxito la obra del rey; era el 6 de enero de 1785. Entusiasmado, Gustavo III confió a Desprez la educación artística de su hijo y la edificación del castillo real de Haga, donde por cierto está enterrado Gustavo Adolfo VI, abuelo del actual soberano sueco. Con el tiempo, ya en los años cuarenta del siglo XX, toda la familia real sueca era conocida como «la familia Haga», ya que solían vivir en ese castillo.

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Su carácter

El rey Gustavo III de Suecia era un gran mecenas y amante de la cultura, desde la literatura –escribió varios dramas históricos– a la música, o de la filosofía a la pintura. Su amor por el arte, no sólo sueco, fue proverbial. Humanista aficionado a la historia, propugnó la libertad de imprenta y fue relativamente tolerante, aunque derivaría a cierto autoritarismo absolutista y una desmedida apetencia de poder y éxito. Abolió la tortura y mejoró los servicios de salud, elevando el salario de los funcionarios públicos. Tuvo una triste vida familiar y conyugal, tanto con su esposa como con su propia madre, quien parece haber difundido el rumor de que el futuro Gustavo IV Adolfo, hijo de Gustavo III, era en realidad hijo del conde Adolf Fredrik Munck.

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La fecha

Sobre Gustavo III se ha escrito mucho. Pero quizá la más famosa obra sobre él sea «Un ballo in maschera», ópera en tres actos con música de Giuseppe Verdi y libreto de Antonio Somma, estrenada el 17 de febrero de 1859, muchos años después del asesinato en 1792 de Gustavo III precisamente durante un baile de máscaras. Ya en 1833 Auber compuso su ópera «Gustave III ou Le Bal masqué» y luego Saverio Mercadante, en 1843, la suya «Il reggente», sobre el mismo tema, pero fue la de Verdi, sin duda la que llegaría a nuestros días con más fama.