Berta Bernard: «En esto hay que ponerse las pilas, porque las redes sociales van a toda pastilla»

El mismísimo Scott Schumman, implacable prescriptor de tendencias de moda callejera, se quedó prendado de las fotografías y los textos de su blog.

No le gusta hablar de su éxito, ni adjudicarse notoriedades que no le corresponden; sin embargo, se encuentra entre las pocas elegidas entre millones de blogueras de todo el mundo que se han convertido en una auténtica «influencer on-line». ¿Será la belleza lánguida de melena infinita y mirada inocente lo que hace distinta a Berta Bernard o quizá la delicadeza que pone en todo lo que hace? «Supongo que si hay algo que me puede hacer distinta es que el contenido fotográfico de mi blog está muy cuidado. O que yo no me siento sólo bloguera, porque no hablo únicamente de moda sino que aporto más de «lifestyle», referencias, arte...»

Lo cierto es que, en los últimos años, también se han multiplicado los blogs con toda suerte de contenidos, incluidos los que, como el de Berta, son una especie de revista de estilo de vida. Y eso no quiere decir que todos funcionen. El de Berta sí. Como todo lo que toca, que se convierte en éxito. Algún secreto escondido debe tener un buen blog como el suyo: «El único secreto es que, más que hacer algo generalizado, hay que aportar lo que de verdad cada uno pueda tener de diferente, aquello en lo que sea bueno. Hay que hacer lo que a uno le guste y, eso sí, siendo lo más profesional posible. Con buenas fotos y buenos textos».

Primeros pasos

Me cuenta Berta que ella empezó cuando estaba en la Complutense estudiando periodismo. Al tiempo, tomaba clases de fotografía y comenzó a sacar instantáneas en la calle. Tres amigas que viajaban por Europa y traían ropa a España vendían tanto que decidieron mostrar los productos en un blog. Y en cuestión de semanas, empezaron a tener un montón de visitas. «A la gente le encantaba ver cómo nos quedaba la ropa antes de comprarla». Pero era tiempo de exámenes y sus compañeras decidieron dejar el blog. Berta, sin embargo, optó por quedarse con él y ampliarlo. «Y pasó de ser un blog donde exponíamos ropa que vendíamos, a convertirse en algo más periodístico. Utilizaba mis contactos para hacer entrevistas a quien me interesaba, iba a eventos... Y todo eso lo enseñaba en mi blog». Pero no de cualquier manera.

Las fotos de Berta tenían tanta calidad, sus textos estaban tan cuidados y su oferta era tan personal, que ese blog, entre millones, y la propia Berta, fueron convirtiéndose en referentes. Tanto, como para que el mismísimo Scott Schumman, el implacable prescriptor de tendencias de moda callejera, autor del blog más famoso del mundo, «The Sartorialist», se quedase prendado de la estilosa bloguera española en un evento en Madrid. «Me pidió mi teléfono y me dijo que me llamaría cuando volviera a la ciudad. Pensé que era lo típico, que no lo haría, pero de verdad me llamó...» Y no sólo eso, además seleccionó a Berta para colaborar con él en proyectos como uno de Loewe, ni más ni menos, en el que la nombró «global taste maker». «Eso me dio muchísima visibilidad internacional y fue un empuje profesional alucinante para mí, pero sobre todo personal».

Personal, porque Berta no habla de trabajo, habla de pasión. Cuenta que tardó bastante tiempo en cobrar, que trabajaba mucho e invertía todo con ilusión mientras los «followers» se iban multiplicando en el blog y en Instagram y la iban acercando a lo que es hoy: una «influencer» con 70.000 seguidores. Pero en el camino, no solo Schumman vio su potencial. También una de las grandes marcas internacionales la llamó de pronto para trabajar en Londres: «Fue increíble. Te juro que, además, Ralph Lauren era mi marca favorita. Recuerdo que estaba en el metro y entre el ruido y que aún no hablaba nada bien inglés, casi no entendía que me estaban diciendo que buscaban una persona con mi perfil porque les interesaba todo el tema digital. Era el mes de mayo y estaba de exámenes. No quería dejarlo todo e irme, así que decidí jugármela y decirles que no podría incorporarme hasta el 2 de julio. Para mi sorpresa me dijeron que no había problema y ese día estaba trabajando en Ralph Lauren».

A partir de ahí, el contenido del blog de Berta se agrandó, no solo por su trabajo en dicha marca, sino porque se empeñó en descubrir la ciudad en la que vivía para sus seguidores: «Hay que ponerse las pilas para saber qué recomendar y conocer todo al triple de velocidad porque las redes sociales son un fenómeno que va a toda pastilla y quien lo vive lo sabe. Hay que hacer mucho “research“ de sitios a donde ir para que toda la gente, que no tiene tiempo de indagar por su trabajo o porque no les apetece, se fíe de ti y de tus recomendaciones y vea que lo que les ofreces es útil e inspirador». Tan inspiradoras resultaron ser las recomendaciones de Berta Bernard que al poco tiempo la reclamaron del departamento digital de Aristocrazy, donde estuvo un año desarrollando su web e imagen de marca y la contrataron para varias firmas internacionales.

Le pregunto que cómo se atrevió a abandonar la seguridad de una marca tan prestigiosa como Ralph Lauren. «Es que me he dado cuenta de que nunca volveré a trabajar sólo para una gran empresa. Hace poco que estoy viviendo en Nueva York y trabajo para varias marcas a las que les llevo sus webs, y además estoy lanzando otro proyecto con un diseñador gráfico de Barcelona. Cosas variadas porque me encanta empezar proyectos y visualizar cómo puede ser algo desde cero y, a partir de ahí, darle forma. Ésa es mi pasión».

Personal e intransferible

Berta Bernard nació en Madrid en 1988. Está soltera y no tiene hijos. Se siente orgullosa «de haber logrado sueños a corto plazo». Se arrepiente «de no ser más constante y de haber dejado algún proyecto a medias». Perdona «absolutísimamente, no conozco el rencor, aunque olvidar a lo mejor me cuesta un poco más». Le hacen reír los amigos y llorar, muchas cosas. «Lloro una vez al mes. Te juro que la canción de Shakira es perfecta, porque es justo una vez al mes cuando me da un bajoncillo...» A una isla desierta se llevaría: «Mi mac, el cargador y mi cámara». Come y bebe de todo, «aunque nunca me acostumbré en Londres ni tampoco en Nueva York a que le pongan a todo jengibre». Es perfeccionista, acalorada, fuma alguna vez, de mayor le gustaría ser buena madre, buena amiga y buena hija, «y seguir en trabajos que me permitan ser libre, dueña de mi tiempo y aportar al mundo algo nuevo y creativo». Y si volviera a nacer le gustaría ser de otro continente. «Quizá asiática. Para ver la realidad desde otro punto de vista».