La larga sombra del «procés» impide acercar posturas en la Mesa del Diálogo

JxCat relativiza el sentido de la reunión y carga contra el PSC por su complicidad en la aplicación del 155

Poco hace pensar que la Mesa de Diálogo vaya a tener una larga continuidad y, mucho menos, un futuro próspero. De los siete partidos con representación parlamentaria, tres se descolgaron ya ayer de la primera cita.

Poco hace pensar que la Mesa de Diálogo vaya a tener una larga continuidad y, mucho menos, un futuro próspero. De los siete partidos con representación parlamentaria, tres se descolgaron ya ayer de la primera cita. Un cuarto, JxCat, asistió, aunque expresó evidentes dudas sobre el sentido de este tipo de encuentros en el contexto actual y no mostró ningún entusiasmo. El encuentro, convocado por Quim Torra al límite del plazo como guiño al PSC –los socialistas fueron los que propusieron la reunión para tratar de romper la dinámica de bloques surgida en el «procés» y crear un espacio para el diálogo y acercar a todas las fuerzas políticas–, solo logró la participación de JxCat, ERC y los «comunes», además de los socialistas catalanes, y acabó sin un solo acuerdo, más allá del tímido compromiso adquirido por todos los grupos de seguir manteniendo encuentros. El clima de la reunión fue cordial según constataron todos los presentes, aunque en las valoraciones posteriores planearon los reproches entre algunas fuerzas.

En este sentido, JxCat fue el partido que empleó un tono más duro y exhibió mayor incomodidad tras la cita. El portavoz, Albert Batet, arrancó su comparecencia de prensa con un dardo dirigido al PSC, cuando lamentó que no hubiera sido capaz de «haber convencido a sus socios del tripartito del 155», en alusión a C's y PP, para que acudieran a la cumbre y afeó al líder socialista, Miquel Iceta, que no se comprometiera a no volver a intervenir la autonomía. Algo en lo que coincidió con el Govern, cuya portavoz, Elsa Artadi, además mostró cierta frialdad sobre este tipo de encuentros y afirmó que el «reto más importante» del ejecutivo catalán pasa ahora por una cumbre con el Gobierno para resolver el conflicto, cuya salida pasa únicamente por aceptar el derecho de autodeterminación. «El acuerdo ha sido mínimo de mínimos», aseveró Batet, palabras que prácticamente calcó posteriormente Artadi. Ambos, además de situar como eje central de sus propuestas la autodeterminación, pusieron énfasis sobre la situación judicial de los líderes independentistas, lo que llevó al dirigente de JxCat a plantear incluso un próximo encuentro en el centro penitenciario de Lledoners para que pueda estar presente el presidente del grupo parlamentario, Jordi Sánchez –o liberarle–. «Hay que sentar unas bases sobre los hechos objetivos», afirmó Artadi, y aseguró que mientras haya presos, «no habrá igualdad de condiciones para emprender un diálogo efectivo».

ERC, sin embargo, salió del encuentro con otra perspectiva y empleó otros términos para valorarla. Según destacó su portavoz, Sergi Sabrià, la reunión fue «positiva», aunque constató las «grandes diferencias». Para los republicanos, el encuentro es un «buen punto de partida» y expresó la voluntad de avanzar «en los grandes consensos de país», a pesar de que manifestó el firme posicionamiento por alcanzar la independencia.

En una línea similar se expresó Iceta, que reclamó dirimir el conflicto político a través de la política y aparcar la vía judicial, aunque, naturalmente expresó su rechazo a la autodeterminación y planteó una reforma del Estatut. Confió en que la salida estatutaria pueda acabar concitando a la mayoría de dos tercios del Parlament que afirmó necesarias.

Finalmente, los «comunes» también dirigieron algún dardo contra el Govern, al que acusaron de no dar respuestas sobre su rumbo. En cualquier caso, volvieron a insistir en que el derecho a decidir es su solución para salir de la crisis.