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El efecto de ETA en el arte

La Fundació Tàpies reflexiona sobre los efectos del terrorismo en la obra de varios autores.

La Fundació Tàpies reflexiona sobre los efectos del terrorismo en la obra de varios autores.

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La Fundación Tàpies muestra en la exposición «Tratado de paz. 1989. Después de las Conversaciones de Argel. Delirio y tregua» los efectos del terrorismo de ETA sobre la historia reciente del arte y la producción cultural. Esta exposición, que ya fue exhibida hace unos meses en el Museo Atrium de Vitoria, es uno de los casos de estudio de «Tratado de paz», comisariado por Pedro G. Romero y patrocinado por Telefónica, uno de los proyectos centrales de San Sebastián 2016 Capital Europea de la Cultura.

La muestra, comisariada por Carles Guerra, director de la Fundación Tàpies, presenta un centenar de obras, imágenes, objetos y documentos cuyo significado se ha visto alterado por los efectos del terrorismo en un período especialmente violento para la historia de Euskadi. Entre los artistas representados se encuentran Jorge Oteiza, Joan Miró, Néstor Basterretxea, José Gutiérrez Solana, Eduardo Chillida, Luis Claramunt, Jeff Koons, Allan Sekula, Ibon Aranberri, Eduardo Nave, Jon Mikel Euba, Asier Pérez, Xavier Ribas, Iñaki Garmendia o el propio Tàpies, del que se muestra su cuadro «A la memoria de Salvador Puig Antich».

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Guerra explicó que «esta exposición toma como punto de partida el “cese definitivo de la actividad armada” de ETA en 2011, un momento a partir del cual se puede empezar a debatir la ausencia de una iconografía de la paz».

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Entre los objetos destaca una cinta de casete fechada en 1976 que en su exterior muestra una anotación añadida en el archivo-biblioteca de los padres benedictinos de Lazkao (Guipúzcoa), donde está depositada. La inscripción advierte de que se trata de una grabación realizada por algún comando de ETA, pero que los primeros minutos presentan un largo silencio para que, en caso de que la cinta cayera en manos de la Policía, pareciese una cinta virgen sin contenido alguno.

También se puede ver el USB recibido el 20 de octubre de 2011 en la redacción del diario «Berria» que recoge el anuncio del cese definitivo de la actividad armada de ETA, publicado al día siguiente en el mismo diario, «único símbolo de paz».

A su alrededor se exhibe «Peinture sur fond blanc pour la céllule d’un solitaire» (1968), de Miró, pintada poco antes del que se considera el primer atentado de ETA, en el que murió el guardia civil José Antonio Pardines; el retrato de Miguel de Unamuno pintado en 1936 por José Gutiérrez Solana, y que ha estado colgado en el despacho del ministro de Cultura hasta fecha muy reciente en que fue retirado y sustituido por un cuadro abstracto.

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Esta exposición se abre al mismo tiempo que una nueva presentación de la colección de Antoni Tàpies centrada en la década 1966-1976, «un momento en el que la obra de Tàpies adquirió un tono social y político», con obras de finales de los 60 y durante los 70 que hacían referencia a la realidad de España bajo el franquismo. En esta muestra destaca la pintura «El espíritu catalán» (1971), una pieza procedente de la colección del Museo Universidad de Navarra y que se expone por primera vez en la Fundación, una obra que es emblema del compromiso político del artista.

DÓNDE: Fundació Tàpies. Aragó, 255. Barcelona

CUÁNDO: Hasta el 15 de enero.