Corbatas, otra cuestión de «sorpasso»

Iglesias, que últimamente ha recurrido a usar corbata, sorprendió sin ella. Lo mismo que el candidato de C’s

Iglesias, que últimamente ha recurrido a usar corbata, sorprendió sin ella. Lo mismo que el candidato de C’s

Decía Irene Montero a su llegada al debate el pasado lunes que Pablo Iglesias iba elegante pese a no llevar corbata. Quizá sea necesario aclararle a la diputada podemita y jefa de gabinete de Iglesias la definición de elegancia, porque si bien es cierto que tiene mucho de actitud, no lo es menos que Pablo se asemejaba tanto a ella como un huevo a una castaña. Están bien las loas al líder cuando se enfrenta a un hito decisivo (igual que unas palmadas en la espalda), pero quizá es mejor enfocarlas en lo que realmente se hace bien que en ocultar defectos. Iglesias, que últimamente ha recurrido con acierto a este accesorio masculino, prescindió de él en la cita televisiva, donde además apareció sin peinar, ni lo estuvo después de pasar por maquillaje, cuando intentaron remendar su coleta de manera desafortunada. Quiso jugar con el efecto sorpresa, pero esta vez le salió el tiro por la culata. Alguna vez tenía que ser la primera para este experto en el medio televisivo. Si buscaba el «sorpasso», en esta ocasión se quedó con las ganas.

Albert Rivera, aunque suele usar este complemento, acudió sin él al debate. No obstante, estaba elegante, sobrio, jugando con su estética habitual. Supo entender el estilo al prescindir de este accesorio, si bien, muchos se preguntaron por qué no llevaba corbata un candidato serio a presidente del Gobierno. Pareciera, dicen, que hubiera intercambiado los papeles con Iglesias. El hecho de estar situado al lado del líder de Podemos fortaleció su figura. Nadie le podía haber colocado mejor: el contraste de candidatos (Rivera fresco, Iglesias apagado) hizo que el de Ciudadanos se creciera.

Mariano Rajoy era el otro gran protagonista de la jornada. Mucho se ha dicho de la diferencia de edad que le separa de sus contrincantes, pero el presidente del Gobierno en funciones supo tomar ventaja de esto y con un sólo detalle borró de un plumazo la brecha de los años. Esta vez su mujer, Elvira Fernández, escogió para él una corbata de pala más estrecha a las que acostumbra y de un azul más oscuro que la del debate de las elecciones pasadas. Fue una sabia elección que consiguió rejuvenecer la imagen del líder del PP. En cambio, Pedro Sánchez pasó desapercibido: ni sorprendió en la estética (repitió el estilo de corbata roja y traje oscuro) ni en la dialéctica. Quizá lo uno resultaba reflejo de lo otro. Era lo de siempre.