La frialdad de Bruno

El llamado «descuartizador» de Majadahonda no colaboró y se mantuvo «distante» con la Guardia Civil durante el registro de la finca de su tía, también desaparecida. Hallaron restos biológicos «poco relevantes» que ahora analizará Criminalística

Efectivos de la Guardia Civil junto al detenido durante el registro en la finca
Efectivos de la Guardia Civil junto al detenido durante el registro en la finca

El llamado «descuartizador» de Majadahonda no colaboró y se mantuvo «distante» con la Guardia Civil durante el registro de la finca de su tía, también desaparecida. Hallaron restos biológicos «poco relevantes» que ahora analizará Criminalística

Frío, distante y poco colaborador. Bruno, el presunto descuartizador de Majadahonda no facilitó ni por un momento las cosas a la Guardia Civil durante el registro de la finca de su tía Lidia H. F. , en la localidad toledana de Santa Cruz de la Zarza, donde se sospechaba que había ocultado los restos de Adriana, la mujer a la que alquilaba su vivienda en la localidad madrileña y cuya sangre fue hallada en una picadora. Así, durante las horas que duró la exhaustiva búsqueda por un paraje digno de cualquier película de suspense –un solar con un único contenedor industrial como edificación–, Bruno no atendió a los requerimientos de los agentes y mostró una actitud «poco cuerda» por un posible brote de la enfermedad mental que padece.

Ocho vehículos de la Guardia Civil se acercaron ayer por la mañana a la finca toledana, que limita con los municipios madrileños de Villarejo de Salvanés y Estremera, y procedieron a acordonar el terreno para poder realizar la búsqueda discretamente, ya que hasta mediodía el Juzgado de Primera Instancia de Majadahonda no levantó el secreto de sumario por la presunta muerte de la mujer argentina. Los investigadores albergaban esperanzas de encontrar el cadáver de la víctima en este paraje después de buscar su cuerpo en Majadahonda y en un vertedero de Pinto donde se vacían los contenedores de basura majariegos, ya que los vecinos relataron que habían visto a Bruno tirar varias bolsas de basura a distintos contenedores, y por ello escrutaron el terreno con perros del Servicio Cinológico y los agentes de Criminalística recogieron varias muestras.

Sin embargo, ninguna de las pruebas obtenidas durante el escrutinio fue relevante. No obstante, las muestras serán analizadas en el laboratorio de Criminalística de la Benemérita y, en caso de ser restos humanos, se compararán con la sangre, dientes y restos de tejido encontrados en el chalé en el que supuestamente se habría cometido el asesinato de la mujer y también con el ADN tanto del hermano de Adriana y con familiares de Lidia, propietaria de las fincas y también de la casa de Majadahonda, y de la que no se ha hallado paradero y de la que nada se sabe desde hace un par de años.

De hecho, la Guardia Civil ya ha localizado a cuatro de los seis ex inquilinos de Bruno –cuyos contratos de alquiler se hallaron en el chalé–, ante el temor de que la supuesta muerte de Adriana fuera la última de una larga lista de homicidios. Sin embargo, no se sabe nada del paradero de la argentina desaparecida ni tampoco de la tía del presunto homicida, que aseguró a los agentes que se había ido a una residencia de la tercera edad, pero sin concretar cuál.

Los investigadores sospechan que su sobrino pudo matarla hace tiempo para hacerse con sus propiedades y recoger las mensualidades de los arrendamientos y de su pensión. Por este motivo, el Instituto Armado ha seguido los movimientos de las cuentas bancarias a nombre de la tía y han descubierto sólo movimientos de ingresos procedentes de su pensión pero ningún de gasto de residencias ni de otros pagos de bienes o servicios, según explicaron fuentes de la Guardia Civil a EP.

Nuevas búsquedas

Con todo, la falta de notorias evidencias en la finca de Santa Cruz de la Zarza que contribuyan a inculpar aún más a Bruno ante la sangrienta desaparición de Adriana no deja a los investigadores en un callejón sin salida, ya que la familia del detenido cuenta con otras fincas en municipios de Madrid y Salamanca en las que ya se ha iniciado la búsqueda por si hubiese escondido o enterrado los restos de su inquilina o de su tía en ellas.

Por otro lado, la cartero que llevaba la correspondencia al chalé de Majadahonda explicó a EP que la casa estaba «cerrada desde hace seis o siete años» porque «la propietaria dicen que se fue a una residencia». «Recientemente se empezó a vaciar el correo del buzón, porque el buzón se llenaba y de vez en cuando se limpiaba. Ahora era habitual que se recogiera la correspondencia. Una vez salió ella (la mujer argentina de 55 años que se sospecha que ha sido asesinada) a recibirme», afirmó. Sobre la tía de Bruno que ahora busca la Guardia Civil, la cartero detalló que era una señora mayor, que su hijo había fallecido y que «estaba depresiva». «Sin embargo, de un día para otro desapareció. Hasta hace dos o tres meses empezó a haber alguien en casa, pero siempre las persianas muy bajadas», concluyó.