Olvido Macías: «Si tienes amor, hay esperanza»

La periodista presenta el gran reto de la adopción contado en primera persona

La periodista presenta el gran reto de la adopción contado en primera persona
La periodista presenta el gran reto de la adopción contado en primera persona

La periodista Olvido Macías estrena nuevo libro, «Vidas Unidas. 22 experiencias de familias adoptivas» (Lid), donde ha reunido los testimonios de los padres que un día se atrevieron a serlo de unos hijos que les habían «nacido» en el otro lado del mundo.

La periodista Olvido Macías estrena nuevo libro, «Vidas Unidas. 22 experiencias de familias adoptivas» (Lid), donde ha reunido los testimonios de los padres que un día se atrevieron a serlo de unos hijos que les habían «nacido» en el otro lado del mundo. La misma autora es madre de dos chicos chinos que no se parecen a ella pero tienen su misma sonrisa, como le dijo una vez el padre Ángel, de la organización Mensajeros de la Paz. Cuentan esta historia de valentía Anabel Díez, Jordi Sevilla, Pilar Cernuda, Pilar Rahola o Ángel Expósito, entre otros, en un libro prologado por Anne Igartiburu.

–¿Cómo llega a estas 22 historias?

–Pues después de un proceso muy largo, tras reunir los testimonios de muchas familias que a mí me interesaban personalmente para que me contaran sus historias. Se trata de unas familias y unos niños muy valientes, que se enfrentaron a otro mundo y que decidieron unir sus vidas en un momento dado. Hay una leyenda china que se llama «El hilo rojo», que cuenta que quien esté destinado a encontrarse, al final lo hará por muchas que sean las vueltas o los nudos que tenga el hilo. Me preocupaba mucho como madre adoptiva –tengo cuatro, de los cuales dos son biológicos– la postadopción, porque en la primera fase tenemos mucha información de los países, nos dan charlas en las asociaciones que se encargan de los trámites, pero luego pasa lo mismo que en el postparto, del que hay menos información. Pues resulta que ahí es donde tenemos más problemas porque hay muchas cosas que desconocemos en casi todos los ámbitos que influyen en el hijo y no había nada escrito.

–Porque no es fácil contar cómo se integra un niño así en su vida.

–Bueno, también me impulsó a hacerlo el sobrecogedor libro de la escritora china Xinran «Las hijas del Yang-Tsé», en el que explica por qué se abandonan a las niñas en China en el que siempre hay algo evocador, porque las madres biológicas se preguntan siempre qué habrá sido de sus hijas. Siempre hay preguntas y respuestas simbólicas presentándoles cómo son nuestros niños, cómo hemos sufrido embarazos burocráticos, exámenes de nuestra economía, análisis de nuestra capacidad mental, etc.

–¿Cambia mucho la visión de la adopción una vez que se cierran las puertas de casa y comienza la vida real?

–En mi casa no cambió mucho porque adoptamos a nuestra hija Vera Jin con 11 meses y como todos los niños que vienen de los orfanatos no son nada expresivos, sólo para llorar y sólo cuando ya llevaba algunos días con nosotros. Tenía una infección tremenda en los oídos y no se quejaba porque ellos se acostumbran a que nadie los va a atender si no pueden. Era muy calladita, apenas daba ruido, aunque después se espabiló y comía como cualquier bebé. En cuanto al niño, que lo adoptamos hace seis años, cuando él tenía cinco y medio, la situación fue muy buena aunque al principio le parecía todo muy raro. Cuando íbamos toda la familia por la calle siempre iba delante o detrás de nosotros, nunca en el grupo. La psicóloga nos dijo que tenía un miedo tremendo a ser abandonado. Hablamos de un niño con el paladar abierto y con el labio leporino que sufrió varias operaciones y tuvo cuatro familias antes de llegar a nosotros.

–¿Quiénes son más valientes, los niños o los padres?

–Los niños por supuesto, porque los padres llevamos una preparación y somos los que decidimos que queremos tener uno. Ellos se encuentran en un orfanato, no saben cómo ni por qué han llegado allí y un día les dicen que va a tener unos padres. A lo mejor les enseñan una foto y el niño dice vale, pero se tiene que enfrentar a un mundo distinto porque hablamos de adopción internacional. Es tan brutal el choque que tienen que sufrir los pobrecitos pero es tal las ganas que tienen de aferrarse a un cariño y a una familia diferente, que su evolución es rápida y tremenda.

–¿Es verdad que como dice Pilar Cernuda, en el libro es la mejor decisión?

–Absolutamente. Yo soy madre biológica y adoptiva, pero te aseguro que no puedo comparar las dos experiencias, aunque es cierto que en la adopción tú vives un embarazo burocrático, pero lo positivo es que esa fase se vive de una manera muy especial. Cuando fui a adoptar a mi hija Vera, estaba embarazada, con tan mala suerte que perdí a ese bebé a los siete meses de embarazo. Afortunadamente me supuso un plus de vida en un momento muy duro.

–Al final son ellos los que más ayudan a los padres.

–Creo que siempre ser padres es entregarse, porque alguien quiere que les des tu amor incondicional. Los niños son los que nos eligen en cierta forma. En China, el centro de adopción busca alguna similitud entre los padres adoptivos y el niño que ellos les asignan. Es muy curioso, si a un padre le gusta tocar el piano le buscan un pequeño que tenga unas cualidades innatas para la música.

–¿Se ha atrevido a ver, después de adoptar a su hija china, el documental «Las habitaciones de la muerte»?

–Si te digo la verdad, nunca lo vi hasta después de muchos años, aunque ése fue el punto de partida de muchos padres para adoptar en China. Cuando lo he visto, me ha parecido tremendo. Es muy duro. Mi hija tuvo que estar seguramente atada, porque aunque era capaz de ponerse erguida en la cama no podía utilizar sus manos para jugar. Le llevamos una muñeca pequeña a China como regalo, pero ella la miraba con desinterés y no era capaz de cogerla con las manos. ¡Qué diferencia de un niño que crías desde pequeño que siempre está pataleando y moviéndose...! Siempre nos dicen que el dinero que los padres dan de donativo en los orfanatos se vuelca en ellos. Mi hijo Diego vino muy bien de salud y bien operado.

–¿Éste es un libro de desahogo o de esperanza?

–Bueno, si tienes amor hay esperanza y está claro que en los momentos más difíciles los padres dicen que quieren seguir luchando. Es un libro de esperanza porque se habla desde muchas perspectivas. Y es un libro de testimonios para conocer la realidad.