Andalucía

«Indestructibles»: historias en una África de sueños, cultura y vida

El periodista Xavier Aldekoa reivindica aspectos del continente más allá del tópico de las tragedias que vive

El periodista Xavier Aldekoa reivindica aspectos del continente más allá del tópico de las tragedias que vive

Una niña oye por primera vez la radio y descubre que su sueño es ser cantante. Una historia aparentemente común, nada original, que sin embargo esconde un trasfondo social: ella vive en una aldea donde la electricidad no había llegado hasta ahora y ese avance cambia su vida actual, pero sobre todo modifica la concepción que se había hecho de sí misma. De creerse condenada a ser ama de casa, sin más opciones, de repente descubre que tiene aspiraciones. «Intento desde lo ordinario explicar lo extraordinario», cuenta Xavier Aldekoa sobre las vidas que relata en «Indestructibles», el libro que acaba de publicar retratando a personas cuya única cosa en común es pertenecer a un mismo continente: África. Esa circunstancia, sin embargo, les convierte a ojos del llamado «primer mundo» en sujetos homogéneos. Precisamente para diluir esa visión deformada escribe Aldecoa, corresponsal de La Vanguardia en un continente tan inabarcable como fascinante y que lleva recorriendo quince años. Sus próximas estaciones serán Congo, Eritrea, Etiopía y Mali. «Intento con mi trabajo ir más allá de la vida. Las cuestiones negativas de África hay que contarlas y denunciarlas: el hambre, las epidemias, el yihadismo... pero si solo nos quedamos ahí reducimos la dignidad de las personas a ese momento de dolor. Y todos los seres humanos somos más que eso», explica.

Su amplia experiencia le hace afirmar que «ver solo el África negativa nos define más a nosotros que a ellos. Es como si nos hubiéramos olvidado de que hay otra África con cultura, economía, deportes, tradiciones. Lo que tiene que ver con sueños, con nostalgias, con amor por los tuyos... en todo eso sí nos reconocemos. Si miramos la vida no somos tan diferentes».

«Para mí no es casualidad que ombligo y occidente empiecen por ‘o’ las dos. Nos miramos mucho el ombligo. África es muy cultural, la música y el arte siempre están presentes. ¿Cuántos ritmos actuales beben de los esclavos que llevaron a América? Hay muchas cosas que aprender de un continente que vive tan en sociedad y para quien la cultura es tan importante», reflexiona.

La clave, en su opinión, es aprender a mirar a las personas, más allá de sus heridas y sin descontextualizar las situaciones. «El contexto lo es todo. Un amigo estaba viendo un documental en Mali y él era el único blanco en el cine. Aparecía un judío en un campo de exterminio, con el uniforme de rayas que les ponían y todo el cine se puso a reír. Nosotros sabemos que esa imagen es terrible, no te puedes reír, pero si le quitas el contexto es solo un blanco hiperdelgado vestido de una manera ridícula. Eso es muchas veces lo que hacemos con África, quitarle todo el contexto», explica Aldecoa, que salta de un país a otro en busca de historias. Su principal dificultad, más allá de los peligros puntuales, es intentar que el color de su piel no inspire desconfianza. «Soy blanco y eso no me lo puedo quitar. Intentar anularlo o negarlo sería estúpido. Si le dedicas el tiempo suficiente a las historias, te cuentan más cosas y te acercas más a la realidad». Cita como ejemplo su último reportaje, para el que estuvo siguiendo a un grupo rebelde en la selva de Congo. A los niños soldado, cuenta, los trataban bien el primer día; al cuarto día, nadie se acordaba del periodista que estaba siendo testigo de todo y la realidad afloró en forma de maltrato hacia esos chavales. «El objetivo del periodista es no interferir en lo que está ocurriendo. Este es un mundo injusto, yo no enarbolo una espada con la que voy a cambiarlo. Simplemente intento explicar la complejidad de las situaciones, pero no para marcar un camino sino para abrir una ventana lo más amplia posible y decir: esto está pasando».