Alegría en Castilla y León por la elección de Argüello como secretario general de la CEE

El obispo auxiliar de Valladolid, respetado y querido, se caracteriza por su cercanía y capacidad de trabajo

Monseñor Argüello, nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal Española, durante su pregón de la Semana Santa de Valladolid
Monseñor Argüello, nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal Española, durante su pregón de la Semana Santa de Valladolid

La elección para los próximos cinco años del obispo auxiliar de Valladolid, Luis Argüello, como secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE) en sustitución de José María Gil Tamayo, obispo electo de Ávila, ha sido acogida con alegría y entusiasmo en todos los ámbitos de la sociedad castellano y leonesa.

Y es que de Monseñor Argüello, destacan su cercanía con la gente y capacidad de trabajo, de diálogo y de escucha a los demás, así como su fuerte compromiso social con los que menos tienen e implicación con la clase obrera.

El religioso palentino de Meneses de Campos accede a esta nueva responsabilidad tras más de treinta años como sacerdote en la Diócesis de Valladolid, donde ha desempeñado numerosos cargos, como vicario episcopal de la ciudad, rector del Seminario Diocesano o delegado de Pastoral Vocacional, antes de ser nombrado por el Papa Francisco en 2016 obispo auxiliar de la Archidiócesis de Valladolid. Será, además, la primera vez en la historia en la que coincidan dos obispos de una misma Diócesis al frente del órgano rector de los obispos, ya que el presidente es el Ricardo Blázquez, cardenal arzobispo de Valladolid.

Querido y respetado en toda España, Luis Argüello es, también, una persona muy cercana al Papa Francisco, especialmente en su visión de una Iglesia humilde y sobre todo misionera al servicio de los más necesitados.

Algo que el prelado suele recordar siempre que tiene ocasión durante sus intervenciones públicas. Como por ejemplo hizo durante el pregón que daba de la Semana Santa vallisoletana el último día de marzo de 2017, que no dejaba indiferente a nadie por su alto contenido social y apoyo a los refugiados que huían de la guerra de Siria principalmente, en las fronteras de la Europa de la Unión. Un duro y emotivo discurso en el que el obispo auxiliar de Valladolid cargaba contra el «muro de soberbia» que enfrenta a los seres humanos y reclamaba no olvidar la mala muerte de muchos hombres por hambrunas, por las guerras e incluso en los hogares.

«Ya no nos impresionan muchas de las imágenes de cuerpos esqueléticos por el hambre; es más, nos parecen casi inevitables y algo con lo que hay que contar», era uno de las denuncias que hacía en el pregón, con el que llamaba la atención acerca de la indiferencia social hacia los pobres y la miseria, y gritaba por un progreso humano e integral «que no deje tiradas a las personas».

Entre sus desafíos en estos cinco años al frente de la Secretaría General de la CEE se encuentra arrimar el hombro en el paso del Estado del Bienestar actual a lo que él llama la sociedad de los cuidados. También estar vigilante ante la posibilidad de una nueva reforma educativa y dar respuesta a la pérdida de feligreses. Y todo ello sin renunciar, dice, a su cercanía con el pueblo de Dios que peregrina en Valladolid.