Una Valencia «endeudada» y «sucia» centra el debate de la ciudad

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El Debate sobre el Estado de la Ciudad comenzó y acabó con reproches. Gobierno y oposición se enzarzaron, con más o menos vehemencia, en la defensa de sus posturas. Fueron, sin embargo, el portavoz del partido al mando de la Administración local, el popular Alfonso Grau, y el síndico de Compromís, Joan Ribó, los que tuvieron más roces. Grau consideró la de Ribó una «política de campanario», «demagogia estúpida», mientras que éste calificaba de «postureo político» la nula defensa que Rita Barberá hace de la ciudad frente al Ejecutivo de Mariano Rajoy.

Salió también a discusión el asunto del coche que la edil mantiene aparcado e inútil desde hace años en las cocheras del Consistorio y que tantas veces han denunciado desde Compromís. Fue aquí donde Grau sacó la artillería pesada al airear el uso, por parte de Ribó, de la zona de «parking» reservada para concejales y empleados del Cap i Casal.

Otro de los momentos más tensos del debate tuvo su origen en el recuerdo del portavoz del PSPV, Joan Calabuig, al segundo aniversario de la tregua de ETA. «ETA no se ha disuelto. No ha depuesto las armas», le contradijo el portavoz del PP.

Más allá de los encontronazos dialécticos, el endeudamiento municipal que, según la oposición, ronda los mil millones de euros; el incremento de la suciedad en las calles o la falta de inversiones, especialmente a través de los Presupuestos Generales del Estado (PGE), fueron los asuntos en los que se centró el pleno extraordinario en el que, una vez más, se criticó la no participación de Barberá, que presidía la mesa.

Una Valencia «endeudada» y «sucia». El portavoz de EU, Amadeu Sanchis, calificó a la capital como «una ciudad en vías de subdesarrollo», al tiempo que advertía de la «falta de inversiones reales» por parte del Gobierno central, en especial, en proyectos pendientes como el Parque Central, las obras de la T-2 del metro o el Plan Especial de Protección y Rehabilitación Integral del barrio del Cabanyal.

Con todo, los «populares» defendieron la «extraordinaria transformación» en los últimos años de una ciudad, «equilibrada» y con equipamientos. Hubo, también, halagos a la gestión de la alcaldesa, de quien Grau celebró «capacidad de anticipación» a la crisis y el hecho de que los planes de austeridad que ha aplicado «no han elevado la presión fiscal». Y no como la oposición, vino a insinuar, «a los que solo les interesa la ambición de poder».