Nativel Preciado: «Nadie es perfecto, ni siquiera Albert Einstein»

“Un minuto de felicidad, uno de risa y uno de meditación te salvan el día”, señala la autora de “El Nobel y la corista”

La escritora y periodista Nativel Preciado / Foto: Manuel Olmedo
La escritora y periodista Nativel Preciado / Foto: Manuel Olmedo

“Un minuto de felicidad, uno de risa y uno de meditación te salvan el día”, señala la autora de “El Nobel y la corista”

La reciente Premio Princesa de Asturias de las Letras, Siri Hustvedt, dijo tras conocerse el galardón que «el feminismo es necesario porque la historia no ha acabado».

No ha acabado y no acabará nunca. El feminismo, y las mujeres de mi novela lo son, es recurrente porque creemos que hemos conseguido todo, nos descuidamos un poquito y nos vuelven a quitar los derechos supuestamente adquiridos. Muchas mujeres jóvenes se creen que han empezado ellas, pero en los años 20 hubo muchas que lucharon por su libertad y se liberaron de una manera escandalosa.

Hay pocos hombres que salgan bien parados en su libro, especialmente Albert Einstein y Alfonso XIII.

Cuento historias de Alfonso XIII porque cuando Einstein vino a España acababa de ganar el Nobel y le recibió, pero no tiene ningún punto de conexión con Einstein más allá de que le gusten las mujeres. Era un frívolo que no aportaba nada a la sociedad, solo le gustaban las mujeres, los coches y la caza y además era un pornógrafo, como es sabido. Einstein era un cerebro privilegiado que hizo grandes cosas por la humanidad pero tenía un lado oscuro, como todos los genios. Me da mucha curiosidad que un personaje tan admirable para mí no sea bondadoso en todos los órdenes de la vida. La culpa es nuestra por imaginárnoslo así.

¿La intención era ahondar en el debate sobre si se debe separar la faceta pública de la privada?

Siempre me ha llamado la atención esa idea de que te guste la obra de alguien sea lo que sea: Picasso me fascina, me encanta Simenon, me gustan las películas de Woody Allen, me entusiasma la trayectoria profesional y vital de Einstein... y resulta que todos dejan mucho que desear en la vida privada. Yo me sigo quedando con mis genios, pero no los quiero tener cerca.

Sigue compaginando su labor de periodista y escritora.

Como periodista he tenido la suerte de ejercer en una etapa extraordinaria, donde la profesión tenía un sentido muy claro de proyección hacia la sociedad.

Pertenece a aquella generación que fue abriendo puertas, ¿cómo ve la situación actual de las periodistas?

Cuando empecé había pocas, muy notables pero muy pocas, y ahora son mayoría. El único problema es que hay que romper eso que llaman el techo de cristal.

Estamos en un período convulso políticamente y se han abierto las instituciones a la ultaderecha en España. ¿Qué lectura hace?

No me asusta nada, sí lo que está pasando en Europa, me preocupa. Tenemos que quedarnos más con la esencia de las cosas y los momentos anecdóticos hay que dejarlos. Son tropiezos de la historia.

¿Los 24 diputados de Vox son anecdóticos?

No lo sé, es que no he analizado en absoluto ese fenómeno, me preocupan más otras cosas. La cotidianidad de la política me abruma un poco porque creo que hay que sobrevolar. El mensaje de las últimas elecciones es elocuente en un sentido: que los ciudadanos necesitan que todos se pongan de acuerdo para resolver los problemas porque un solo partido no es capaz de hacer nada. Los elegimos para eso, no para que sean más guapos, más de derechas o más de izquierdas. Eso es un clamor.

¿Suscribe la frase de Einstein que dice que «en los momentos de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento»?

Bueno, la imaginación te hace pensar más allá y te amplía los márgenes del conocimiento. Sí, la comparto absolutamente.

¿El día a día nos tapa esa salida? ¿Tenemos que ser más imaginativos?

El día tiene que tener muchos momentos y uno de ellos es pararte a pensar. Decía Borges que él se conformaba con un minuto de felicidad al día. Bueno, pues un minuto de felicidad, un minuto de risa y un minuto de meditación nos salva el día.

¿Y usted lo aplica?

A veces sí y a veces no (risas). Mire, nadie es perfecto, ni siquiera Einstein.

Alguna vez ha contado sus dificultades para dejar de fumar, ¿lo ha conseguido?

Sí, es uno de mis logros. Hice todos los métodos posibles.

¿Y el de no comprar tabaco?

Ese es el mejor. Al final lo único que funciona es tu cerebro, ese clic que te hace tomar conciencia. He hecho de todo: homeopatía, acupuntura, me trajeron raíces de la India, pastillas... y no lo conseguí hasta que dije: ¿qué estoy haciendo fumando como una loca? Se fumaba en todas partes, en los debates de Hermida aparecíamos todos fumando.

¿Esa época de sus inicios es tan bonita como parece?

No, idealizamos el pasado porque éramos jóvenes y lo recordamos con nostalgia. Ahora hay cosas muy bonitas que a mí me gustaría vivir plenamente. En esa época para hacer una entrevista tardaba tres o cuatro días en conseguir documentación, ir a la hemeroteca... y ahora haces clic y lo sabes todo.

O creemos que lo sabemos todo...

Bueno, hay un conocimiento inútil, que decía Jean François Revel, pero hay un conocimiento útil, que es ser capaces de seleccionar la brizna de oro de ese montón de basura que nos cuelan. Ese es nuestro oficio y nuestra gran responsabilidad. Ahora nuestra profesión tiene más sentido que antes, no es solo contar.