«Esta fábrica era una bomba de relojería»

Los trabajadores de la planta siniestrada denuncian que había muchos bidones «sin seguridad». Cuatro heridos siguen en estado grave.

Así se encontraba ayer la zona cercana a la planta en la que se registraron las explosiones
Así se encontraba ayer la zona cercana a la planta en la que se registraron las explosiones

Los trabajadores de la planta siniestrada denuncian que había muchos bidones «sin seguridad». Cuatro heridos siguen en estado grave.

El entorno de la planta de residuos de Arganda que el jueves saltó por los aires amaneció ayer convertido en algo parecido a un campo de batalla. Los Bomberos siguieron trabajando en la zona para enfriar algunos puntos que, según explicó la delegada del Gobierno, Concepción Dancausa, continuaban ardiendo ya que, pese a estar controlado, el fuego aún no había sido extinguido. Sobre ese terreno, la Guardia Civil inició la investigación del incidente, para lo cual tomó ayer testimonio a testigos y trabajadores de Requimsa, la empresa implicada a la espera de poder recoger evidencias y pruebas que ayuden a explicar el origen de las explosiones.

El sentimiento predominante entre los afectados por lo ocurrido es la indignación. Especialmente entre los trabajadores de las plantas y fábricas cercanas. No en vano, las compañías de este entorno ya planean presentar una denuncia conjunta contra los dueños de la planta que explotó. Alrededor de 60 empresas se han visto afectadas de una u otra manera en un perímetro de 900 metros. Y es que son muchos los que reconocen que lo de ayer se veía venir. Es el caso de Félix, un ex trabajador de Requimsa: «Yo advertí que esto era una bomba de relojería: unos bidones con cientos de litros, muchos depósitos y, bajo mi punto de vista, poca seguridad o ninguna», reconoció ante los micrófonos de Telemadrid. Con el fin de resarcir en lo posible las consecuencias de la explosión, el Ayuntamiento de Arganda del Rey ultima la articulación de una oficina que centralice las reclamaciones y las ayudas económicas.

Los colegios desalojados retomaron ayer su actividad y, con la excepción de la zona afectada, la localidad recuperó el pulso habitual de una jornada de diario. María Elena Pérez, directora del IES La Poveda, reconocía poco después de la apertura del centro que todo estaba «en orden», ya que los daños habían sido mínimos: «Un cristal de una puerta y cinco vidrios de seguridad estriados». Entre los vecinos, la principal preocupación está en los efectos de lo ocurrido sobre la calidad del aire. Sobre este aspecto, Dancausa, destacó que pese a que las mediciones de las estaciones de la zona detectaron en la madrugada del viernes niveles tóxicos, no suponen ningún riesgo para la salud, más allá del intenso olor a acetona, en el que insistían los vecinos.

De los sietes heridos que necesitaron pasar la noche del jueves hospitalizados, tres recibieron ayer el alta. Los otros cuatro continúan en distintos centros de la región en estado grave. Se trata de dos trabajadores de Requimsa, de 37 y 36 años con el 30% y el 18% de su cuerpo quemado, respectivamente; una mujer, empleada de la zona, de 22 años, con rotura bilateral de pelvis; y otra mujer de 45 años, que permanece estable, con pronóstico leve.