Segundo domingo de campaña

Es raro, pero parece que lleváramos de campaña electoral media vida. Lo dijo tanto Susana Díaz, que tampoco dejó de asegurar que agotaría hasta el final su legislatura, que al final parece que va a ser verdad que desde hace varios meses se preparaba este 2-D. El ser humano, hasta en las circunstancias peores, se acostumbra a la regularidad de los días, a la molocie intelectual de los discursos, de las frases hechas. En los lugares comunes habita lo peor de las promesas y los reproches, hogares perfectos para aumentar el ensimismamiento de una sociedad civil que asiste a la escenificación de los políticos en un sopor, en una hipnosis inevitable. Pese a las redes, pese al cabreo, pese la continua queja desde el móvil, la losa del apocamiento andaluz sigue intacta.

Por delante de nuestros ojos ya les hemos visto realizar toda suerte de estrambóticos momentos para convencernos de que gracias a sus iniciativas viviremos mejor. Antonio Maíllo y Teresa Rodríguez probando pimientos dentro de unos asépticos trajes blancos, la presidenta –en una interpretación muy parecida a la de la nocturna tarotista Esperanza Gracia– se presenta en su vídeo de campaña bajo el lema «Soy Susana, tú me conoces» para lanzar una frase enigmática al final: «Ayúdame a dar ese salto adelante que mereces». ¿Qué quiere decir exactamente? «Ayúdame a dar ese salto adelante que mereces». Mientras tanto, Juanma Moreno acaricia una vaca en Añora, se hace la lengua un lío y termina diciendo que últimamente se parece a Rajoy.

Pequeñeces necesarias, casi cómicas, comparadas con la llegada del presidente del Gobierno a Cuba. En 1986 lo hizo Felipe González por última vez y el momento elegido no podría ser menos oportuno en plena crisis diplomática con el Reino Unido, que con Bruselas cierra a espaldas de España el futuro de las relaciones gubernamentales con Gibraltar cuando se lleva a cabo el «Brexit». Sánchez, al que se le ha visto desganado mientras pasaba revista a las tropas revolucionarias, ha sacado pecho. Se puso chulo desde el Caribe tras sentarse a conversar con Miguel Díaz-Canel y anunció que vetará el acuerdo, pero Theresa May en el Parlamento Británico dejó claro que defendería la «soberanía británica» del peñón y que se lo dijo por teléfono a Sánchez. Pocas bromas con Londres cuando se trata de intereses financieros y territoriales aunque la división en las Islas Británicas sea importante. Le va mucho a la comunidad andaluza el qué y cómo de lo que salga del acuerdo con la UE, porque la roca es mucho más que la protagonista de un eslogan rancio y el hogar de los monos que según la tradición mantienen a la corona británica. Sin embargo, la negociación llega en el delicado momento de la campaña electoral, espacio que Sánchez debería haber utilizado para explicar qué va a pasar con este territorio británico incrustado en la provincia de Cádiz, pero ya le dijo Díaz a Sánchez que el problema era él. Se lo ha tomado tan a pecho que se ha marchado a La Habana para mantener el perfil bajo para que no reste más votos al PSOE. Un partido que acaba de saber en sus propias carnes cómo se las gasta la nueva forma de hacer política que se ha instalado en nuestra democracia. Al final, ya en tierra propia, se ponen los pies en la realidad para dar el «yes» a los británicos.

Podemos y las expectativas en Cádiz

En el reportaje que ayer publicó este periódico, la compañera Noelia Acedo se acerca a las interioridades del Cádiz donde cuenta las horas para el final del partido de José María González «Kichi». Aunque lo escribió Burgos, aquello no es La Habana –donde sí hay presos políticos–, pero la desafección a Podemos ha hecho mella entre el electorado gaditano. No se han cumplido las expectativas, no cayó el maná del cielo cuando Teófila Martínez salió del Ayuntamiento, ni se dieron los pisos gratis y los contratos de trabajo tampoco se han dejado ver. Al contrario, se ha defendido hasta que los barcos de guerra, que es lo que es una corbeta, se tienen que construir los compre quien los compre porque si no se vuelve a cortar el puente y a salir en los informativos con la pancarta del «Astilleros no se cierra».

Cuando el sueño se acaba, la realidad se impone. Juan Marín asegura que los andaluces saben que Cs son «gente de fiar» en la entrevista concedida a LA RAZÓN. «En 2015 no me conocía ni el 3%, hoy hay sondeos que hablan del 65%», se explaya el sanluqueño, que hasta llegar a la conclusión de que su partido es «gente de fiar» ha tenido que pagar la cuota de varias formaciones del hampa político: Alianza Popular, el Partido Andalucista y Ciudadanos Independientes de Sanlúcar, formación que permitió que en su pueblo gobernara el PSOE. Pese a ello, no dejan de repetir el eslogan que mejor les ha valido: «Nosotros queremos cambiar la forma de gobernar» y vaticina que si hay posibilidades acabarán con 40 años de socialismo. Claro. La nueva política ya asoma la patita, como pudo verse en el mitin que reventó un grupo de taxistas. De tanto hablar del populismo, del fascismo, del totalitarismo, del oportunismo, de tanto hablar, no nos hemos dado cuenta de que el huevo de la serpiente se ha roto para que el reptil habite entre nosotros.