Mas implora su apoyo a Junqueras y amenaza con nuevas elecciones

Josep Rull conversa con Artur Mas durante el Comité Eejcutivo de CDC que se celebró ayer en Barcelona en medio de las críticas a Mas por su reunión con la CUP
Josep Rull conversa con Artur Mas durante el Comité Eejcutivo de CDC que se celebró ayer en Barcelona en medio de las críticas a Mas por su reunión con la CUP

Propuso al líder de ERC la vicepresidencia y las consejerías importantes a cambio de lograr el apoyo de la CUP.

Una petición desesperada de apoyo al líder de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras, para lograr su investidura. Y una cesión ante los críticos de Convergència para pactar un respaldo a la hoja de ruta soberanista sin ser votada. Éstos son los últimos pasos dados por Artur Mas en esta cuenta atrás para su investidura como nuevo presidente de la Generalitat, aún encallada. El primero se produjo la noche del pasado domingo, cuando Mas mantuvo una larga conversación telefónica con Junqueras para invocar una estrategia que permita convencer a los radicales de la CUP, decisivos y todavía contrarios a que sea investido. El segundo tuvo lugar durante la ejecutiva de CDC, larga y tensa, en la que los dirigentes críticos acallaron sus voces a cambio de no votar explícitamente a favor de la declaración de independencia presentada en el Parlamento de Cataluña.

Artur Mas piensa tragar con todo, pero la auténtica clave está en ERC. Es el análisis de algunos de sus consejeros y veteranos dirigentes de Convergència, en esta lucha contra rreloj ante el próximo nueve de noviembre, fecha prevista para el debate de investidura en el Parlament. En las filas republicanas la cosa está que arde y en sus cuadros asamblearios late una pregunta: ¿hasta cuándo seguir defendiendo a Mas o por qué no designar otro candidato? Fuentes de ERC reconocen enormes presiones hacia Oriol Junqueras y la creciente negativa hacia un hombre vinculado a la corrupción de la familia Pujol y CDC. El dilema es grande, porque la retirada de su apoyo rompería de cuajo a Juntos por el Sí, en cuyos pactos figura la investidura de Mas, y todos los cargos separatistas nombrados en los órganos del Parlamento catalán. «Un follón espectacular», según dirigentes de Esquerra.

Decidido a salvarse como sea, Artur Mas tiró de teléfono la noche del domingo y propuso a Junqueras un cheque en blanco: la vicepresidencia y las consejerías importantes de la Generalitat, a cambio de convencer a la CUP para sus votos a favor. «Si no quieres elecciones y encallar el proceso no hay otra salida», le dijo Mas a Junqueras en un clamor a la desesperada. Pero el republicano se debate en un callejón sin salida, dado que no quiere pasar como compañero de viaje de los escándalos convergentes. «Están con el agua al cuello y pretenden que les salvemos», dicen dirigentes de ERC muy críticos hacia la alianza con Convergència y ya satisfechos por su «desenganche» en las generales del 20-D. Para estos sectores, la compañía de CDC les ha perjudicado y mermado votos en las elecciones del 24-M, con una fuerte dispersión hacia la marca de Podemos. «Esto no se puede repetir», insisten.

Según el entorno de Junqueras, su posición no fue claramente definida en la conversación con Mas, y tampoco niegan sus contactos con los radicales de la CUP, que, sin embargo, no tendrían inconveniente en otorgarle su voto. Si la negativa hacia Mas persiste, aquí entraría en juego lo ya avanzado por este periódico hace semanas: una presidencia rotatoria entre Raül Romeva y Oriol Junqueras, que satisfaga los deseos de los antisistema cuperos. Ello provocaría la salida de la coalición de los convergentes, sin olvidar que Artur Mas aún tiene un as en la manga: la convocatoria de nuevas elecciones y jugar con el tiempo hasta las generales de diciembre. «Pase lo que pase, un delirio», lamentan los críticos de CDC, que decidieron «acallar la voz» para no dañar al partido, pero se negaron en rotundo a votar la resolución de independencia planteada en el Parlamento de Cataluña, contra la que el PP presentará un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional con el apoyo de Ciudadanos, tal como acordaron Mariano Rajoy y Albert Rivera durante su encuentro en La Moncloa.

Las profundas divergencias existentes en el partido y la Generalitat son ya un clamor, máxime tras las reuniones casi clandestinas de Mas con la CUP a espaldas de su partido. En el Govern, los consejeros opuestos a la actitud del presidente no ocultan sus diferencias, pese a que desde la Ejecutiva convergente se niegan fisuras. «Todo falso, nadie se lo cree», aseguran personas cercanas a los consejeros díscolos de Economía, Infraestructuras y Empleo, Andreu Mas-Collel, Santi Vila y Felipe Puig, junto al de Justicia, Germá Gordó. Los graves problemas de financiación de Cataluña, su pérdida de peso en los mercados, la incesante fuga de empresas alarmadas por la secesión y la falta de pagos a las farmacias han sido la gota que colma el vaso. Según fuentes de CDC, Artur Mas se mantuvo impasible en la reunión de la Ejecutiva: o él o nadie. Y hará cuantas cesiones sean necesarias para obtener los votos y salir investido.

La última palabra la tiene ahora Junqueras, reconocen en Convergència, dudosos de si mantendrá su apoyo a Mas o jugará otras cartas con Romeva que le lleven a él mismo a la Generalitat. Los radicales de la CUP apuestan por una presidencia simbólica, que despoje a los órganos de Gobierno de poder ejecutivo en manos de «consejerías populares», en palabras de su número dos, Anna Gabriel. «Una auténtica anarquía, propia de fanáticos», lamentan los críticos convergentes ante la deriva de Artur Mas. En su hoja de ruta para convencer a la CUP, figura la desobediencia a las leyes del Estado y una profunda refundación de su partido en el próximo congreso, previsto para el mes de marzo, con desaparición incluso de las siglas de CDC. Pero la amenaza de nuevas elecciones impediría también el Congreso con la consiguiente «demolición» lenta del partido fundado por Jordi Pujol.

Los consejeros con peso dentro de la Generalitat, Mas-Collel, Vila, Puig y Gordó, junto a varios dirigentes de CDC, discrepan de la entrega absoluta de Mas a sus socios de ERC y a las exigencias de la CUP, pero decidieron no plantar una batalla frontal en la Ejecutiva para no dañar el proceso, aseguran varios de ellos. Algo criticado públicamente por quien fuera su antiguo socio, Josep Antoni Duran Lleida, quien ha pedido que afloren públicamente sus discrepancias. El líder democristiano se verá hoy en La Moncloa con Mariano Rajoy y le transmitirá su mensaje: menos tribunales y más política. En su papel de eterno hombre-puente entre Madrid y Cataluña, Duran es contrario a la independencia y defiende una profunda negociación que pase por la consulta legal y pactada con el Estado.

En el sector crítico de CDC y entre los democristianos piensan que los grandes beneficiarios serán finalmente Esquerra Republicana y Oriol Junqueras, quien estaría esperando su momento para ocupar el sillón de presidente de la Generalitat, su eterna aspiración. Y no se cansan de repetir el pronóstico: «Artur Mas es el tonto útil de ERC». Los republicanos tienen ya decidido concurrir en solitario a las generales del 20-D para, desde sus escaños en el Congreso, «luchar por la desconexión» de España, aseguran sus dirigentes. Mientras, la figura de Artur Mas se debilita por momentos, aunque, admiten en su entorno, cederá cuanto sea preciso hasta el final.