Suelas quemadas por los padres que crecen sin hijos

Luis (i) y Ángel, en los primeros metros de su viaje reivindicativo
Luis (i) y Ángel, en los primeros metros de su viaje reivindicativo

Tienen siete días y 530 kilómetros de asfalto por delante. Y también 55 y 68 años, una ceguera parcial y un derrame cerebral a sus espaldas. Así que han iniciado una marcha a pie que culminarán haciendo autoestop. No pueden entregar todas sus fuerzas en esta parada porque el camino hacia la custodia compartida es largo: la distancia entre su casa en Sevilla y el despacho del ministro Alberto Ruiz-Gallardón es el menor escollo que se encontrarán en su lucha por crecer acompañados de sus hijos.

Ángel Galdo y Luis Barriga se han hecho compañeros del viaje de la vida. Luis ve a su pequeño de diez años dos días a la semana y fines de semana alternos, después de criarlo mientras su mujer trabajaba. Tiene una pensión de 525 euros –«la mitad de lo que ella gana», puntualiza–, de los que 170 son para manutención. En Navidad fue la última vez que acudió al hospital por una agresión de su esposa; antes había hecho frente a cuatro denuncias contra él por maltrato que el juez archivó. Reclama una cosa, exactamente la misma leyenda que luce en su camiseta reflectante: «custodia compartida YA!!!».

La hija de Ángel lo «obliga» a no abandonar. «Me pidió que no la dejara sola», recuerda emocionado. Su caso es distinto: «Ella tiene dieciséis años y ahora tiene opinión», aunque la juez, según relata, se negó a escucharla en el juicio, que se repetirá por esa razón el próximo miércoles. Durante diez años, un acuerdo le permitió gozar de facto de la custodia compartida. Él cree que el cambio de actitud de la madre fue económico. «Es el negocio de género. Ella quiere mi casa, le he hecho una oferta de 60.000 euros, que rechazó», lamenta, porque su objetivo es que su hija la herede. Entretanto, asume la hipoteca más el 40% de su pensión por la minusvalía visual.

Los dos cargan con la responsabilidad de recabar apoyos en los municipios que atraviesen para la iniciativa legislativa popular (ILP), aprobada por el Congreso, en favor de la custodia compartida. Tienen seis meses y Ángel ya se plantea «batir el récord nacional de recogida de firmas». Hacen sus primeros pasos emocionados y confiados en el éxito de su marcha, que secunda la iniciada el pasado día 10 por José Lago, un joven que partió de Bilbao y la próxima semana tiene cita con el ministro de Justicia. «Esto se va a ganar porque la mayoría de los estudios aseguran que la custodia compartida es lo mejor para los niños, el 70 por ciento de la sociedad está a favor», defiende Ángel. «Tenemos la razón, sabemos que vamos a vencer, pero no cuándo», sentencia.

En la carrera hacia la meta, estos padres despojados de sus hijos disfrutan de pequeñas victorias. En Andújar los recibe hoy el alcalde, que contribuye a la causa proporcionándoles ducha y cama. Tienen otros círculos rojos en su mapa: Bailén, Valdepeñas y Toledo. Irán recabando adeptos en el «chiringuito» que llevan plegado en la mochila. Ahí no les caben los amigos que han hecho en medio de la «masacre moral» que viven. Inmaculada Ocaña, presidenta de la Asociación de Víctimas de la Ley de Violencia de Género (Avilegem), es una de ellas. Ayer les dio un buen empujón moral, que por gestos como ése les sobra. «Hay un montón de gente dispuesta a recogernos en cualquier momento», concluyen orgullosos.