Violencia lírica en el Lliure

Josep Maria Mestres dirige «Dispara, agafa el tresor, repeteix», de Mark Ravenhill

Àlex Casanovas y Mónica López protagonizan una de las siete historias de esta intensa obra
Àlex Casanovas y Mónica López protagonizan una de las siete historias de esta intensa obra

Los estragos de la guerra no son mesurables, porque no sólo afectan el aquí y el ahora, sino que marcan a diferentes generaciones, tanto de ganadores como vencidos. El horror, la angustia, el caos se inyectan en la sangre y al final se puede decir que no hay historia real sin una o varias guerras detrás. Mark Ravenhill es uno de esos dramaturgos que sabe de los estragos atávicos de la violencia y los ha explotado siempre con ese poso lírico y sobrecogedor que hiela el alma y consigue la tan ansiada catarsis aristotélica. Son los ecos de la guerra, ese leve murmullo que crece hasta al final convertirse en un grito desesperado de auxilio. El público aplaude, no tiene otra, no puede quedarse quieto.

Elenco de lujo

El Teatre Lliure acoge del 31 de enero al 3 de marzo «Dispara, agafa el tresor, repeteix», una de las últimas creaciones de Ravenhill. Ni siquiera es una obra de teatro, son 17, ya que son historias independientes de 20 minutos que giran alrededor de la guerra y sus estragos. Las 17 piezas darían para 340 minutos de teatro, es decir, cinco horas y 40 minutos de exceso. Por ello, en esta ocasión se reducen a siete, los mejores siete, los más significativos, y el efecto es el mismo.

Josep Maria Mestres es el encargado de poner orden al caos, con la ayuda de un espectacular elenco de actores encabezado por Carmen Machi, Silvia Bel, Boré Buika, Roger Casamajor, Àlex Casanovas, Mar Casas, Gonzalo Cunill, Mónica López, Àurea Márquez, Adrià Roca y Oriol Sans. Antes de que la crisis haga imposible poder montar espectáculos así, hay que aprovecharse del lujo. «Es una obra dura, valiente y muy necesaria. Son situaciones límite, cargadas de violencia y humanidad, en las que Ravenhill sabe extraer lirismo de la brutalidad», afirmó ayer Mestres.

Durante casi tres horas de función, el público podrá viajar a Mali, Iraq, Londres o Nueva York, en la que se encontrará pequeñas historias independientes que dibujan un mapa bastante certero del horror. Los actores, cada uno protagonista en su propia historia, también aparece en otras como secundaria, creando una red de relaciones que también homogeniza el conjunto. «Son personajes rotos. No hay cordura y eso pone al actor en una situación incómoda», afirmó Cunill.

Machi, una vez olvidado el triste incidente con Toni Albà, que pidió boicotear su anterior obra, regresa al Lliure y lo hace por partida doble, con un personaje protagonista en castellano y otro en catalán. «En "La madre"llevo el peso de la historia y hablo en castellano porque no me he visto capaz de hacerlo en catalán. Pero en "Las Troyanas"hablo catalán y ha sido un experiencia muy interesante porque trabajar en un idioma que no es tuyo te pone en una situación de vértigo maravillosa», señaló.

La obra fue un encargo del Fringe Festivalin de Edimburgo (Reino Unido), que pidió a Ravenhill piezas cortas sobre la llamada «guerra contra el terror». El resultado fue un texto rico en matices, crítico con occidente y la banalización del sufrimiento, y que consigue lo que pretende, no despertar conciencias, sino crearlas, porque las que había ya hace tiempo que murieron.