Mas deja paso «in extremis» a Puigdemont y acelera el proceso

Artur Mas saluda al alcalde de Gerona, Carles Puigdemont a su llegada a la sede de CDC.
Artur Mas saluda al alcalde de Gerona, Carles Puigdemont a su llegada a la sede de CDC.

Puigdemont, que fue número tres de JxSí por Gerona, será investido presidente de la Generalitat

Las agónicas conversaciones entre CDC, ERC y la CUP para alcanzar un pacto de investidura concluyeron ayer, sobre la bocina, con un sorprendente final. Cuando faltaban menos de 48 horas para que se convocaran de forma automática unas nuevas elecciones, Artur Mas acabó por hincar la rodilla y renunciar a la presidencia de la Generalitat, dejando el cargo en manos del alcalde de Gerona, Carles Puigdemont, que fue número tres de Junts pel Sí en su demarcación el 27-S y que será investido esta misma tarde en el Parlament. Mas, un consumado experto en el arte de la negociación in extremis, no se retira de la política, sino que se queda a los mandos de Convergència –y de su refundación– a la espera de una nueva oportunidad para volver a la arena electoral.

Aunque el veto de la CUP obligó a Mas a retirarse finalmente como president, el líder soberanista puso a resguardo a su partido, CDC, al que evitará el trance de concurrir a unas nuevas elecciones en marzo, que, probablemente, habría perdido a manos de ERC. No pueden extrañar, por tanto, las imágenes de su llegada, mediada la tarde de ayer, a la sede de CDC. Aclamado, Mas recibió los abrazos de todos los pesos pesados de su partido.

«La decisión que tomo es dar un paso al lado y no presentarme como candidato de Junts pel Sí a la reelección en el Parlament. Quiero dejar claro que es una decisión que tiene un componente doloroso, pero estoy muy tranquilo. Estoy muy convencido de lo que estoy haciendo. En los próximos días se verán con toda claridad los beneficios de esta decisión para el país y para el proyecto», afirmó Mas en una comparecencia en el Palau de la Generalitat a las 18:00 horas.

El pacto entre CDC, ERC y la CUP se alcanzó a mediodía, justamente el límite que se habían fijado todas las partes para sellar un acuerdo. Supone también una factura para el partido anticapitalista, que deberá materializar la dimisión de dos de sus parlamentarios para dejar paso a otros dos. Además, dos de los diez diputados de su grupo se incorporarán a la dinámica de Junts pel Sí para garantizar la estabilidad del bloque independentista. Según la CUP, no se trata de una maniobra de transfuguismo, sino de «un paso al lado» para poder impulsar el proceso con garantías. «Lo que las urnas no nos han dado directamente ahora se ha corregido en las negociaciones», explicó, gráficamente, el propio Mas.

Mas se apartó subrayando sin sonrojo todos sus méritos en este proceso y, en concreto, su falta de apego por la poltrona. «Mas no quiere cargos. Tan digno es ser presidente como ex presidente», dijo de sí mismo, en tercera persona, después de explicar que había rechazado las ofertas para formar parte del futuro gobierno de Cataluña. «Hay bastante gente que no me conoce. Seguramente ahora me conocerán mejor», dijo, a mayor gloria desde la sala Torres Garcia, donde estuvo acompañado de su mujer.

No quedó claro, sin embargo, si Mas renunciará o no a su acta de diputado en el Parlament, al que, dijo, está dispuesto a seguir sirviendo. Perderla, en todo caso, sería tanto como perder su condición de aforado en pleno proceso judicial por su papel en la organización del 9-N.

El líder de CDC quiso preservar tanto como pudo su dignidad, muy maltrecha después de varias semanas de verse zarandeado, y enfatizó que la decisión de entregar el testigo al alcalde de Gerona es suya y no le ha venido impuesta. «La persona que yo propongo para ser presidente de la Generalitat es el actual alcalde de Girona y presidente de la AMI, Carles Puigdemont, persona vinculada a Convergència, al municipalismo, y que tiene muy claro el proyecto de país. El acuerdo permitirá acelerar el proceso de «desconexión» que trazaron en su día CDC, ERC y las entidades independentistas, y que la CUP apoya».

Pánico a las urnas

Tras conocer el pacto, el presidente del grupo parlamentario del PP catalán, Xavier García Albiol, consideró que el acuerdo es «una victoria de la CUP». Para contrarrestarlo, pidió un gobierno «fuerte» en España. «Hoy más que nunca España necesita un gobierno fuerte con capacidad para responder al desafío separatista del nuevo gobierno de Cataluña», dijo Albiol.

La líder de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, consideró que Junts Pel Sí «anula» a la CUP. «Es la constatación de un fracaso, de Artur Mas, del proyecto político de JxSí, y de que sólo quieren tener tiempo para alargar la agonía de Convergència», aseguró Arrimadas.

Finalmente, el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, calificó de «espectáculo» el acuerdo alcanzado entre Junts pel Sí y la CUP y denunció que «se ha subastado la presidencia en un intento de CDC de ganar tiempo». Para Iceta, la presidencia de Mas ha estado marcada por fracturas, por una hoja de ruta equivocada y una lectura errónea del resultado electoral, pero dijo que van a esperar al debate de investidura de esta tarde para que el candidato pueda aclarar aspectos «oscuros» de este acuerdo.

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