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El barberillo de Casemates

Gibraltar Cultural Services, que es exactamente lo que su nombre indica, ha lanzado un programa académico para acompañar la reciente representación de zarzuela del Teatro Lírico Andaluz en la Roca, un taller que tuvo lugar en el John Mackintosh Hall Theatre para acercar a los estudiantes llanitos a esta opereta endémicamente española: «El Peñón se apodera del género chico», resumió con ironía británica y gran dosis de pasmo el colega que me reenvió la nota de prensa bilingüe emitida con el membrete del Ministerio de Cultura, Medios de Comunicación, Juventud y Deportes de la colonia. «Impresionante», apostillaba sin asomo de exageración. El asunto está lejos de ser una anécdota cuando se encaran los últimos días de la cuenta atrás hacia el Brexit, lo que una banda heavy, llamada Europe de forma oportuna, cantaba en «The Final Countdown». La primera estrofa se remata con una pregunta para la que aún no hay respuesta: «¿Alguna vez volverán las cosas a ser lo mismo? (Will things ever be the same again?)» Pero, seguramente, podamos hallar consuelo a estos desencuentros en ciertas manifestaciones creativas que unen sin necesidad de que los responsables institucionales contaminen las relaciones humanas: quien dice la zarzuela, por qué no, puede acordarse también de los linenses que cruzan la frontera para proveerse de botellas de whiskey (con «e», como corresponde a la variedad Old Irish) Paddy o los súbditos de Su Graciosa Majestad que cenan en las exquisitas marisquerías ocultas por las naves del polígono industrial de Palmones. No existe burócrata bruselense ni Prime Minister cafre capaz de impedir los intercambios culturales –y eso incluye desde el poema más abstruso hasta una pachanga en la playa con piedras en lugar de postes– entre quienes desean perpetuar una buena vecindad.

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