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El desbroce en los bosques permite reducir el riesgo de incendios forestales en un 80% en Castilla y León

Así se demuestra a través de un proyecto europeo realizado en la Comunidad a lo largo de los últimos tres años

  • Proyecto europeo EnerbioScrub para estudiar el impacto que el desbroce puede tener sobre el suelo
    Proyecto europeo EnerbioScrub para estudiar el impacto que el desbroce puede tener sobre el suelo / Ical
Valladoid.

Tiempo de lectura 4 min.

07 de julio de 2018. 20:38h

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S. Gallo/Ical.  Valladoid. 8/7/2018

Con la temporada de riesgo elevado de incendios recién inaugurada, el fuego se convierte en una preocupación creciente cada año y en el foco de muchas miradas en busca de soluciones que permitan atajarlo y reducirlo.

El proyecto europeo EnerbioScrub, que se ha desarrollado en diferentes puntos de la geografía autonómica, ha estudiado el impacto que el desbroce puede tener sobre el suelo, así como los efectos en la biodiversidad y en la reducción del riesgo de incendios, y ha concluido que este puede disminuir entre un 70 y un 80 por ciento en los dos primeros años de desbroces.

Esta efectividad es posible alcanzarla atendiendo a una serie de parámetros favorables, como podría ser la longitud en llama, la velocidad de propagación y el calor por unidad de área, aspectos que resultan «muy técnicos» pero que sumados todos ellos podrían favorecer la reducción «muchísimo» del riesgo de incendios forestales.

El proyecto, que dio sus primeros pasos en 2014, ha estado enfocado al uso de diferentes tipos de tecnología y maquinaria para acometer desbroces y aprovechar la biomasa, aminorando los efectos asociados al cambio climático y el riesgo de incendios mediante el aprovechamiento energético de masas de alta inflamabilidad. Castilla y León es una zona que cuenta con abundancia de brezales, jarales o escobas en sus montes, que se dejaban en el propio terreno después de su desbroce, algo que ahora está cambiando y se está destinando a biomasa.

Los recursos de biomasa se han transformado en pellets o en astillas para calderas, y se han llevado a cabo ensayos, no solo de campo, sino sobre la manera de sacar y transportar los materiales a las zonas de utilización. El programa ha recurrido a cuatro lugares con diferentes aplicaciones de biomasa y capacidades para el suministro y uso de biocombustibles: una fábrica de pellets en Galicia, una planta de bioelectricidad en Garray (Soria), y dos redes de calefacción en Fabero (León) y Las Navas del Marqués (Soria).

La casuística es «diferente» en cada zona, pero mayoritariamente se ha trabajado en pastizales, al ser zonas «muy representativas de distintas especies». Mientras que en Ávila proliferan diferentes variedades de escobas, en Soria hay mucha jara o estepa, en Fabero (León) y en Zamora hay mucho brezo. Son los matorrales «representativos», además del tojo en Galicia, y que se estimó que eran los matorrales «más potentes» atendiendo a la cantidad de biomasa por hectárea.

El científico titular del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), Luis Saúl Esteban, explicó a Ical que no se desbroza todo, sino que se desarrollan «mosaicos de vegetación» que resultan «muy apropiados» para la fauna, además de que se trata de una actuación en la que el riesgo de incendios «se reduce muchísimo».

De la misma manera, se regenera el pastizal sin necesidad de tener que quemar el suelo, y es posible la obtención de biomasa que después de utiliza como combustible renovable. El seguimiento se ha desarrollado durante los tres años posteriores a los desbroces, el matorral «se regenera» y es posible asegurar que, dependiendo de las especies «en diez o 15 años se puede volver a desbrozar para utilizarlos otra vez» como biomasa.

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