Pisos de acogida, un alivio ante el dolor

Más de 200 personas se beneficiaron en 2012 de los cuatro hogares para enfermos y familiares de Castilla y León

En muchas ocasiones coinciden varias familias en los pisos de acogida, algo que suele fomentar la amistad y la colaboración mutua
En muchas ocasiones coinciden varias familias en los pisos de acogida, algo que suele fomentar la amistad y la colaboración mutua

Castilla y León cuenta con cuatro pisos de acogida para enfermos y familiares. En Valladolid, Burgos y Salamanca, gestionados por la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), y en León, por la Asociación de Lucha contra la Leucemia y Enfermedades de la Sangre (Alcles) en León. Hogares que, ante todo, suponen un alivio por el respiro que da al familiar o acompañante disponer de un lugar donde descansar y desconectar del estrés, así como del trance doloroso que supone tener un ser querido enfermo y hospitalizado.

Pero estos pisos son también un consuelo económico para las familias, ya que la estancia en estos pisos no les cuesta dinero a los inquilinos. Hay que tener en cuenta que a estas viviendas acuden personas y familias de cualquier punto de España a las que les supondría un serio problema tener que costearse una estancia en un hotel, apartamento u hostal durante ya no solo meses, como son muchos de los casos, sino incluso un solo día. Hogares que hacen que el cuidado del familiar enfermo sea mucho más fácil y llevadero así como de calidad. Donde el respeto, la colaboración y la solidaridad son la seña de identidad.

El pasado año, los cuatro pisos de nuestra Comunidad acogieron a más de doscientas personas y familias. En el hogar de Alcles, por ejemplo, fueron 26 las que pasaron por el piso con un total de 556 pernoctaciones. El piso estuvo siempre ocupado el año pasado, con personas que llegaron a estar varios meses e incluso con varias familias que convivieron juntas un tiempo en este acogedor hogar, que dispone de seis camas, un salón con sofá cama y una cocina amplia y bien equipada. Personas a las que se les presta apoyo psicosocial de la mano de voluntarios que les ayudan a llevar a cabo cualquier actividad cotidiana. Como puede ser coger un autobús hasta el hospital para estar con su familiar enfermo, algo que para estas personas no es tan fácil, puesto que la mayoría son de fuera de la ciudad y no la conocen, o su ánimo y su cabeza no están en ese momento para estas cosas.

«Gracias a este piso estoy viva»

A los usuarios de estos pisos de acogida les faltan los adjetivos y las palabras para destacar la importante labor que allí se realiza, sobre todo, porque son momentos muy dolorosos para ellos. «Gracias a este piso estoy viva», dice Odila Vilorio Cordero, mujer de 81 años que vive en el municipio leonés de Saludes de Castroponte, a 60 kilómetros de León, y que no duda en reconocer que el haber usado el piso de Alcles en León, le ha cambiado la vida. Ahora sigue utilizándolo cada cuatro meses cuando tiene que volver a la capital a revisiones de una úlcera sangrante de estómago de la que ya está recuperada, pero en cuya operación llegaron a quitarle hasta tres partes del estómago. Odila recuerda con agrado cuando entró por vez primera al piso: «estaba todo recogido y a estrenar», dice, mientras destaca, sobre todo, el trato recibido por la gente de Alcles, con la que mantiene una relación muy estrecha.

Otro caso es el de Juan García Belmonte y su mujer Rosalía Gaspar Mula, vecinos de la localidad albaceteña de Almansa. La enfermedad de Rosalía, un melanoma ocular, llevó a esta pareja de 47 y 45 años, respectivamente, a tener que desplazarse hasta Valladolid, para que Rosalía fuera atendida en el Hospital Clínico Universitario, referente en Europa en la lucha contra este cáncer en el ojo. Mientras trataban a su mujer, Juan estuvo viviendo en el piso de acogida que la AECC tiene en Valladolid. «Son momentos muy duros. Llenos de incertidumbre. No conoces la ciudad. No sabes los días que vas a estar. Los gastos... Pero cuando me enteré de este piso y llegamos allí por vez primera el impacto fue agradable», explica Juan , mientras recuerda lo arreglado y limpio que estaba el piso, así como las experiencias que compartió con otras familias con las que convivió durante seis noches. «Te sientes arropado, como en una familia, y te ayuda bastante a salir adelante y afrontar el problema».