¿Puede un ciego ser racista?

Si el concepto de etnia dependiera solo del color de la piel, parecería evidente que una persona invidente mostrase comportamientos xenófobos

Si el concepto de etnia dependiera solo del color de la piel, parecería evidente que una persona invidente mostrase comportamientos xenófobos.

«No me importa el color de tu piel». Esta frase que universalmente asume que la persona que la dice reconoce no ser racista encierra una trampa científica y ética. Quizá un inadvertido microrracismo: atribuir la raza a un color.

Si el concepto de etnia dependediera solo del color de la piel, parecería evidente que una persona ciega, incapaz de ver el color, nunca mostrase comportamientos racistas.

En realidad los invidentes también categorizan a las personas que las rodean en función de la raza y, por lo tanto, también podrían elaborar comportamientos discriminatorios en determinados escenarios. La profesora de Sociología de la Universidad de Delaware Asia Friedman ha investigado sobre ello y llega a una conclusión sorprendente. «Los procesos visuales que conducen a la identificación de la raza de una persona son instantáneos, un ejemplo de pensamiento automático». Observamos el color de piel, la estructura ósea facial, la talla, el pelo, los rasgos, etcétera, e identificamos inconscientemente si la persona comparte o no raza con nosotros. En el caso de las personas ciegas el proceso es algo más lento, pero también se produce. La identificación de la raza es en este caso deliberativa y no automática. Se basa en la voz, el contacto físico y otros factores no visuales. De hecho no siempre se produce con certeza.

Se han hecho muchos estudios psicológicos al respecto. Muchos invidentes encuestados aseguran que se sienten más libres de prejuicios raciales que las personas que ven. La respuesta instintiva generada por el contacto visual es demasiado potente y primaria. El racismo es un acto irracional que se cura pensando.

Pero los datos estadísticos demuestran que ni siquiera de ese modo las personas ciegas se libran al cien por cien de los prejuicios. Muchos mantienen ciertos estereotipos culturales aprendidos o hacen asunciones apriorísticas sobre la voz, el acento o la textura de piel. La definición de «raza» que hace un invidente no está basada en el color de la piel, obviamente, pero también es muy potente.

Los humanos tendemos al prejuicio sea cual sea nuestra condición.