Política

Mortadelo, Creu de Sant Jordi

Esta semana se han conocido los nombres de los galardonados con la Creu de Sant Jordi. Veo en la lista algunos nombres que me merecen todos los respetos y mi admiración, como puede ser los casos de Antoni Vidal, Benedetta Tagliabue o Montserrat Juvanteny. Hay algún otro que me provoca rechazo por ser concecidido por intenciones partidistas por arte de barra –no varita– mágica, léase la ex presidenta del Parlament Núria de Gispert.

No sé quién forma el jurado de la Creu, pero me gustaría sugerir un nombre. Y es que tan alta distinción se ha dado y se sigue dando a muy altos creadores, desde Lola Anglada a Juste de Nin, este último este año. Pero yo creo que en esta lista viene faltando un nombre que es el de Francisco Ibáñez.

Poca gente ha hecho más por la lectura en este país. Las páginas protagonizadas por Mortadelo y Filemón han inaugurado muchas vocaciones lectoras, incluso alguna artística. Lo sorprendente es que Ibáñez, todavía por fortuna en activo, ha hecho una carrera extraordinaria desde Barcelona siendo uno de los responsables –¿por qué no decirlo?– que esta ciudad sea también capital editorial, ya fuera en Bruguera o en Ediciones B.

Siempre he sostenido que Ibáñez se merece el Princesa de Asturias de las Artes, pero también la Creu de Sant Jordi. Premiando a este dibujante también se dignifica al tebeo, al clásico tebeo de viñetas con gags ingeniosos, heredero directo de la fórmula del «slapstick» que tan bien supieron interpretar Chaplin, Keaton o Laurel & Hardy. Ibáñez es el seguidor de esa tradición, pero con el trazo grueso de la tinta china en viñetas repletas de detalles. Es el mejor de los humoristas gráficos que tenemos, pero fundamentalmente el responsable de que muchos se hayan enamorado de la lectura.