Las grandes cocineras

En mi juventud recuerdo que en las casas de cierto nivel había cocineras. Solían ser «mujerucas» de algún pueblo a las que se les daba bien la cuestión de los fogones. Tenían la categoría social de la criada, que solía tener la misma procedencia. Estas cocineras también solían estar en tascas y restaurantes económicos. Eran objeto de cierta mofa en comedias y escritos. No era difícil escuchar en un teatro aquello de «la mujer del alcalde tiene un tipo de cocinera gallega que no se lo quita ni con todas las joyas de su suegra encima». Los hombres solían ejercer más este oficio en lugares públicos, donde generalmente las mujeres no pasaban de pinches. Con el paso del tiempo en los restaurantes empezaron a tener nombre propio. En principio los chefs, los cocineros, pero dándoles otro nivel. Con gran rapidez este oficio fue subiendo en la escala social y también les llegó el turno a las mujeres. En los medios se pasó de alguna referencia de poca importancia a convertirse en un género que inunda las cadenas televisivas y los periódicos. En 1964, TVE decide crear un programa de sobremesa dedicado a la cocina, como tantas veces la cadena acierta, escoge como presentadora a una mujer culta, biznieta del gran pintor Eduardo Rosales, licenciada en Bellas Artes y buena pintora. Elena Santoja fue la mujer que se decidió a dar el paso. Me consta que tuvo manos libres para hacer tan novedoso espacio para la época. Tanto es así que fue también Elena la que dio nombre al invento: «Con las manos en la masa». Incluso tuvo una banda sonora que se hizo muy popular. Su estribillo enmarcaba los créditos del programa: «Siempre que vuelves a casa, me pillas en la cocina». Sin duda Elena cambió definitivamente el prestigio social de la cocina, al tiempo que se convirtió en la madre de la multiplicación de los programas dedicados al género. Hoy la mujer ocupa un lugar de privilegio en un mundo tan exigente y creativo como el de la cocina. Es de justicia. Ahora que se acercan las navidades, todos recordamos a las madres, las abuelas, e incluso alguna tía que tenían muy buenas manos y creaban unas tradicionales cenas y almuerzos para toda la familia en los días grandes navideños. Cierto es que lo que se ha ganado por la mujer en los restaurantes se ha perdido algo en las casas.