Literatura

Andalucía

Libros de papel

Devoré como manjar exquisito «Sevilla en tiempos de Cervantes», de Caballero Bonald

Varios lectores apostados en la Plaza Nueva de Sevilla, donde se celebra anualmente la Feria del Libro
Varios lectores apostados en la Plaza Nueva de Sevilla, donde se celebra anualmente la Feria del Librolarazon

Devoré como manjar exquisito «Sevilla en tiempos de Cervantes», de Caballero Bonald

Así me gustan. Tienen vida propia, olores, paisajes, búsqueda... Por más que he intentado leer a través de la tablet, sobre todo en viajes, me ha sido imposible la concentración. Algún libro he desechado pensando que me era inabordable. Más tarde, al llegarme en su formato natural, resulta que me ha gustado. Hay cosas en que la edad cuenta. Por ejemplo, en el tiempo que tardas desde que te levantas hasta que sales de casa en un día de trabajo. Aquello que realizabas en 30 minutos, ahora no lo haces en menos de 80. En este caso prefiero este nuevo tiempo porque disfruto con el desayuno, el aseo, incluso escogiendo la ropa del día. En el caso de los libros también hay cambios. Había un tiempo que me leía todo lo que caía en las manos, sobre todo si era de lo que consideraba de obligado cumplimiento, aunque me costara sangre, sudor y sobre todo mucho aburrimiento. Ahora, si en la página 20 no he entrado en la historia, cerrado de páginas por derribo. En cuanto a la lectura de las últimas semanas, he disfrutado con «La isla de Alice», la cinematográfica novela de Sánchez Arévalo, finalista del Planeta 2015 y que por distintos motivos no había leído todavía. Devoré como manjar exquisito «Sevilla en tiempos de Cervantes» de Caballero Bonald, reeditada por las fundaciones José Manuel Lara y Cajasol con motivo del 400 aniversario de la muerte de Cervantes. De vez en cuando rescato un antiguo libro que recuerdo con interés. En esta ocasión fue «Las amistades particulares», del francés Roger Peyrefitte. Siempre un tanto maldito, añadamos que sus novelas en los 60 había que conseguirlas en ciertas librerías que traían desde Argentina novelas prohibidas. En el caso de este autor, no por problemas políticos, más bien de índole moral, a tener en cuenta la moral de la época. Decidí que, después de la bella pero desoladora novela del francés, era momento para volver al «best seller» que, por cierto, al contrario que otros, yo adoro. Así que cargué con «La legión perdida». Digo bien, un libro de mil páginas pesa lo suyo y, como no leas apoyado sobre una mesa, terminas con los brazos como si los hubieses sometido a una fuerte sesión de pesas. Santiago Posteguillo es un maestro en este tipo de literatura. Realiza un trabajo de documentación exhaustivo que te hace vivir las distintas situaciones con una riqueza de detalles única. Cuando ya había empezado la última entrega, sobre el emperador Trajano, sevillano de nacimiento, pensé que sería mejor para ponerme en situación releer «Circo máximo», la anterior entrega. Así que en esa lectura me hallo. Cuando Trajano y sus muchachos me ponen al borde del precipicio, recurro a un remedio infalible: releer un capítulo de «Santos varones», el divertidísimo libro de Tip. Ayer leí el capítulo dedicado a don Marbulio Flojasmonas Barburua, que comienza dando fe de que el infortunado señor murió heróicamente en una cacería de moscas, a consecuencia de un desprendimiento de hernia secular. Después de esto cualquier «hartazón» del mundo romano desaparece. Todo esto es para a animarles a disfrutar de las muchas ferias del libro que hay en Andalucía. Sin ir más lejos, los sevillanos la tienen en plena Plaza Nueva, con una oferta estupenda y con multitud de actos. Pasear por sus casetas, curiosear, ojear e incluso comprar un libro será una verdadera terapia para sus sentidos. Añadir que el pasado viernes supimos que Paloma Sánchez-Garnica ganó el Premio de Novela Fernando Lara, sin duda el más importante y mejor dotado de los que se producen en Andalucía . Como verán, siempre hay pendientes nuevas historias que nos hagan apasionarnos por los libros.