Gordillo el pragmático

La Razón
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El alcalde de Marinaleda sigue al frente de la formación de izquierdas radical CUT, Candidatura de Unidad de los Trabajadores. Se decidió ayer, tal y como se preveía, en el IV Congreso que se celebró en Sevilla. CUT es una de las múltiples cabezas de Izquierda Unida, socio de gobierno del PSOE en el Ejecutivo andaluz que dirige Susana Díaz, la presidenta que la semana pasada se reunió con Botín para arrancarle un crédito de 500 millones de euros y que hoy compartirá otro acto con el presidente de Telefónica, César Alierta, para firmar un convenio de colaboración. CUT seguirá perteneciendo a Izquierda Unida porque así se decidió también en el mencionado cónclave. La plataforma revolucionaria de Gordillo que patrocina asaltos a fincas, promueve la insumisión judicial, apuesta por la secesión andaluza y se rodea –pudo comprobarse ayer– de simpatizantes nacionalistas y abertzales es más pragmática de lo que aparenta. Un pragmatismo sólo comparable a los escarceos del bipartito con los magnates del Ibex 35. La CUT quiere seguir siendo parte de Izquierda Unida para aprovechar su cartel mediático, aunque esté en contra del pacto con el PSOE –Gordillo no votó la investidura de Griñán en 2012–, la respuesta contra los procesos de corrupción que orbitan en torno al Palacio de San Telmo, los recortes sociales y las líneas económicas del bipartito. Quien sostiene esta postura es un colectivo de izquierdas que ayer levantó el puño blandiendo un espíritu idealista. ¿Ideales? la CUT de Gordillo y Cañamero es pura contradicción e hipocresía. Para que Gordillo y su grupo de camaradas fueran medianamente creíbles, lo primero que tendrían que hacer es apostar por la secesión de la CUT, no por la secesión andaluza. Y, hoy mismo, presentar una renuncia a los escaños parlamentarios conseguidos bajo el paraguas de Izquierda Unida.