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Sin alma

Ciertos empresarios del siglo XXI adosan el epíteto «salvaje» a conceptos nobles como «capitalismo»

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Ciertos empresarios del siglo XXI adosan el epíteto «salvaje» a conceptos nobles como «capitalismo»

El referente de economía liberal y europeísta, valga la redundancia, de la hora, Luis Garicano, nos ilustraba en una reciente charla sobre la mala prensa de un término al que sus enemigos han ganado la batalla semántica. «Se confunde liberal con neoliberal y de ahí se salta al concepto de ‘neocon’ que, en realidad, es lo más antiliberal que hay, con su obsesión por el proteccionismo. Pero eso se da en los medios de comunicación, donde el debate se tiende a simplificar. Lo que es realmente grave es que en ámbitos académicos se acepte la desregulación como uno de los postulados del liberalismo cuando es todo lo contrario. La primera premisa liberal es el estricto sometimiento de todos los actores, por igual, a las leyes». Ciertos empresarios del siglo XXI, que navegan de lo analfabeto a lo golfo, adosan el epíteto «salvaje» a conceptos nobles como «capitalismo». Algunos sustantivos se pudren con la adjetivación, el ejemplo canónico es «democracia». Así le ocurre a nuestro sistema económico en cuanto concurre ese matiz asilvestrado, esa ignorancia dolosa del factor humano imprescindible para la mutación del trabajador en número. Aquí, digo aquí mismo, estamos cada vez menos, lo que puede que constituya una buena noticia para los desalmados (literalmente: sin alma) que habiten su universo paralelo de balances contables. Para las personas, calificación que engloba sobre todo a eso que se da en llamar «clientela» y que en este sector concreto denominamos «lectores», es un pequeño drama porque todo va a ser peor a partir de ahora. Los de este lado vamos a echar de menos a los que faltan, seguro; pero usted, ¿queda alguien ahí?, los van a añorar mucho más. Tanto que, ay, es posible que su ausencia pese tanto que los disuada de gastarse el euro y pico de cada día. Que no nos enteramos.