Risas malditas

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Probablemente el título más acertado para este artículo sería: «¿De qué se ríen los cabrones?», pero es demasiado largo. Sin embargo, es obvio que con ello me refiero a las risas y sonrisas de los etarras al salir de prisión.

No soy dudoso a la hora de analizar la situación actual de ETA. Debo reconocer y confesar que, durante todo el tiempo de su existencia, he tenido información privilegiada. He contado con hilo directo con el hombre que más daño les ha hecho, al que más odian y el que más ha contribuido a su final de manera directa, deteniendo a comandos, y de forma indirecta, formando a agentes de la Guardia Civil. Que ETA estaba acabada lo sabíamos desde hacía tiempo. No por voluntad propia ni por aciertos políticos, sino por eficacia operativa y contribución internacional. Valga decir que, entre todos, hemos acabado con ETA, sin embargo, también se puede decir, que unos hemos hecho más, otros menos y otros tantos han hecho más de una tontería.

Ahora no ha quedado más remedio que aplicar la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que desde Estrasburgo dio carpetazo a la Doctrina Parot. Pero, una cosa es como se aplique y sobre eso ya me pronuncié; y, otra muy diferente, es no tener las cosas claras. Es decir, saber a ciencia cierta que hay vencedores y vencidos y quien es cada cual. Y, también tener claro que, en el bando de los vencedores, el lugar de honor corresponde a las víctimas. Por ello, frente a nuestros héroes, los que han sufrido el terror directamente, queda la deuda moral de todos, –repito: de todos y todas las instituciones– de no consentir ni el más mínimo atisbo de humillación.

A los que afecte la Doctrina Parot que salgan de la cárcel, pero que se guarden sus risitas porque son unos miserables derrotados, vencidos y espero, también, humillados.