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La huella del huésped

Los extranjeros, especialmente rusos e ingleses, son los que en peor estado dejan las habitaciones de los hoteles; los hombres de negocios son los más ordenados al igual que las mujeres que viajan en pareja. así somos en función de cómo hacemos el «check out»

La huella del huésped
La huella del huéspedlarazon

Es la hora del «check out» y apuramos a recoger la habitación. La ropa no entra en la maleta (nadie sabe explicar por qué la vestimenta sucia ocupa más espacio) y el neceser aún está en el baño. Hay que buscar hueco para las «amenities» porque qué buen turista no se guarda los geles y gorros de baño que ofrece de manera gratuita en hotel aunque mas tarde los dejemos en el olvido alimentando nuestro síndrome de Diógenes. Algunos optan por mullir las almohadas antes de dejar la habitación, otros colocan el nórdico con precisión y hay, sin embargo, quienes salen de la estancia tras convertirla en una leonera, como si la niña del exorcista hubiera pernoctado allí. Imprimimos nuestro carácter, nuestras manías y psicología sobre un espacio reducido en el que puede que tan solo hayamos pasado horas. El cómo dejamos la habitación del hotel dice mucho de cómo somos. Por este motivo, la artista italiana afincada en Londres, Giulia Dini , ha realizado una serie fotográfica en la que inmortaliza las estancias (en este caso en varios hoteles de Milán) una vez que han sido abandonadas por sus huéspedes. Todavía huele a sueño, a colonia, a zapatillas, a sexo... cuando Dini entra con su cámara. No ha pasado todavía el servicio y se encuentra la cama, la mesilla, el armario, el baño, tal y como lo han dejado sus inquilinos. «Quería hacer un proyecto que hablara sobre la intimidad y las habitaciones de hotel son un lugar fascinante para explorar este concepto. Se han definido ''el no lugar'' porque es un espacio en el que no vivimos, en el que el individuo permanece anónimo, algo temporal, muy poco familiar en la mayoría de los casos, pero donde vivimos momentos muy íntimos de nuestra vida y donde , inevitablemente, dejamos algunas huellas. Me gustó este contraste», explica la fotógrafa a LA RAZÓN. Y no es para menos ya que , ¿quién no ha pensado en más de una ocasión, antes de abandonar la habitación de un hotel, aquello de: ''madre mía cuando vengan los de la limpieza, qué pensarán de mí''...?

Este diario ha contactado con varios hoteles para que, a través de su experiencia, nos describan la personalidad de sus clientes en función de cómo se encontraron los dormitorios una vez quedaron vacíos. Y la mayoría coincide en que los extranjeros, especialmente los rusos y los ingleses, son los «más dejados», los que en peores condiciones dejan las estancias. En cuestión de sexo, son ellas quienes cuidan mejor las habitaciones (siempre que viajen en pareja, si viajan solas la conclusión es diferente) mientras que los hombres, sobre todo cuando se alojan solos, son muy cuidadosos. «Los españoles son, por nacionalidad, los mejores, sobre todo en cuestión de orden. Los hombres de mediana edad que se alojan por motivo de negocios son especialmente ordenados», explican desde la prestigiosa cadena Room Mate Hotels. Para ellos, los más caóticos, es decir, los que más sucia dejan la estancia con todo revuelto son «los ingleses, los latinoamericanos y los árabes. En cuestión de edad, los jóvenes estudiantes americanos son los peores y en relación al sexo, suelen ser más desordenadas las mujeres que los hombres siempre que viajaban acompañadas por un varón», matizan.

Una opinión que comparten desde uno de los hoteles-balneario más populares de Galicia, desde donde añaden que los invitados de «las bodas son los peores». También insisten en que los jóvenes, tanto españoles como extranjeros, son los que más «triquiñuelas» hacen con el minibar el cual dejan en un estado deplorable y «tiritando». «Nos hemos encontrado con bebidas abiertas y rellenas de otro líquido, es algo que sucede con cada vez con más frecuencia. Los extranjeros son los que más uso hacen del minibar, pero sí suelen dar cuenta de ello en recepción», apuntan desde este alojamiento gallego.

Con todo este material, es lógico que la fotógrafa Dini quisiera indagar en los misterios de la mente, del comportamiento del ser humano cuando nadie le ve (a modo de Gay Talese en su «Hotel del voyeur») y entrar de lleno en la intimidad más profunda de los huéspedes. «El propósito de este proyecto no fue en ningún momento sacar conclusiones, sino contar una historia. Quería enmarcar ese momento de quietud, ese escenario silencioso que queda desde que una habitación ha sido recientemente desocupada y antes de que se limpie para los próximos invitados, una forma de mostrar el paisaje humano a través de los patrones que quedan atrás», confiesa. Para ella lo más complejo fue recibir el permiso de los hoteles para plasmar la huella de sus residentes. «Los hoteles quieren tener una imagen pulida y ordenada sobre sus espacios, por lo que mi solicitud fue rechazada en muchas ocasiones. Contacté con varios hoteles antes de recibir el primer sí. Tengo que reconocer que en algún momento estuve a punto de darme por vencida. Afortunadamente, al Príncipe de Savoia en Milán le gustó la idea y me concedió el acceso, después de esto todos los demás hoteles lo siguieron», confiesa. Ésta es tan solo la primera parte de su proyecto, la cual le llevó un par de meses. Ahora piensa ya en la segunda edición en la que los hoteles no sean solo de Milán sino de otras ciudades con otras historias que contar.

En todas sus instantáneas la cama es el centro de la imagen y, su criterio, «la diversidad». «Quería tener toda la gama, desde lugares de lujo hasta a los más familiares y modestos», apunta. La mayoría de los clientes abandonan en la mesilla de noche una botella de agua y dejan las luces encendidas. Del baño, mejor no hablar... «En una ocasión, al entrar en la habitación, la mujer de la limpieza no podía ver ni un rincón de la moqueta de cómo estaba la ropa extendida por el suelo. De tal manera que no cabía un pie en el suelo. La gobernanta tuvo que llamar a la directora para preguntarle cómo debían de actuar en ese caso. La directora tuvo que decirles a las limpiadores que no entraran. Las alojadas eran dos mujeres jóvenes americanas», cuentan desde Room Mate. En el balneario gallego también narran anécdotas curiosas. En una ocasión un cliente reservó dos habitaciones contiguas. Solo vimos a una pareja, pero al día siguiente las dos habitaciones aparecieron como escenario de fiesta «subida de tono», dicen. También aseguran haber encontrado ropa interior dentro de un minibar y dentro de un escritorio, incluso, las mujeres de la limpieza se encontraron a un cliente dentro del armario cuando fueron a sacar la manta para hacer la cobertura. ¿Algo más? Sí. «Hay clientes exhibicionistas, otros que se quejan por el ruido de la lluvia y los que te piden que les hagan la cama de manera especial», explica la gobernanta que lleva décadas trabajando el la hostelería. ¿Qué tipo de huésped es usted? ¿Se reconoce en alguno de los perfiles? ¿Qué diría de usted su habitación?