Imágenes para luchar contra la norma

La Virreina presenta su programación para 2018 con ejes como la disidencia, la revisión de la historia de la fotografía y la arquitectura

La relación entre flamenco y arquitectura será el eje de la primera gran exposición
La relación entre flamenco y arquitectura será el eje de la primera gran exposición

La Virreina presenta su programación para 2018 con ejes como la disidencia, la revisión de la historia de la fotografía y la arquitectura.

En Santiago de Chile, los sábados de junio son muy fríos, pero nunca tanto como aquel verano de 1964. La señora Böttner iba acompañada de su hijo pequeño por el centro de la ciudad. Quería comprarle un abrigo a su marido. Cuando estaban a punto de entrar en unos conocidos grandes almacenes, la señora Böttner vio a un grupo de vagabundos tirados en el suelo. Inmediatamente, apretó fuerte la mano del pequeño y lo acercó a los pies de aquellos hombres. «Quiero que recuerdes esto para el resto de tu vida», exclamó la madre con vehemencia, «La vida es dura. El día en que te encuentre entre vagabundos, te juro que ese día dejaré de ser tu madre». El niño se quedó estupefacto. Nunca lo olvidó y su madre siempre fue su madre.

Tres años después, aquel niño jugaba en la calle cuando vio que del cielo caía unas plumas, las más hermosas que había visto nunca. El niño creyó ver entonces el nido de donde prevenía y decidió escalar un pilón eléctrico para tocarlo. Nunca supo lo que ocurrió después, salvo que sufrió una gran descarga eléctrica y caía violentamente al suelo. Los médicos no pudieron hacer nada por salvarle los brazos, que tuvieron que amputar a la altura de los hombros. Ese día puede decirse que murió Ernst Lorenz Böttner y resurgió algo más grande que acabaría por bautizarse a sí misma Lorenza Böttner.

El niño viajó con sus padres a Alemania, de donde su familia era originariamente, donde tuvo que sufrir muchas operaciones sin ningún resultado. Algunos médicos lo dejaron como un desperfecto desechable y lo internaron en los llamados centros de los «niños del Contergan», que eran los hijos que habían sufrido deformaciones en sus miembros a causa de un somnífero que sus madres habían tomado durante su embarazo. Pero Lorenza Böttner había interiorizado el discurso de su madre, la vida era para luchar, no para arrastrarse.

Siempre rechazó llevar brazos ortopédicos y en la Escuela de arte de Kassel empezó a estudiar danza y pintura, que realizaba con la boca y los pies. En su proyecto de graduación ya sorprendió a propios y extraños con un trabajo en que cuestionaba el término de discapacidad. Rechazaba que le considerasen un «freak» y empezó a recopilar la historia de los artistas que no utilizaron sus manos. Sus obras performáticas, bailando mientras pintaba sus lienzos, abrieron nuevas vías a las ideas de des-subjetivación, des-sexualización, , internamiento e invisibilización a los que son sometidos los cuerpos con diversidad fundional y transgénero.

En 1988, Lorenza se instalaba en Barcelona y entraba dentro del círculo artístico de Mariscal. El padre de Cobi la utilizó como modelo para diseñar a Petra, la mascota de los Juegos Paralímpicos de Barcelona. En la ceremonia de inauguración, Loranza era quién llevaba el traje de la mascota, atando para siempre su hitoria con la de la ciudad. La artista moriría sólo dos años después debido a complicaciones por el sida, pero su vida y su obra merece no olvidarse nunca.

De Kassel a Barcelona

La Virreina Centre de la Imatge acogerá en su nueva programación una exposición para recordar la figura de Lorenza Böttner. Hace dos años su obra ya protagonizó la Documenta de Kassel y ahora se presenta su mayor retrospectiva hasta la fecha. Bajo el título «Lorenza Böttner. Rèquiem per la norma», la muestra es una coproducción con la Württembergischer Kunstverein de Stuttgart. La cita será a partirdel próximo 5 de octubre. «La verdad es que me convertí en artista por accidente. Lo que yo quería era bailar», recordaba Lorenza al valorar su trayectoria.

La disidencia, la historia de la fotografía y la arquitectura son los tres ejes sobre los que pivotará la programación de La Virreina Centre de la Imatge en 2018, que reunirá 13 exposiciones. En el 50 aniversario del mayo del 68 se quiere incidir en las políticas de la imagen. Dentro de este motivo se sitúa la exposición de Natalie Bookchin, artista pionera en el ámbito de la cultura digital. Además se presentará la muestra «Raquel Friera. One Year Women’s Performance 2015-2016», sobre la invisibilidad de las amas de casa y las cuidadoras.

Entre el resto de exposiciones destacan las dedicadas a la historia del movimiento LGTBi; al trabajo del realizador, Kikol Grau, autor de una pentalogía sobre el punk en España, y proyectos de las artistas Mar Arza y Duen Xara Sacchi. Además, se repasará la historia de la fotografía creativa en Cataluña de 1973 a 1982. Y la gran exposición colectiva será la titulada «Máquinas de vivir. Flamenco y arquitectura en la ocupación y desocupación de espacios», una coproducción entre La Virreina y el Centro Cibeles de Madrid que incluirá obras de Le COrbusier, Lorca, Moholy-Nagy, Guy Deborg u Ocaña, entre otros.