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La Llotja: un edificio que se convirtió en un símbolo de la cultura española

El lugar que acoge hoy la reunión del Consejo de Ministros fue el escenario del inicio de la carrera de Picasso.

  • El edificio acoge en su segunda planta la sede de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi
    El edificio acoge en su segunda planta la sede de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi
Barcelona.

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21 de diciembre de 2018. 03:21h

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Víctor Fernández.  Barcelona. 21/12/2018

Hoy es el día. Hoy tendrá lugar la reunión del Consejo de Ministros en Barcelona que, como todo el mundo sabe, se realizará en la Llotja del Mar. Si revisamos la historia del edificio y sus alrededores veremos que, sin buscarlo el Gobierno, se encuentra en un punto de encuentro de lo que ha sido lo mejor de la cultura de todos los tiempos. El edificio, que ha albergado al Consulado del Mar y a la Real Junta Particular de Comercio de Barcelona, entre otras instituciones, es en la actualidad sede de la Cámara de Comercio de Barcelona, además de albergar a la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi. El edificio actual fue remodelado entre 1774 y 1802 siguiendo un proyecto de remodelación de Joan Soler i Faneca que fue concluido por los arquitectos Tomàs Soler i Ferrer —hijo de Soler Faneca— y Joan Fàbregas.

Sin saberlo, el Gobierno estará hoy rodeados de algunas sombras fundamentales de nuestra cultura: Picasso, Cervantes y Lorca.

En una de las plantas de la Llotja, en su segundo piso, es donde se inició una de las carreras más importantes del mundo del arte de todos los tiempos. Fue aquí donde en 1895 empezó a dar clases de pintura un malagueño José Ruiz Blasco. Junto con él, como alumno, se encontraba su hijo, un joven muchacho llamado Pablo Ruiz Picasso. Fue aquí donde el hombre que renovó el arte del siglo XX realizó una serie de academias, en su mayoría hoy conservadas en el museo barcelonés que lleva el nombre del artista. Aquí Picasso conoció a algunos de sus mejores amigos, como Manuel Pallarés o Carles Casagemas, además de coincidir justo frente a la Llotja con Jaume Sabartés, quien se convirtió en su secretario. A escasos metros del edificio, en la calle de la Plata, aunque hoy ninguna placa lo recuerde, instaló Picasso su primer estudio, el lugar en el que pintó su primera gran tela, «Ciencia y caridad».

Casi al lado de la calle de la Plata, en el número 2 del paseo de Colón, muy cerca de la Llotja, tenemos otro símbolo. Se trata de la casa en la que, según la tradición, en su tercer piso vivió Miguel de Cervantes. Pero además de alojar al gran escritor, en esa estancia parece más que probable se escribiera algunas de las páginas de la segunda parte de «Don Quijote de la Mancha». No se puede olvidar que Barcelona es la única ciudad que con su verdadero nombre aparece en el libro que recoge las andanzas de Alonso Quijano y su escudero Sancho Panza. Martí de Riquer sospechaba que desde la ventana de esta finca, Cervantes imaginó el duelo final entre don Quijote y el Caballero de la Blanca Luna.

Al otro lado de la Llotja, en el paseo de Isabel II, nos encontramos con uno de los restaurantes que forman parte de la historia de la capital catalana. Es el 7 Portes. De aquí se fue Picasso sin pagar la factura, algo que sí hicieron Gabriel García Márquez, Rafael Alberti o Luis G. Berlanga. Aquí leyó Federico García Lorca, en noviembre de 1935, los entonces inéditos versos de su libro «Poeta en Nueva York».

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