Carmena, ahora a por los alcaldes franquistas

El Ayuntamiento planea iniciar tras el verano esta operación «regidores franquistas fuera del callejero» a pesar de que Alberto Alcocer, Moreno Torres, el Conde de Mayalde y Arespacochaga lograron su vía cumpliendo la tradición

El Ayuntamiento planea iniciar tras el verano esta operación «regidores franquistas fuera del callejero» a pesar de que Alberto Alcocer, Moreno Torres, el Conde de Mayalde y Arespacochaga lograron su vía cumpliendo la tradición

El comisionado de la Memoria Histórica, o «desmemoria», se afana en evitar que las dos Españas convivan en el callejero de Madrid. La Transición hizo posible la reconciliación entre republicanos, franquistas, monárquicos y demócratas de nuevo cuño, pero ahora se quiere borrar parte de la historia de esta ciudad reflejada en el nombre de sus calles, eliminado personajes de una etapa y recuperando los de otra, sin que sea posible que unos y otros compartan callejero. Claro que la culpa de estas cuitas la tuvo Ramón de Mesonero Romanos, Cronista de la Villa, que en sus tiempos de concejal del Ayuntamiento (1846-49) tuvo la ocurrencia de que las calles de Madrid tuvieran nombres propios de personas, cosa que hasta entonces no ocurría, y partir de entonces el baile de nombres ha sido casi una constante, especialmente en las últimas décadas.

La próxima operación del comisionado creado por Manuela Carmena, quizá para comenzar la nueva temporada tras las vacaciones de verano, es borrar del callejero los nombres de todos los alcaldes del franquismo, hacer una limpieza del recuerdo de aquellos regidores que no fueron elegidos en las urnas.

Cuando los comisionados entren y profundicen en la materia, se darán cuenta de que sólo tienen cuatro nombres posibles que borrar: Alberto Alcocer, José Moreno Torres, el Conde de Mayalde y Juan de Arespacochaga, los únicos regidores nombrados durante la dictadura, que aún conservan calles en Madrid.

No hay norma escrita sobre la concesión de calles a los alcaldes de la capital, pero existe una tradición de poner los nombres de aquellos que permanecieron durante un tiempo razonable al frente de la Alcaldía, y en reconocimiento a la labor realizada a favor de la ciudad, independientemente de su vinculación o afectos políticos, ni de la etapa en que ostentaron sus cargos como regidor de la villa. Sin embargo, dos alcaldes que dejaron su impronta en la capital, Carlos Arias Navarro y Miguel Ángel García Lomas, no recibieron esta distinción; todo lo más, el primero de ellos tuvo un parque con su nombre.

La barbaridad de un experto

Cuando se estaba elaborando el estudio de la Memoria por parte de la cátedra de Historia de la Complutense, uno de los asesores mostró su extrañeza, incluso su indignación, por que se haya permitido hasta ahora que un apellido Franco figure en el callejero. Este lumbreras se refería a José Francos Rodríguez, periodista, escritor, médico, alcalde de Madrid, miembro del Partido Liberal, que fue ministro durante el reinado de Alfonso XIII, que nada tuvo que ver con la familia de Francisco Franco, como es lógico. Pues parece que costó convencer al lumbreras de turno de algo que resultaba tan diáfano.

Antes de constituirse el actual Comisionado de la Memoria Histórica, hubo algún inesperado y ocurrente experto que puso el grito en el cielo pidiendo explicaciones y responsabilidades por haber mantenido en el callejero nombres relacionados con el franquismo, después de que la primera Corporación democrática del Ayuntamiento de Madrid (1979), llevara a cabo una revisión y cambiara los nombres de varias calles. Lo que ignoran es que la filosofía que inspiró aquella operación era devolver el nombre anterior a las calles que el franquismo había cambiado, como la avenida de José Antonio, que recuperó su anterior nombre de Gran Vía; o General Mola, que volvió a ser Príncipe de Vergara. Por esa filosofía, El Pardo conservó una plaza dedicada el Generalísimo, porque se llamó así desde sus inicios, aunque en aquel entonces la concejala del distrito era la comunista Cristina Almeida.

Nos quedan todavía muchas sorpresas por descubrir, muchos desvaríos intelectuales y más de una ignorancia atrevida de los tenidos como expertos. Por cierto, alguien se ha olvidado de aquella ocurrencia de la alcaldesa de consultarnos a los Cronistas de la Villa sobre este Plan de la Memoria Histórica, aunque no por eso hayamos perdido nuestra memoria sobre la historia de Madrid.