En primera línea,la sobremesa prometida

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Lugares con genética urbanística privilegiada para disfrutar del placer de una comida mirando al mar. La estética del sabor. Son un referente estival de cómo la cocina mediterránea emerge. Cartas refrescantes, clásicos arroces, entrantes atrevidos, mariscos de primera, cocina renovada diariamente a golpe de mercado.

Los azules turquesas del mar conviven sin estridencias con una amplia gama de eclécticos menús tan dispares unos de otros, todos reflejan su personalidad. ¿No es delicioso comer aquí? Logran algo dificilísimo, fascinar al comensal antes de la llegada de la carta. Es la inalcanzable frontera entre la oferta gastronómica y el entorno. Gracias por estar ahí.

Leven platos con rumbo a restaurantes en primera línea. Iniciamos nuestra travesía por el frente marítimo de El Saler. Bienvenidos a bordo. Pero no tienen que bajar a tierra. Son un destino gastronómico en sí mismo. La travesía se inicia. Tras dos horas de periplo gastronómico verán cambiar el color del mar. La Dehesa José Luis (Playa del Saler. Módulo Norte) y La Dehesa Joaquín Castello en el Modulo Sur). Duelo al sol.

La calidad del producto y el paisaje son dos elementos innegociables. Por sus vistas lo conoceréis, por el menú lo disfrutaréis. Arrocería Duna (Paseo Pintor Francisco Lozano. Módulo 3. El Saler).

Testigos impertérritos del «photoshop» urbanístico al que han sido sometidos los paseos marítimos en las dos últimas décadas. Tras luchar legalmente a muerte por desposeer al mar de sus títulos de propiedad ofrecen una atávica combinación de hospitalidad visual marina y astucia gastronómica. Joyas a la vista sobre las playas desnudas y las bronceadas baldosas de los paseos marítimos lucen más y mejor. Espléndidos envoltorios.

Restaurantes que iluminan la memoria. Te cambian la perspectiva culinaria. Locales que descubrimos con otros ojos convertidos en iconos del verano. Mirada aguamarina, fragancia gastronómica destacan rápidamente como sus bazas de seducción culinaria. Hidratan nuestro paladar. Añaden profundidad a nuestra mirada gustativa.

Capítulo aparte merece la alta cocina marinera. Navegamos hacia La Safor. Muchos son los aspirantes que pueblan nuestras costas y pocos los elegidos. Se acabaron los complejos, adiós chiringuito pionero. Se sirve de la sabiduría gastronómica ancestral pero vende vanguardia, este cruce es vital. Este es el territorio que desde hace años pisa Manuel Alonso. Casa Manolo (Paseo Marítimo, 5. Daimús), posiblemente el mejor restaurante en primera línea del mediterráneo valenciano, sigan la estrella recientemente conseguida y enumerarán platos que suenan a música celestial.

Restaurante singular con una tripulación comprometida y profesional que te acerca al buen gusto y no limita nuestras más vastas apetencias, para hacernos casi mediopensionistas durante la temporada estival.

El marco que se le pone a una comida es importante. De ello depende que la jornada gastronómica se aprecie mejor o peor, adecuada o inadecuadamente. Cada época ha seguido sus propias modas. El lugar es el traje con el se viste a una comida estival.

Nuestras ilusiones se superponen a la realidad gastronómica por obvia que esta sea. Desechamos las evidencias para ver solo lo que deseamos ver. Y nos convencemos que solo el lugar merece la pena. Hechizados volvemos a primera línea en busca de la sobremesa prometida.