Manolo Summers, no recuerdo haberte olvidado

La familia del cineasta sevillano y profesionales del sector se reunieron en Sevilla para homenajearlo cuando se cumplen 25 años de su fallecimiento

La familia Summers, reunida para homenajear la figura del cineasta / Foto: Manuel Olmedo
La familia Summers, reunida para homenajear la figura del cineasta / Foto: Manuel Olmedo

La familia del cineasta sevillano y profesionales del sector se reunieron en Sevilla para homenajearlo cuando se cumplen 25 años de su fallecimiento

El Ateneo de Sevilla acogió ayer un emotivo acto en recuerdo de Manolo Summers que contó con la presencia de su viuda Consuelo Rodríguez y sus hijos Manolo, David y Lucía. Dirigido por el colaborador de LA RAZÓN Miguel Olid Suero, promotor de las actividades en recuerdo y reivindicación de la figura del cineasta sevillano, la cita central del programa sirvió para hacer balance de las casi cuarenta iniciativas realizadas a lo largo de 2018 para rendir un merecido tributo con motivo del 25º aniversario de su muerte.

Más de 150 profesionales del cine en Andalucía, algunos de ellos presentes junto a la familia Summers, firman el manifiesto que se difundió. «Es de justicia recordarle y reivindicar su importante aportación al cine español», recalca un documento en el que directores, actores, productores, distribuidores, exhibidores, críticos de cine, escritores cinematográficos, gestores y profesionales del cine loan la trayectoria de Manolo Summers. Formado en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, precursor de la Escuela Oficial de Cinematografía, Summers fue uno de los más destacados representantes del denominado Nuevo Cine Español que surgió a principios de los años 60. Tuvo un debut prometedor: con su primer largometraje, «Del rosa al amarillo» (1963), consiguió la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián entre otros premios y con su siguiente película, «La niña de luto» (1964), logró una Mención Especial del Jurado en el Festival de Cannes».

«Sufrió con extrema dureza los rigores de la censura –señala el escrito– a la que combatió como pudo y es que, como señaló el prestigioso crítico de cine José Luis Guarner, Summers ‘fue el primero en rebelarse de forma pública y sonada contra la censura’. (...) Summers conoció el amargo sabor del fracaso con películas como el documental 'Juguetes rotos' (1966), con el que se arruinó, o 'Me hace falta un bigote' (1986), rodada en blanco y negro, que fue una de sus últimas películas. No obstante, de los 20 largometrajes que dirigió, la mitad superó los 900.000 espectadores. Su mayor éxito fue 'Adiós, cigüeña, adiós' (1971), vista por 3.500.000 personas en España. En Francia estuvo más de 15 semanas en cartel, en Venezuela más de 20 y en Colombia su recaudación superó a la de 'La naranja mecánica' y 'El Padrino'. Asimismo se estrenó en Japón, Hong Kong, Taiwán, entre otros muchos países. Sus películas llegaron a Sudamérica, Escandinavia, Europa del Este, Canadá y Sudáfrica. Fue un hombre muy polifacético: además de director y guionista, coprodujo varias de sus películas y las de otros directores».

Proyecciones, conferencias, tertulias, mesas redondas, programas de radio y televisión, con presencia en festivales, filmotecas, muestras y universidades de Andalucía, Madrid y Segovia, han completado un año que ha servido para «sacar del olvido a Manolo Summers», como señala Miguel Olid. «El cine español tenía una deuda con él. Salvo dos películas, el resto es complicados verlas al no estar editadas en DVD. Hace poco la familia recuperó los derechos que pertenecían a una empresa francesa y ello ha permitido la proyección de películas no vistas con las que la gente ha disfrutado mucho y descubierto a un gran director, porque hemos buscado mucho el perfil joven». 25 años después, Summers sigue siendo un «referente» para otros directores por su sensibilidad y creatividad.