¿Dónde está «Piolín», el barco emblema del 1-O?

El barco regresó a la Toscana tras su polémica «participación» en el referendum ilegal. Dos años después, y cercano a la jubilación, cubre una ruta turística entre Roma y Cerdeña

El ferry «Moby Dada» llegó al Puerto de Barcelona el 21 de septiembre de 2017 y estuvo allí 57 días
El ferry «Moby Dada» llegó al Puerto de Barcelona el 21 de septiembre de 2017 y estuvo allí 57 días

El barco regresó a la Toscana tras su polémica «participación» en el referendum ilegal. Dos años después, y cercano a la jubilación, cubre una ruta turística entre Roma y Cerdeña.

Fue el protagonista inesperado de un momento crítico en la Historia de España. En medio del órdago independentista del referéndum ilegal del 1-O, que este lunes cumplió dos años, apareció Piolín. Pocos esperaban que este mítico pájaro amarillo de los Looney Tunes estampado en uno de los barcos que el Ministerio del Interior alquiló dentro de la «operación Copérnico» para alojar a centenares de miembros de las Fuerzas de Seguridad, se convirtiera en la sensación. Fue objeto de mofa, de críticas, de ingeniosos «memes» en las redes sociales y la pesadilla del millar de agentes que fueron alojados en sus camarotes durante su traslado temporal a la Ciudad Condal. Allí estuvo varado durante 57 días y fue testigo del caos que golpeó a Barcelona el fatídico 1-O. Es más, numerosos radicales se desplazaban a diario hasta las inmediaciones del puerto para hacer escraches a los policías y los guardias civiles que se encontraban en el interior. Algunos, recuerdan a día de hoy, que «pegar ojo» aquellos días era imposible. Pero, ¿qué fue de aquel ferry que el Gobierno alquiló por 5,5 millones de euros? ¿En qué aguas navega ahora el «Moby Dada», su nombre oficial? Tras su marcha el 16 de noviembre, el «Piolín» puso rumbo al Puerto de Piombino, en la Toscana. Allí pasó una temporada hasta que fue puesto a punto de nuevo para poder ser utilizado como ferry mixto, es decir, que transporta tanto pasajeros como carga. Tuvo que realizarse una importante labor de limpieza ya que es un barco que no es utilizado para acoger durante tanto tiempo a pasajeros. Normalmente hace travesías de un día y, como mucho, los turistas se hospedan (en condiciones normales) una noche o dos en los camarotes. Pronto comenzó a operar en la ruta de Nápoles-Cagliari y ahora cubre la línea Civitavecchia-Cagliari. De hecho, «celebró» el segundo aniversario del 1-O en el Puerto de Civitavecchia, una ciudad italiana situada en provincia de Roma, en la región del Lacio, a unos 80 kilómetros al noroeste de la capital italiana. «Desafortunadamente, «Moby Dada» no estará operativo durante el resto del año, hay otras alternativas como el «Moby Aki», que hace rutas similares, pero «Dada» tan solo está en funcionamiento durante los picos de turistas en temporada de vacaciones», explican a este diario desde la compañía que opera el ferry y que cuenta con una veintena de barcos. Sin embargo, la empresa se reserva la información sobre el estado del «Piolín», que fue construido en 1981 y no aclara si a partir de marzo del año que viene volverá a navegar.

«escraches» en el puerto

Según expertos navieros consultados, en lo que hay que fijarse es en la «obra viva» de los barcos, es decir, la parte que queda por debajo del agua. La «obra muerta», lo que queda por encima, no es importante. En la parte inferior debe comprobarse que «no hay fatigas en el material ni osmosis», matizan. «Lo que valoran las compañías es a cuanto les sale la milla navegada, es decir lo que gaste. Un barco se jubila cuando su coste por milla fuera muy elevado», agregan. ¿Y qué ocurrirá con el «Moby Dada» cuando deje de ser útil? Se desguazará. «Hay que tener cuidado porque los que son muy antiguos suelen llevar materiales contaminantes. En Europa lo que se hace, lamentablemente es enviarse a países como la India que son más laxos con el tratamiento de materiales contaminantes. Aquí son más exigentes y cuesta mucho el proceso de reciclaje», explica un marinero a este diario. Según la compañía del «Piolín», a este barco «emblema» del 1-O todavía le queda recorrido, eso sí, ya alejado de polémicas y controversias como las que recibió en Barcelona. Lejos quedan las críticas que recibió el entonces ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, por haber elegido este ferry para alojar a miembros de la Unidad de Intervención Policial (UIP) y los guardias civiles que fueron destinados a Barcelona para velar por la seguridad de los ciudadanos en un momento de tanta crispación. Para todos fue un «shock» al comprobar que la embarcación tenía impresa en la cubierta la imagen del personaje de la Warner, acompañado por el Pato Lucas y Silvestre. Es más, la compañía estadounidense de los dibujos animados exigió que se ocultara la imagen y así, una lona cubrió el exterior del ferry. No querían que se relacionara a los Looney Tunes con la guerra secesionista de los catalanes radicales. Inicialmente trataron de que se cambiara la embarcación, pero el Ministerio tenía un contrato con la naviera que no se podía romper. Un contrato que en principio era hasta el día 5 de octubre, pero que se podía alargar en función de las necesidades como ocurrió finalmente. Y es que Moby Line, la empresa que actualmente opera con «Moby Dada», es internacionalmente conocida por llevar grabados a los personajes de Warner tras un acuerdo con la productora en 2003. «Nadie se esperaba que nos fueran a alojar en un barco de este tipo, fue fruto de la improvisación después de que nos acosaran en los hoteles que nos alojábamos», recuerda uno de los agentes que estuvo en «el Piolín». Recuerda aquello como una absoluta pesadilla. «Nos querían meter inicialmente a cuatro agentes en un camarote, al final conseguimos que fueran dos. Y la comida... madre mía aquello era terrible. Pasta todos los días durante dos meses», recuerda. Es más, no tenían tiempo libre porque cuando no estaban en turno, prácticamente no podían salir del muelle. «Nos cambiaron de ubicación en el puerto porque había barcos que nos hacían escraches y tocaban el claxon por la noche para no dejarnos dormir», recuerda este policía. Otro compañero relata que, además, la limpieza «brillaba por su ausencia» y que el personal de la tripulación «no era nada agradable». «Al regresar de unos días que nos dieron para visitar a nuestros familiares no había nada de lo que habíamos dejado en el camarote. Fue terrible. ¡Ah! E imagínate cómo olían los baños, que eran como los de los aviones. Teníamos que tender la ropa en los pasillos. Aquello fue un desastre», añade. Aún así, aseguran que «por España, volveríamos al ‘‘Piolín’’, eso sí, espero que nuestros superiores aprendieran de los errores». De momento, el «Moby Dada» seguirá en Italia alejado de la polémica.