Adriá Alsina: «Me hubiera quedado en el Palau de la Generalitat a defender la independencia»

El candidato al consistorio barcelonés critica la gestión que hizo el Govern de la declaración de independencia entre el 1-O y el 27-O y aspira a la alcaldía con el objetivo de desplegar la República desde la capital catalana

Dejó hace unas semanas su cargo en la dirección de la ANC para embarcarse, «por convicción», en las primarias independentistas para ser alcalde de Barcelona. El proceso de elección auspiciado por la ANC tiene el objetivo de forjar listas separatistas unitarias en las elecciones municipales.

Adrià Alsina dejó hace unas semanas su cargo en la dirección de la ANC para embarcarse, «por convicción», en las primarias independentistas para ser alcalde de Barcelona. El proceso de elección auspiciado por la ANC tiene el objetivo de forjar listas separatistas unitarias en las elecciones municipales.

–¿Qué recepción está teniendo entre las bases este proceso de primarias?

–Ya estamos alrededor de 30.000 inscritos y aspiramos llegar a los 50.000.

–Usted asegura que irá en serio. ¿Puigdemont y el anterior Govern no fue en serio?

–Es evidente que antes del 1-O parte del Govern veía el referéndum como una forma de presionar al Gobierno, una estrategia para llegar a un tipo de negociación, algo que es legitimo pero considero que se debería haber explicado a la ciudadanía. Buena parte de la desconfianza proviene ahora precisamente de no haber sido demasiado claros en esta cuestión.

–Es decir, no iban en serio.

–El propio Puigdemont ha reconocido que se equivocaron el 10 de octubre cuando suspendió la declaración de independencia. Todo lo que pasó desde el 1-O hasta el 27-O se gestionó mal y por eso se fracasó en el objetivo.

–¿Qué hubiera cambiado usted entre el 10 de octubre y el 27-O?

–De hecho, yo la hubiera declarado el día 3, que era lo que dictaba la Ley del Referéndum. Al final tengo claro que si prometes una cosa y después no la haces, pierdes credibilidad. Y perder credibilidad ante un Estado tan poderoso y agresivo como el español es letal para conseguir alguna cosa. Entre el 1-O y el 10-O el independentismo pierde una parte de credibilidad que había acumulado durante muchos años por no saber gestionar bien el poder. El independentismo político gestiona muy bien la batalla democrática y se gana; pero no entra a jugar la batalla del poder o conflicto de soberanía. La sensación que queda es que no somos de fiar, y a quien no es de fiar se le puede reprimir sin vergüenza porque finalmente no hay respuesta seria.

–Tras el 27-O, ¿se hubiera marchado a Bruselas o se hubiera quedado defendiendo la República?

–Yo creo que entre el 3 y el 10 de octubre se debería haber declarado la independencia y que la única manera de conseguir un resultado positivo ya fuese la negociación o la independencia era defender la DUI. Demostrar que la declaración te la tomabas en serio. No hacia falta tener estructuras de Estado preparadas para defender el Palau de la Generalitat o defender las instituciones catalanas.

–Es decir, ¿no se hubiera marchado?

–No. Pero tampoco habría hecho lo que Junqueras. Lo que yo creo que se debería de haber hecho era quedarse en el Palau y defender la institución y la declaración de independencia.

–Usted promete que va a encabezar la implementación de la República si es alcalde. ¿Cómo se traduce esto en acciones concretas?

–Si soy alcalde el 1-O no dejaría que la Guardia Civil y la Policía Nacional salgan del puerto. También, la gracia de la figura de alcalde es que es una figura mucho más reforzada que la de presidente de la Generalitat. Es una figura preconstitucional, no le afecta el 155, se puede poner delante de una gran movilización que fuerce la situación como en octubre. Si tuviera mayoría absoluta, me legitimaría para poner en marcha la República.

–¿Qué significaría concretamente poner en marcha la República?

–Tomar el control del territorio desde la alcaldía.

–¿Está Barcelona ahora peor que hace cuatro años cuando Colau tomó las riendas?

Yo creo que sí. Barcelona está en situación de emergencia: de un lado hay una inercia muy positiva proveniente de la propia ciudad, gente y empresas; y hay un Ayuntamiento que lo único que hace es ponerse en contra de su propia gente. Transmite miedo a los ciudadanos, a los visitantes y a los que se quieren instalar en Barcelona.

–En este sentido, ¿cómo afrontaría usted el turismo o la seguridad?

–En relación al turismo, creo que hay que actuar en dos líneas: favorecer aquellos establecimientos que si quieren subir en calidad y favorecer un incremento de salarios dentro del turismo mediante un convenio colectivo por Barcelona, y atraer turismo que no solo quiere playa o fiesta, sino que quiera implicarse. Con respecto a la seguridad yo propongo una elección directa del jefe de la Guàrdia Urbana y un debate con proyectos para evitar alcaldadas como la supresión de los antidisturbios.