Una vez visto, a venderlo

La quinta jornada de la Fashion Week Madrid se inspiró en tribus nómadas, el desierto y la moda de los años 20 a través de flecos, abrigos y una paleta de colores variada

El desfile de Miguel Marinero hizo homenaje a los archivos que dieron origen a su marca / Efe
El desfile de Miguel Marinero hizo homenaje a los archivos que dieron origen a su marca / Efe

La quinta jornada de la Fashion Week Madrid se inspiró en tribus nómadas, el desierto y la moda de los años 20 a través de flecos, abrigos y una paleta de colores variada.

Beatriz Peñalver es fruto de una reconversión. La echaron del banco y se recicló en diseñadora de moda. De ahí que la parte industrial sea su punto fuerte, cosa que se agradece en un sector que necesita de ese engranaje para vivir. Su colección es escueta, pero eficaz. Decir que se inspira en la tribu nómada de los Tuareg y lo que ello significa con una paleta de colores naranjas potentes, tierras, azules y dorados, y que, al ser nómadas, cargan con todo lo que tienen en el ropero, por un «por si acaso». Prendas de punto extragrandes, capas y hasta una bata de cola de volantes en organza porque Peñalver es andaluza y nunca le falta un volante o un fleco, que es algo que regresa con fuerza.

La arena del desierto

Para el próximo invierno hay que hacerse con flecos, trajes con un hombro al descubierto y largos midi para los vestidos. Curiosamente, otro diseñador que ha sentido la llamada del desierto ha sido Jorge Vázquez dice inspirarse en Tánger y en toda esa leyenda de los ricos que se lo pasaban fenomenal allí en los años 70. De ahí sus mangas abullonadas, los drapeados, las plumas y los lazos, porque más es mucho y todavía podría ser más. Isabel Núñez, en vez de tragar arena en el desierto o bailar como las ricas aburridas, prefiere deleitarse con las impresiones de Monet. Le pide prestado al pintor su gama de colores pastel, lilas, rosas y anaranjados para teñir terciopelos, sedas y la recurrente tela plisada estilo Fortuny; con ellas dibuja siluetas rectas para los pantalones anchos y las faldas tan tubo que son incompatibles con el transporte público pero ideales para los selfies. También apuesta por el largo midi, los flecos, el bordado con cristales transparentes y por el juego que le dan los cortes geométricos y la mezcla de varias telas superpuestas. Miguel Marinero, por su parte, recupera la costumbre de poder comprar la prenda según la ves en el desfile: «See now buy now». Con su firma MM y su hijo Nicolás, se recrea en los archivos que dieron origen a su enseña y en ese momento en el que la mujer gozaba vistiéndose con telas buenas, patrón impecable y siluetas sexys, que para penas ya está el telediario. El abrigo de tweed lo ribetea con zorro, al de terciopelo le estampa enormes amebas, al vestido de fiesta le deja una gran abertura para lucir piernas, los de cóctel van drapeados a mano, los tules se ven plisados, al esmoquin le pone las solapas de napa, recupera las capas de los años 20 con su hombrera bien puesta para que ajuste y la novia de invierno lleva un traje pijama con sombrero de zorro y cazadora bomber. Un trabajo impecable de costura como el de Marcos Luengo con sus abultadas mangas sin costuras y las alforjas de plumas o de cordero, que son la forma de poner bolsillos a las prendas y su seña de identidad junto al terciopelo bordado.