Eduardo Mendoza, Doctor Honoris Causa por la VIU

El autor de obras como «Riña de Gatos» o «La ciudad de los prodigios» recibió ayer la alta distinción de esta universidad en un solemne acto en el que estuvieron presentes representantes del mundo de la cultura y la literatura españolas

El autor de obras como «Riña de Gatos» o «La ciudad de los prodigios» recibió ayer la alta distinción de esta universidad en un solemne acto en el que estuvieron presentes representantes del mundo de la cultura y la literatura españolas

Eduardo Mendoza (1943) es, sin lugar a dudas, uno de los escritores más internacionales en lengua castellana. Sus novelas, leídas por millones de personas en todo el mundo, han marcado un antes y un después en la forma de escribir en nuestro país, haciendo del humor una línea filosófica y una manera de entender la literatura.

La Universidad Internacional de Valencia (VIU), del grupo Planeta, quiso ayer distinguirle con su título de Doctor Honoris Causa, en un solemne acto celebrado en el Palacio de la Exposición de la ciudad, en el que participó la rectora de la VIU, Eva Giner, y el padrino del acto, el poeta catalán Pere Gimferrer, amigo de la infancia del escritor laureado.

En su intervención, Mendoza dio, una vez más, una lección magistral de sarcasmo, humor fino y elegante, como en todas sus obras. Aseguró que los narradores escriben «para intentar entender lo que quieren contar», y advirtió de los grandes enemigos de todo literato: la desidia, la pereza, la vanidad y el engreimiento, unos enemigos contra los que prometió que luchará para hacer honor al título recibido por parte de la VIU. «Hay que procurar siempre esforzarse por algo cuyo resultado es incierto», sentenció el escritor catalán.

Defendió que el escritor debe desear «volverse invisible» en sus novelas para que sus personajes tengan vida propia, y de este modo protegerse de «la vanidad».

En este sentido, reconoció que recibir un reconocimiento como ser Doctor Honoris causa supone una «contradicción» con ese deseo de invisibilidad, pero señaló que en esta ocasión iba a «gozar de todas las vanidades y jactancias» de las que ha intentado privarse.

Además, consideró que los reconocimientos son «muy buenos para el escritor de ficción», que trabaja «a solas y casi a oscuras» y «siempre con la incógnita de si lo que hace tiene algún sentido o no tiene ninguno».

«Leyendo algunos libros se ve que es fácil que no tenga ningún sentido, por lo tanto el riesgo de hacerlo mal, incluso el riesgo de hacerlo muy mal, existe siempre» y estos premios sirven para «tranquilizar» y «estimular».

Tras el acto, y preguntado sobre si cree que se está educando bien a los jóvenes, Mendoza dijo tener la impresión de que debería haber una reforma en la Universidad, ya que cree que se ha convertido «en una máquina que funciona un poco por inercia y que no siempre está a la altura de las necesidades».

Sin embargo, dijo que no tiene «la menor idea» de qué se tendría que hacer ni cómo se soluciona esa cuestión, igual que tampoco sabe si las nuevas tecnologías acabarán con la forma de leer.

Lo que sí ve que están cambiado las tecnologías, ha dicho, es no solo nuestra forma de vida, sino también a las propias personas, su forma de pensar y sus facultades intelectuales.

«No recordamos nada porque consultamos cualquier duda que tenemos. Yo no recuerdo un solo número de teléfono ni la matrícula de mi coche. Todo lo confío al móvil; si un día me quedara sin él, quedaría convertido en un catatónico», reconoció, aunque no consideró que haya que ponerse «muy trágico en este aspecto».

Literatura necesaria

Por su parte, la rectora de la VIU aseguró en su discurso que Mendoza ofrece «buena literatura a ciudadanos necesitados de ella» y describió al autor de «La ciudad de los prodigios» y «Riña de Gatos» como un «agujero negro» que absorbe toda la energía. Destacó que con este título la VIU engrandece su claustro de honoris causa con una «figura única que aúna los valores del arte y de la comunicación».

Recordó además el papel trascendental que desempeña la Universidad Internacional de Valencia desde la que «se impulsa la diferencia en la educación para un mundo nuevo que intentamos sea cada vez mayor a través de nuestro servicio, con una voluntad de empujar la educación universitaria hacia una experiencia cultural global, una vivencia multicultural real, hispanohablante, múltiple e ilimitada».

Gimferrer, quien fue editor de Mendoza durante sus primeros años de carrera literaria, destacó de Mendoza que cuenta cada vez con un estilo más depurado, algo muy acentuado en un libro de intención menos elevada, como es «El caso de la modelo extraviada». El poeta recorrió la obra de Mendoza, que arrancó en 1975 con «La verdad sobre el caso Savolta», en el que dejó claro que había llegado para quedarse.

El presidente de Grupo Planeta y Atresmedia, D. José Creuheras, estuvo presente en el acto académico y en declaraciones posteriores quiso destacar que «el nombramiento de Eduardo Mendoza como doctor honoris causa por la Universidad Internacional de Valencia supone un merecidísimo reconocimiento a una trayectoria literaria brillante. Mendoza siempre mezcla con sabiduría el humor ingenioso con una enorme riqueza narrativa y de estilo, y por eso sus obras entusiasman a lectores de distintas generaciones».

La de ayer fue la quinta distinción Doctor Honoris Causa otorgada por la Universidad Internacional de Valencia. Eduardo Mendoza suma su nombre a los de Pedro Cavadas, el abogado Javier Cremades, el filósofo norteamericano Carl Mitcham y el considerado como creador principal del CLIL (Aprendizaje Integrado de Lenguas y Contenidos, AICLE, en español), David Marsh.

La ceremonia contó con la asistencia de representantes y autoridades del mundo de la comunicación y la cultura valenciana, así como escritores y diversas autoridades entre las que destacaron el secretario autonómico de Universidades e Investigación, el delegado de Defensa para la Comunidad Valenciana o el subdelegado del Gobierno, entre otras.

Mendoza recibió en 1975 el Premio de la Crítica de narrativa castellana por «La verdad sobre el caso Savolta»; en 1987 el Premio Ciudad de Barcelona por «La ciudad de los prodigios»; en 1988 el Premio al Mejor Libro del Año de la Revista «Lire» (Francia) por «La ciudad de los prodigios»; en 1988 fue finalista del Premio Grinzane Cavour en la categoría de Narrativa extranjera (Italia) por esta misma obra; en 2007 recibió el Premio Fundación José Manuel Lara por Mauricio o las elecciones primarias y en 2010 el Premio Planeta por «Riña de gatos».