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Dignidad y justicia

Barcelona.

Tiempo de lectura 2 min.

09 de junio de 2019. 21:08h

Comentada
José María Fuster-Fabra.  Barcelona. 9/6/2019

Lamento que pueda parecer pedante, pero sería tremendamente injusto sino escribiese este artículo porque tuve el inmenso honor de que el miércoles pasado en la Escuela de Guerra me impusieran la Medalla de Dignidad y Justicia con Distintivo de Plata, ni más ni menos que una de las cabezas jurídicas por las que más respeto siento, el Ilmo. Sr. Don José Ramón Navarro Presidente de la Audiencia Nacional. Las víctimas del terrorismo son un colectivo plural y cada una reacciona a su manera, hay quien legítimamente se refugia en el silencio y el dolor y hay quien como Daniel Portero da un paso al frente, como el explicó sobre la Bandera de España puesta en el sillón donde trabajaba su padre asesinado por ETA, se juramentó seguir luchando, así lo hizo fundando Dignidad y Justicia y así lo sigue haciendo tratando de esclarecer todos los crímenes que aun no han sido resueltos. Ya he explicado muchas veces que servidor tiene la hoguera de las vanidades más que cubiertas, pero cuando te premia una víctima del terrorismo por tu trabajo con ellos, como cuando lo hacen los miembros de Fuerzas y Seguridad o de las Fuerzas Armadas el orgullo se funde con el agradecimiento y la idea de que mis hijos siempre recordaran que su padre mejor o peor hizo cuanto pudo por una justa causa.

Creo que ese reconocimiento se encarnó en mí, pero era para ese grupo de abogados que en los momentos más difíciles y complicados dimos un paso al frente, que tan pronto nos íbamos a Cuba o República Dominicana a localizar etarras como nos enfrentábamos a ellos en la Audiencia Nacional o subíamos al País Vasco a defender guardia civiles, entonces no había supuestos expertos ni extraños mediadores de conflictos, solo podíamos recurrir a Juanan que intentaba como podía coordinar al grupo de abogados más variopinto diferente, y probablemente inconsciente que haya existido jamás. Gracias Daniel.

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