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Juan José Asenjo: «Un obispo tiene que ser de todos, no sólo de los que piensan o votan como yo»

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    / Manuel Olmedo
Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de febrero de 2018. 20:10h

Comentada
J. D. Márquez.  Sevilla. 14/2/2018

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Al arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, le inquietan los asuntos más cercanos, como la preparación de la Semana Santa, y otros que siguen marcando la actualidad del país. Habla claro –no tan alto, es la quinta entrevista de la mañana– sobre los cofrades, la pobreza e incluso el tema catalán.

–Hoy comienza la cuaresma, un tiempo para la reflexión y para «reciclar» el espíritu. ¿Los católicos sevillanos viven con hondura este periodo, más allá de la logística que supone la preparación de la Semana Santa?

–Es un tiempo de preparación de la logística de los pasos, los mantos, la candelería y todas esas cosas. También muchos cristianos sevillanos se toman muy en serio este tiempo no sólo de reflexión, sino de conversión, de tomar el pulso y la temperatura a nuestra vida cristiana y tratar de mejorar. Ninguno de nosotros somos tan buenos, tan generosos y tan fieles como cabría esperar. Todos necesitamos mejorar y convertirnos, teniendo como perspectiva el encuentro con el Señor.

–Dados los sucesos que ocurrieron en la Madrugada de 2017, salir de nazareno esta jornada o simplemente contemplar las cofradías supone correr riesgos. ¿Anima a la gente a salir a la calle este año?

–Pienso que con las medidas que ha arbitrado el ayuntamiento, el Cecop y el Consejo de Hermandades está garantizada la seguridad. Desde luego invito a los cofrades a participar en las estaciones de penitencia como nazarenos y a contemplar la Semana Santa en la calle.

–La carrera oficial el Martes Santo desde la Catedral hasta la Campana es una de las grandes novedades. ¿El Cabildo ha facilitado este cambio? ¿Cree que se debe seguir una misma fórmula, como hasta ahora ha venido ocurriendo, o pueden hacerse cambios cada día en función de las necesidades?

–Celebro que el Cabildo haya aceptado este cambio buscando el bien de las corporaciones del Martes Santo. Yo no tengo capacidad para juzgar si las demás deben acomodarse también a este esquema. Es un tema técnico que tienen que resolver las hermandades coordinadas por el Consejo. No es un tema que le incumba al arzobispo. Al arzobispo le importan, y tiene responsabilidad, las cuestiones relativas a la doctrina de la fe, a las costumbres y a la moral.

–Recientemente anunció una nueva coronación canónica. ¿Ha tenido ocasión de comprobar que estos actos son un revulsivo para las hermandades o cree que quedan en nada con el paso del tiempo?

–Yo he aprendido aquí una palabra: «arreón». Entiendo que estos actos son un estímulo, un empujón que dinamizan la vida cristiana de una corporación, de una parroquia o de un pueblo. Lo tengo comprobado. Las coronaciones canónicas encierran un interés pastoral. No son una diferenciación con otras hermandades o un timbre de gloria. Con estas iniciativas solemnes la vida cristiana se renueva.

–Sevilla tiene el dudoso honor de albergar tres de los barrios más pobres de España. ¿Qué papel juega la Iglesia en estas zonas especialmente desfavorecidas?

–La Iglesia está jugando un papel muy importante en la crisis, yo diría que trascendental. Si no fuera por las Cáritas parroquiales, por las obras sociales de los religiosos, sobre todo con menores, y por la implicación y compromiso de las hermandades habría habido un estallido social en Sevilla. Habría habido muchos miles de sevillanos que no habrían podido comer. Hemos hecho lo que hemos podido y seguimos haciendo lo que está en nuestras manos. ¿La solución a este problema? Los que más pueden hacer son las instancias responsables de la cosa pública, las autoridades, que son las que tienen poder de decisión y tienen también el dinero.

–¿Hay recursos suficientes para atender tanta demanda de ayuda?

–Hemos pagado facturas de agua, luz, alquileres, medicinas y hemos repartido muchos víveres. También hemos puesto en marcha cursos de formación para parados de larga duración, para no darles simplemente el pescado, sino también la caña para pescar.

–Ha pedido muchas veces por la unidad de España. ¿La Iglesia debería haber sido más clara en el tema catalán?

–La Iglesia ha sido clara. Soy miembro de la comisión permanente de la Conferencia Episcopal y publicamos una nota muy clara. Yo he dicho que la unidad de España es un valor no sólo histórico, sino moral, acrisolado a lo largo de cinco centurias. Un valor contra el que nadie tiene derecho a destruir, mellar o malbaratar. He pedido al Señor en muchas eucaristías que inspire a nuestros gobernantes sentimientos de generosidad, de amor a la verdad, altura de miras, búsqueda sincera de la paz, justicia, libertad y bien común de todos los ciudadanos. Y he hablado de patria. Rezar por la patria es un deber religioso. En ese parámetro ideológico se inscribe mi apelación a la unidad de España.

–¿Cree que un sacerdote o un obispo puede ser independentista?

–Personalmente pienso que no. Un obispo tiene que ser de todos, no sólo de los que piensan o votan como yo.

–Algunos presos vinculados al nacionalismo catalán han apelado a su condición de creyente para pedir su salida de la cárcel. ¿Reprocharía la utilización de este argumento?

–Respeto las manifestaciones en este sentido de algunos presos, pero no puedo utilizar mi condición de cristiano para obtener ventajas profesionales, económicas o de otro tipo.

–Una plataforma reclama a la Iglesia que devuelva a la ciudad la Giralda, el patio de los Naranjos y la Catedral. Teniendo en cuenta el precedente de Córdoba, ¿qué diría a sus miembros?

-Que me demuestren que hemos robado algo. Hemos usado un instrumento legal, un Real Decreto, para inscribir esos bienes. Lo hemos hecho porque van a ser mejor conservados.

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