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La Gran Vía de los desamparados: hablan los comerciantes afectados

Cuando se cumple la primera semana del polémico corte de tráfico decretado por Manuela Carmena, los comercios afectados hablan. Hojas de reclamaciones, cancelaciones y quejas por atascos: los negocios con más solera de la calle temen perder caja y clientes.

Cuando se cumple la primera semana del polémico corte de tráfico decretado por Manuela Carmena, los comercios afectados hablan. Hojas de reclamaciones, cancelaciones y quejas por atascos: los negocios con más solera de la calle temen perder caja y clientes.

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En unas horas termina el primer cierre de la Gran Vía. Mañana todos los vehículos privados podrán volver a circular sin restricciones por la calle durante cinco días, pero el próximo fin de semana el Ayuntamiento volverá a vetar el paso a quienes no tengan la «bula de Carmena» o no hayan ganado su derecho de acceso ante los tribunales. Llega el momento de hacer un primer balance del experimento de la alcaldesa de Madrid. Para Manuela Carmena, los resultados –que no ha detallado– son tan «positivos», que ya ha anunciado que avalan el cierre total y permanente. Sin embargo, los «ciudadanos» de la Gran Vía, los que cada día la transitan, tienen otras cifras y valoraciones sobre el polémico y repentino cierre anunciado con apenas una semana de antelación y sin consultar a comerciantes ni a vecinos.

Las cifras:

10.000 euros diarios pierden los aparcamientos de rotación por el cierre

20% de cancelaciones en el recorrido de Navidad d ela empresa BusVisión

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29 días de restricciones de circulación ha establecido el Ayuntamiento de Madrid

50.000 vehículos atraviesan a diario la Gran Vía y sólo un tercio son residentes

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Los damnificados

Desde el vendedor a la vuelta de la esquina hasta el turista del otro lado de la frontera, pasando por hoteleros, camareros y quiosqueros, así como por compradores, paseantes y residentes, todos son parte indiscutible del que se ha convertido en el debate de los debates y, aunque parece complicado que defensores y detractores se convenzan mutuamente, todos han logrado ponerse de acuerdo en una premisa: la iniciativa de Manuela Carmena no ha sido el resultado de un estudio exhaustivo; algunos no dudan de su buena intención, pero nadie le arroga una larga meditación.

Todos están de acuerdo en que «no se ha hecho bien desde el principio», porque no se ha contado con las necesidades de vecinos y comerciantes. Y como muestra un botón: han tenido que ser los tribunales quienes enmenden la improvisación del Ayuntamiento. Primero fueron los vehículos de transporte cooperativo como Uber y Cabify, después los de paquetería y mensajería y los últimos han sido los autobuses turísticos. Todos han conseguido poder pasar por la Gran Vía a golpe de denuncia. En una semana Carmena ha tenido que corregir el decreto tres veces. Y las que le pueden quedar, porque el grupo municipal del PP y otros colectivos como el de las personas con movilidad reducida, no descartan acudir a los tribunales si no se les permite el paso en los próximos días de cierre.

«Seguramente, la de peatonalizar la Gran Vía sea una buena idea, pero, de momento, está siendo mal ejecutada», dice Juan Ramón, encargado de Tejidos Julián López, en el número 27 de la arteria central madrileña. Envuelto en su particular paraíso de texturas y colores, de luces y estampados y, sobre todo, de clientes seducidos ya hace años por el encanto de un local especializado y con más de medio siglo de historia, él y su equipo entregado de dependientes atiende con orgullo una tienda única en la Gran Vía. Y él, como el resto de comerciantes de la zona, está convencido de que el cierre de una calle del peso de ésta merece algún esfuerzo más que «un par de vallas mal puestas».

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Abrió sus puertas por primera vez una primavera de los años 50 y, desde entonces, ha tenido tiempo para labrarse una amplia cartera de clientes fieles al olor de sus telas y a la calidez de su trato personalizado. Mujeres de avanzada edad, con el suficiente poder adquisitivo como para hacerse con la materia prima más exquisita, muchas veces con movilidad reducida, otras llegadas de puntos en el mapa alejados por cientos de kilómetros de Madrid. Por todo, Juan Ramón, el encargado, reconoce que el cierre al tráfico de la calle, si bien aún no sabe si ha repercutido negativamente en las ventas, sí ha dificultado mucho el acceso al local para sus clientas más asiduas: «Ellas suelen venir en taxi –cuando no disponen de chófer– y les gusta parar a las puertas de la tienda para caminar lo mínimo posible».

Esta queja se repite en casos como los de los hoteleros, cuya asociación tiene la próxima semana concertada una reunión con los técnicos de Movilidad para analizar las consecuencias del cierre al tráfico en su sector. «Nuestros clientes están muy molestos», aseguran en el Hotel Atlántico de calle Gran Vía 38, pues, «casi todos llegan del aeropuerto o de alguna estación de tren, desde donde se trasladan en taxi para bajarse en la misma puerta del hotel con sus equipajes». Es el mismo caso del Hostal Jerez, situado en la esquina de Gran Vía con Montera, donde han tenido entre un 20% y un 25% de cancelaciones. «Lo más grave han sido los muchos clientes que han llegado después de cuatro horas de atasco y han pedido una hoja de reclamación porque consideran que debíamos haberles advertido con tiempo del corte de tráfico», explica el gerente Johnatan, que también ha tenido problemas para acceder a su puesto de trabajo. «Tengo que llevar mi certificado de autónomo para poder ir a la plaza de garaje por la que pago 200 euros al mes», se queja.

Algo parecido le ha ocurrido precisamente a uno de los colectivos que ha ganado su derecho de paso mediante una orden judicial. Manuel, de los autobuses turísticos BusVisión, explica que el mayor perjuicio lo ha tenido con los clientes que contrataron su recorrido por las luces de Navidad, alternativo al saturado NaviLuz del Ayuntamiento de Madrid que sí podía pasar por la Gran Vía, y que exigieron que se les devolviese el dinero por estafa al no cruzar la arteria del centro. «También hemos tenido un 20% de cancelaciones desde que se anunció la iniciativa, con sólo una semana para poder reaccionar», denuncia, y asegura que hay grupos que tenían contratado ese recorrido por las luces desde el mes de agosto.

Del mismo modo, los aparcamientos de rotación de la zona centro calculan que están perdiendo unos 10.000 euros diarios por las dificultades para acceder a los parking pese a que el decreto del consistorio madrileño aseguraba que se iba a permitir el paso. Hay que tener en cuenta que por Gran Vía pasan cada día 50.000 coches, de los cuales, tan sólo un tercio corresponde a residentes, por lo que hay 33.000 vehículos que no pueden utilizar las plazas de estos aparcamientos al no poder llegar. Y quienes tienen que ordenar toda esa circulación, que ya no pueden hacer su recorrido habitual, la Policía Municipal y los Agentes de Movilidad, protestan porque el Ayuntamiento no les ha dado instrucciones sobre los casos dudosos para ceder el paso. «Estamos aplicando el sentido común, pero habría sido más fácil dar un distintivo a los vehículos autorizados», explicó Julián Leal, del sindicato CPPM.

Sin embargo, para el que viene de lejos y cuenta con el tiempo justo para hacer sus compras, evitar el atasco a cambio de caminar unos metros en una acera agrandada temporalmente es un precio justo a pagar: «¡Yo estoy encantada! El año pasado, el atasco en la carretera y el tumulto de gente en la calle eran tales que para cuando llegué a la tienda ya estaba cerrando», recuerda una clienta de Plasencia que no falta a su cita con Tejidos Julián López ningún año. «Yo, que vengo a trabajar en transporte público, he ganado unos 15 minutos de vida cada mañana gracias a la peatonalización», apunta el dependiente que atiende a la compradora extremeña mientras extiende sobre el mostrador una brillante tela roja.

Pero no todos los comercios afectados por la medida del Gobierno municipal se mantienen tan templados en sus opiniones; los hay que, a capa y espada, la defienden o critican sin titubeos, como son Calzados Iris y Peleterías Jacinto Rodríguez, respectivamente. «¡Digan lo que digan, lo peatonal nunca puede hacer mal a lo comercial!», exclama Juan, encargado de la zapatería en el número 43, recordando aquellos tiempos en los que Fuencarral aún era transitada por vehículos. Por contra, «¿de qué sirve esto si la gente sigue caminando por la acera?», preguntan al aire las trabajadoras de la tienda de pieles del número 49, señalando además el mal estado del asfalto para pasear con carritos de bebés, por ejemplo. Y lo mismo pasa con el resto de sectores, porque, mientras el Mesón El Jamón del número 63 ve con buenos ojos la peatonalización, el quiosquero del 49 entiende todo lo contrario dadas las dificultades que le han supuesto las limitaciones a la descarga de mercancías.

Y si no hay un negociante igual que otro, ni un cliente que se parezca a los demás, mucho menos habrá un caminante que se repita y, por eso mismo, la medida definitiva requería más tiempo de reflexión. De hecho, los comerciantes reconocen que no será fácil cuantificar el perjuicio o beneficio de la medida, puesto que se trata del fin de semana de más ventas del año y la recuperación económica se lleva notando desde hace varias campañas. Igualmente, el perjuicio es diferente según el tipo de establecimiento; así, los comercios especializados sufrirán muchas más pérdidas que una tienda común, que vive de los clientes de paso y no de los que acuden a Gran Vía a por un producto exclusivo.