«Una sociedad sana no puede permitir que el 26% de sus menores sufran maltrato»

Entrevista a Carmen Cabestany, profesora y secretaria de la asociación «no al acoso escolar»

Entrevista a Carmen Cabestany, profesora y secretaria de la asociación «no al acoso escolar».

–En España, unos dos millones de niños sufren acoso escolar. ¿Es un fenómeno que ha ido creciendo o es que se habla más de ello?

–Es difícil responder ya que no hay datos estadísticos. Los estudios últimos y más completos son de 2006 o 2007, por tanto es complicado poder decir si ha aumentado o no. Nuestra percepción es que va «in crescendo» y además las nuevas tecnologías hacen que esto se dimensione. Por otra parte, cada vez se da a edades más tempranas; donde se da más ahora es en el tercer ciclo de Educación Primaria que son niños de 10 y 11 años.

-¿Cómo se explica el acoso escolar? ¿Qué hay detrás?

-Si analizamos a cada uno de los integrantes o componentes de este acoso escolar, detrás de cada uno de ellos hay unas circunstancias. Así, detrás de un acosador, puede haber desde alguien con rasgos psicopáticos que necesita hacer daño para sentirse bien, hasta alguien que lo que saca del maltrato es pasar un buen rato y reírse, hasta un niño que a su vez está siendo maltratado o tiene alguna problemática grave en su entorno. Si hablamos de la víctima, también hay unas características personales; puede tener baja autoestima, timidez, con alguna diferencia importante por la que destaca...En el caso de los testigos, ¿qué hay detrás? Pues gente que no quiere posicionarse, que no ocupa su lugar al lado de la víctima, sino que por acción u omisión se pone del lado del victimario. Todos podemos formar parte en mayor o menor medida del acoso escolar.

– ¿Existe un perfil tipo de acosado y acosador?

– Podríamos pensar que el acosado tiene esa baja autoestima que hemos dicho, es retraído, tímido, pero no siempre es así. En realidad, cualquier persona puede ser maltratada. El perfil del acosador suele coincidir con alguien prepotente, acostumbrado a salirse con la suya, que es manipulador y chantajista...pero no siempre es así. Algunos pasan desapercibidos y dirigen a otros desde la sombra para que acosen.

–¿Cómo afecta a la víctima el haber vivido episodios de acoso?

– La sociedad no tiene ni idea de hasta qué punto esto es perjudicial, dañino y doloroso y puede condicionar la vida futura de una persona. El niño acosado, dependiendo del tipo de acoso, de la intensidad, del tiempo que permanece en esa situación, entra poco a poco en una especie de túnel sin salida. Cuando el niño se da cuenta de que no hay luz al final del túnel, de que nadie le ayuda, empieza a entrar en un estado de estrés post traumático, ansiedad, angustia y hasta ideas suicida, presente en la mayoría de los casos, sobre todo si éstos se prolongan en el tiempo. Y es que normalmente el niño se calla, sólo el 14% se lo dice a la familia y el 10% a los profesores. Además, si se lo cuenta a los profesores o familiares y éstos no actúan o no actúan bien, están dejando al menor en indefensión y en un estado de mayor vulnerabilidad porque se encuentra que los adultos que deben protegerle, no lo hacen y tampoco lo hacen sus iguales, por lo que percibe que está solo e indefenso.

– Dice que la víctima suele callar. ¿Por qué?

–La razón principal es que el acoso escolar es una lacra social en la sombra. Es una realidad oculta; no le damos carta de naturaleza, pero la tiene; no hablamos de ello y si tu no abordas un tema con un menor, ese menor difícilmente lo va a abordar contigo, entre otras cosas porque no sabe que esos es bullying. En los centros escolares ese tema no suele abordarse porque no está ni en los Planes Educativos del Centro y ni en los Planes de Acción Tutorial. A esto añadamos que el niño está amenazado y que además siente vergüenza por no saber enfrentarse y resolver el problema. Un víctima tiene un cóctel de sentimientos a cada cual más dañino: culpabilidad y vergüenza por no poder resolver el problema, rabia, dolor, tristeza...son sentimientos que mezclados son un cóctel Molotov y cuanto más pequeño sea el niño, peor porque no sabe gestionar sus emociones. Ese es otro grave problema porque en las escuelas no hay educación emocional de verdad

– Entonces, ¿cómo se detecta el acoso escolar? ¿A qué señales hay que prestar atención?

– Nosotros hemos ideado «Las 3 C». La primera C es la de Cambios: cuando el niño tiene de repente bajo rendimiento, cuando hay cambios de carácter, de itinerario o de amigos...La segunda es la de Campana’ ya que hacer Campana es no ir al colegio, en el caso de los mayores, o en el caso de los pequeños pedir a los padres que no les obliguen a ir. La tercera es la de Cuerpo, porque el cuerpo habla: mirada triste, hombros encogidos, cabeza agachada y a veces incluso se cubren demasiado para pasar desapercibidos. Éstas son señales especialmente para los padres, y para los profesores añadiríamos que el niño llega sistemáticamente a clase tarde después del recreo o pide ir al lavabo a deshora o se niega a hablar en público.

– ¿El acoso se combate desde la prevención o desde la acción?

– Lo ideal es desde la prevención, pero siempre dependerá del momento en el que éste se detecte. Por lo tanto, los pasos en acoso serían, primero, prevenir, que se consigue dando carta de naturaleza al problema y diciendo al niño qué es el acoso escolar; formando a los profesores porque es vergonzoso que no haya apenas nada sobre acoso escolar ni en la Facultad de Magisterio, ni en Psicología ni en Pedagogía y apenas nada en formación permanente del profesorado; informando a los padres y con educación emocional desde la etapa de infantil; con una implicación real de la administración, que debe aplicar medidas efectivas que funcionen; con compromiso por parte de los medios de comunicación; y sobre todo con el programa TEI, que es tutoría entre iguales, una de las mejores herramientas contra el acoso escolar porque implica a los propios niños. Toda esta actuación ha de ser global.

– Una vez se ha producido el acoso, ¿cómo se debe actuar?

–La detección, las tres ‘C’, sería el segundo paso, y el tercero sería la intervención, en la que primero hay que garantizar la seguridad de la víctima, blindarla, y luego asistirla en lo que precise. Paralelamente, hablar con el acosador y averiguar por qué actúa así. Si necesita ayuda terapéutica o de otro tipo se le da, y si hay que llegar a medidas punitivas con el acosador, se llega, pero sobre todo hay que conseguir que entienda el daño que está haciendo y que pierda el refuerzo de sus pares, los testigos. Éstos han de aprender a posicionarse al lado de la víctima. Lo ideal sería resolver el tema sin que nadie tuviera que irse de la clase o el colegio, peo si no es posible quien tendría que marcharse es el victimario, nunca la víctima

– ¿El entorno escolar está preparado para afrontar el acoso?

–Rotundamente no, porque el primer paso es formación y si ya en las facultades y otros ámbitos no se aborda el tema del acoso escolar, difícilmente vamos a estar preparados los profesores. Tampoco estamos formados en educación emocional. Y esto es extrapolable al director del centro y al inspector, que frecuentemente no saben del tema y creen que es una cuestión menor.