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Fiestas clandestinas: ¿Estás en la lista?

Consiga la contraseña y prepárese para descubrir salas de fiesta y conciertos privé en lugares que nunca habría imaginado

La fiebre de lo prohibido se dispara en España y las puertas secretas de baños y edificios en ruinas se abren para descubrir locales nocturnos dignos del Gran Gatsby.

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Pasa la media noche. Nos encontramos en una céntrica calle de Madrid paralela a la Gran Vía. Llegamos a un edificio abandonado con una fachada repleta de grietas. Nadie diría que allí dentro se esconde un pub. Llamamos al portero automático y decimos la palabra clave que previamente un contacto nos ha facilitado. La contraseña es el nombre de un autor francés que ninguno de los presentes conoce. Pero funciona. Al decir la clave se abre el portal y un hombre nos espera al otro lado. Pide la documentación de los presentes y nos explica que podemos acceder al primer piso, puerta derecha. Seguimos las instrucciones, subimos unas escaleras que parece que de un momento a otro se van a caer a pedazos y al cruzar el umbral de la puerta indicada se hace la luz. Un espacio diáfano, con sofás de cuero negro tipo chester, un pequeño jardín con vegetación y un ambiente súper «chic». ¿Quién podría pensar que ese bloque casi en ruinas alberga un local como éste? La atmósfera nos traslada a una ambientación digna de «Mad Men». La mayoría es gente joven y los modernos barman atienden a la clientela en una barra plagada de espejos y bebidas espirituosas. No hay más de una veintena de personas y la música acompaña discreta. Se puede fumar en el interior y no sólo tabaco. Allí nadie juzga y las risas se mezclan con el alcohol en una estampa más propia del Gran Gatsby. Unos de los «invitados» nos desvela que en las otras plantas del edificio hay más salas, pero cada una tiene su propia contraseña. La nuestra solo da acceso a la primera estancia.

Éste es uno de los lugares clandestinos que tan de moda se han puesto en los últimos años. Espacios exclusivos a los que se accede con códigos secretos y que están al margen de los circuitos comerciales. Muchos de ellos abren durante unos meses y después, cuando se hacen «conocidos» se mudan a otro espacio. No solo son bares, también hay conciertos, cenas e incluso «fitness» clandestinos. El reto es entrar en este círculo alternativo o que algún asiduo se digne a facilitarte las instrucciones para acceder. Tarea nada sencilla, pero la búsqueda merece la pena. María Poveda, una abogada de 32 años, lo sabe bien. «Me encanta ir a estos sitios porque te obligan a dejarte llevar. Nunca sabes dónde vas a acabar. Igual te citan en un bar con mala pinta, pero después te hacen pasar por el baño y descubres un local súper cuidado que parece que te has teletransportado a Nueva York», explica emocionada. Ella ha asistido a casi todos los eventos «prohibidos» que organiza Black Heart, una empresa experta en fiestas clandestinas. «Las Black Heart Girls siempre lo bordan. Cuidan tanto la música como la producción, todo, es increíble. Me gusta mucho el elemento sorpresa. Realmente nunca sabes en lo que te metes», confiesa. Black Heart se ha consolidado como una de las empresas de «shows» clandestinos en España y ya empiezan a organizarlos incluso en el extranjero. Pero, ¿qué hay que hacer para formar parte de este selecto grupo? «Lo anunciamos de manera clandestina a través de redes sociales o de boca a boca entre personas de confianza. Decimos que se va a hacer un fiestón en Madrid, pero nada más. Luego se empieza a mover un código, normalmente un número el que se introduce en nuestra página web. Esto da acceso a comprar la entrada y el día anterior decimos el punto de encuentro», explica Katy Sainz, Dj y fundadora de Black Heart (@blackheartgirls). Es cierto que a las personas que participan o gestionan este tipo de locales les cuesta soltar prenda porque quieren seguir viviendo y disfrutando de su anonimato y exclusivdad. Además, la clave es que no se masifique y siga siendo un lujo del que disfrute una selecta clientela. Sin embargo, Ana Ureña, del equipo Black Heart, desvela algunos de los lugares subrepticios más exitosos. Uno de ellos en el mítico restaurante Ramses, pero no en el salón que todos conocen. «Nos citamos fuera, en el patio de carruajes, subes unas escaleras llenas de grafitis y en la última planta encuentras uno de los lugares donde se sirven cócteles. A otro de los rincones secretos se accede por las cocinas, pero no puedo dar más pistas», asegura. Un lugar también «top secret» se encuentran en el BB Bistrot Bar, un apacible restaurante francés de éxito, en el que si va al baño y empuja una de las paredes (previa adquisición de una llave especial) aparecen unas escaleras que conducen a una sala encubierta. «Allí montamos una sesión de djs femeninas, porque en nuestras citas las protagonistas son las mujeres», dice Ureña.

En el Random, otro local de moda, si consigue un código y encuentra en su interior la puerta secreta, descubrirá los auténticos placeres de lo exclusivo. ¿Pero qué explicación racional tiene que cada vez más personas estén ansiosas de experimentar sensaciones como ésta? «Los sentimientos pueden clasificarse en dos categorías: en función del placer que generan o por su intensidad. Lo prohibido genera una activación ya que existe un efecto de novedad, de exclusividad, de sentirnos especiales. Las emociones que se generan en estos sitios son más intensas a nivel de activación psicológica», explica el psicólogo Jesús Matos. Sin embargo, este tipo de prácticas, según el experto, también puede tener un efecto «adictivo». Además, tratar de encontrar siempre el estímulo constante, puede generar «insatisfacción constante». «Si basamos todas nuestra vida en esta clase de actividades estamos vacíos. Confundir bienestar con placer es un peligro», advierte.

Sol González, estudiante de Medicina y asidua este tipo de encuentros, reconoce que hay que tener «mucha fe» en la persona que te convoca o te facilita el acceso a las fiestas. « Se vive una experiencia única desde antes del evento. Es muy excitante todo, el cómo se pasan de boca a boca los códigos, la expectación...», reconoce.

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Pero además de fiestas y «desmadre» hay una infinidad de propuestas clandestinas, como por ejemplo las musicales que organiza Alejandro. «Los Conciertos Secretos de Acqustic son una experiencia en la que los asistentes no conocen ni la localización del concierto ni los artistas que actuarán. Cada persona compra una entrada y 24 horas antes del concierto le enviamos la localización y contraseña de acceso. Sin embargo, los artistas de los que podrán disfrutar siguen siendo secretos hasta el mismo inicio del evento», explica. Las localizaciones son diversas, pero siempre es un lugar donde no se espera encontrar música en directo: librerías, floristerías, galerías de arte... «Uno de los lugares más clandestinos y especiales en los que hemos organizado conciertos fue una pequeña masía en Barcelona. Reunimos a los asistentes en la entrada principal, pero lo que no sabían era que el concierto sería en la terraza. De repente, un pianista comenzó a tocar en lo alto de la masía indicándoles hacia dónde debían ir. Fue impactante para ellos llegar a un lugar desconocido y que de repente comenzara a sonar música de la nada», asegura Alejandro. El precio de este lujo: 18€ por persona y siempre son aforos mínimos, no más de 35 personas. También Mabel, de Conciertos Secretos, organiza este tipo de eventos íntimos. Comenzaron con uno al mes, pero ahora montan un festival cada dos meses con cinco conciertos en diferentes puntos de la Ciudad Condal. «Todo es secreto, se facilitan datos muy escasos a los que reservan la entrada y se les van dando pistas para acceder al lugar. Se vive más una experiencia que un concierto en sí», asevera Mabel. El mismo «modus operandi» sigue Graciela, la gurú de las mesas confidenciales en Galicia . «La gente me contacta por redes y les cuento cómo funciona. Dos días antes de las cena les mando las entradas con una dirección y una hora. No tienen por qué saber el lugar donde se vaya a realizar la cena, sino tan solo el inicio de la experiencia», explica esta gallega. Sin duda una de las más especiales que ha preparado fue una cena en la antigua chocolatería de Santiago de Compostela. Para conseguir llegar al lugar de la cena hay contraseñas y claves, baúles secretos e incluso yincanas. Pero esto no queda aquí, los más atrevidos también pueden hacer «fitness» clandestino. Como lo oyen. La empresa Clandestin Lamarca realizó un entrenamiento «privé» recientemente en la capilla de un antiguo colegio en El Viso, Madrid. Sudar también puede ser clandestino. ¿A dónde vamos a llegar? La fiebre de lo prohibido no ha hecho más que comenzar.