«Mi padre no se ocupó de nosotros y mi madre nos dejó y quiso secuestrarnos»

Hubertus Hohenlohe, hijo de la princesa Ira de Furstenberg y Alfonso Hohenlohe y nieto de Clara Agnelli, regresa al Marbella Club

Hubertus Hohenlohe, hijo de la princesa Ira de Furstenberg y Alfonso Hohenlohe y nieto de Clara Agnelli, regresa al Marbella Club

Con su madre, la princesa Ira de Furstenberg, habla en español; con su hija y su esposa, en italiano; con una hermana, en alemán y, con la otra, en inglés. «Los tacos los digo en italiano porque es como mejor me salen», afirma Hubertus Hohenlohe. Tiene doble nacionalidad, la de Lietchestein y mexicana. Y después de haber rodado por el mundo, como fotógrafo, pintor, músico y esquiador de élite, representando a México en cinco Olimpiadas, regresa al Patio del Hotel Marbella Club, donde en los años 70 se reunía la «jet set» mundial. En ese espacio ajardinado por su padre con plantas que trajo de África, Su Alteza Serenísima, el príncipe Hubertus ha creado un ambiente perfecto para disfrutar de la música de un dj, cócteles naturales y noches temáticas de flamenco, arte o Studio 54.

En el patio del Marbella Club sobre el que gira el complejo hotelero, Alfonso Hohenlohe, conocido en la zona como «los olé, olé», y que era el padre de Hubertus y marido de la princesa Ira, concibió una auténtica revolución turística, social y glamourosa en el pueblo de Marbella. «Luego llegó la época Gil y lo cambió todo, lo unificó y se perdió parte de ese glamour. La idea es que los hijos o nietos de aquellos que venían por aquí o la nueva gente guapa o también fea, pero con gusto, tengan un lugar donde comerse una pizza, beber un cóctel y escuchar buena música». Sin rencores por la ausencia de sus padres, Hubertus sigue ligado al legado que dejó su progenitor. «Mi padre no se ocupó mucho de nosotros y mi madre dejó a mi padre para irse con un señor y no nos veía. Así que nos enviaron a internados en Austria, donde aprendimos idiomas y eso es un gran legado». Hubertus ya no es el «play boy» que cantaba canciones, desde 2010 no publica ningún disco. Ahora esquía por placer en Austria, donde tiene un programa de televisión.

–¿Cuándo le llaman Alteza Serenísima?

–Cuando ceno con el príncipe Carlos de Inglaterra.

–¿Qué es el buen gusto?

–El patio del Marbella Club o mi casa, donde tengo en el techo recortadas las fotos a tamaño natural de mi padre, de Gina Lollobrigida y de Liza Minnelli. Son fotos que estaban en el hotel. Sólo me falta la de Brigitte Bardot, que robaron. Quería que decoraran el techo en la zona de baile del hotel.

–¿Los millonarios roban?

–Pues sí, a los cinco minutos de haberla colgado robaron la imagen de Bardot y el tocadiscos que puse en la «suite» Hubertus al segundo día desapareció. Un cliente millonario dijo que con lo que había pagado por la habitación tenía derecho a llevárselo.

–¿Ser rico tiene riesgos?

–Sí, porque puede que no sepas la medida que puedes tomar para vivir bien tu vida. Si tienes demasiadas opciones, es más difícil encontrar tu verdad y tu autenticidad porque hay que pelear por las cosas. Si no tienes que pelear por ellas, es difícil encontrarse.

– ¿Usted dónde vota?

–Yo vivo en Lietchestein y allí sólo votábamos los hombres. Ahora las mujeres ya pueden votar.

–¿Se beneficia de vivir en un paraíso fiscal?

–Mi familia llegó allí en 1945 y hemos perdido mucho dinero por ser de Liechtenstein, porque al acabar la II Guerra Mundial los alemanes devolvieron las propiedades, que los rusos habían robado, a los que tenían pasaporte alemán y a nosotros no nos devolvieron nada. Por eso mi padre vino a España. Había perdido casi toda su fortuna.

–Tiene un coche pintado de animal print... ¿Es excéntrico?

–No mucho. Sólo saco lo que tengo dentro arriesgando un poco. Lo del coche lo hice por celebrar el 60 aniversario del Marbella Club.

–¿Es cierto que vivió escondido para evitar que le secuestrasen?

–Mi madre nos abandonó, pero con el tiempo quiso volver a vernos y probó a secuestrarnos. Pero no lo logró porque mi hermano y yo estuvimos tres años escondidos por Europa hasta que el señor con el que se fugó desapareció. Él era quien quería secuestrarnos.

–¿Le ha quedado alguna secuela de esa historia?

–No, a mi hermano Kiko es posible que le afectara más.

¿Cómo zanjaron su extraña muerte en una cárcel de Bangkok?

–Seguramente alguien le ayudó para que pasara lo que pasó. Pero nunca lo sabremos. El 8 de agosto se cumplen diez años de aquello y mi madre ha organizado una misa en Ronda.

–¿Ustedes son los «olé, olé»?

–Sí, y ese «olé, olé» sirvió a Marta Sánchez para dar nombre a su grupo.