Unidad de España, plurinacionalidad o independentismo

Pese al Brexit y las escuchas ilegales, la cuestión territorial ha vuelto a centrar buena parte de la campaña electoral catalana

Un empleado traslada las urnas para que 5.519.776 catalanes puedan hoy votar
Un empleado traslada las urnas para que 5.519.776 catalanes puedan hoy votar

Pese al Brexit y las escuchas ilegales, la cuestión territorial ha vuelto a centrar buena parte de la campaña electoral catalana

Como cualquier proceso electoral, los comicios de hoy tienen varios niveles de lectura. Una, evidente, la posibilidad de que Podemos se convierta en el primer partido de la izquierda española e incluso si Pablo Iglesias consigue los apoyos necesarios como para ser nuevo presidente. Si el foco lo situamos en Cataluña, sin embargo, las elecciones permiten otras lecturas. La victoria de En Comú Podem se da por descontada y sólo faltaría saber si ERC le aguanta el tirón. Esta circunstancia ahondaría aún más en la situación de CDC que podría caer hasta el cuarto e incluso quinto puesto y pondría en duda la salud del independentismo. El PSC cruza los dedos para mantener sus ocho diputados mientras PP y Ciudadanos intentan salvar los muebles del bloque constitucionalista.

Así las cosas, la campaña ha mantenido un perfil bastante más discreto que en el 20D, los partidos políticos parecían más preocupados por no cometer errores que por intercambiar golpes con sus adversarios. Los sobresaltos, a su vez, se han guardado para las últimos días con el Brexit y las filtraciones de las conversaciones entre el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso. Pese al ruido, sin embargo, la cuestión territorial se mantiene como uno de los grandes alicientes de la campaña catalana. Bien lo sabe el PSC, cuyos titubeos al respecto le han llevado de ganar las elecciones en 2008 con 25 escaños de los 47 en juego a transitar por la irrelevancia con sus ocho escaños. Y en este contexto, el abrazo sin paliativos del PSOE a la unidad de España, le han relegado a la segunda fila.

Su tradicional lugar en la política catalana ha sido ocupado, y con fuerza, por En Comú Podem. Ganaron las pasadas elecciones generales en Cataluña con doce diputados y las encuestas avanzan que podría llegar a los catorce. Iglesias ha sabido articular un discurso que pone el acento en la plurinacionalidad, en España como nación de naciones y en la posibilidad de organizar un referéndum en Cataluña. Se ha erigido como la tercera vía entre el bloque constitucionalista y el independentista. Los soberanistas lo saben y no han dudado en convertir a En Comú Podem en su rival a batir. Especialmente desde que Iglesias dejó el referéndum en Cataluña fuera de las líneas rojas para pactar un eventual Gobierno. Eso no quita, sin embargo, que las costuras de los partidos independentistas empiezan a ser bien visibles. La situación de la otrora todopoderosa CDC no es nada fácil. El «procés» ha ido haciendo mella y hoy por hoy se disputa a cara de perro la tercera plaza con el PSC sin quitar la vista del retrovisor. Las encuestas dan por seguro una nueva caída de votos para los convergentes que podría significar incluso la caída del partido de Artur Mas hasta la quinta plaza, por detrás de Ciudadanos.

El resultado de las fuerzas independentistas, por lo tanto, puede precipitar o ralentizar el «procés». Buena parte del descontento con las instituciones del Gobierno está siendo absorbido por Podemos en lugar de apuntalar el soberanismo. Por lo que la decisión de los catalanes puede significar el darle la espalda a eventuales declaraciones unilaterales de independencia en pos de un referéndum.

Mientras, el bloque constitucionalista tiene serias dificultades para imponer su mensaje en Cataluña. Al margen del PSC, el PP siempre ha sufrido en Cataluña. Ciudadanos, sin embargo, convive con la extraña sensación de que su segundo puesto en las pasadas elecciones catalanas parece cada vez más lejano y anecdótico.