La sombra protectora

Madrid es una de las ciudades del mundo más arboladas. Lo que tiene su mérito si tenemos en cuenta su climatología y la tipología urbana de la capital de España, poco propicia para alardes forestales.

Madrid es una de las ciudades del mundo más arboladas. Lo que tiene su mérito si tenemos en cuenta su climatología y la tipología urbana de la capital de España, poco propicia para alardes forestales.

Cuando se habla de los grandes espacios verdes urbanos, Madrid no suele figurar en los primeros puestos del «rankig», pero no es lo mismo operar sobre las grandes extensiones de bosques del Pacífico canadiense, caso de Vancuver, o en zonas climáticas subtropicales, donde abunda el agua, caso de Singapur, que en un poblachón manchego, seco y caluroso en verano, seco y frío en invierno, que es el caso de la capital de España. Y, sin embargo, Madrid es una de las ciudades del mundo con más arbolado netamente urbano, es decir, el que puebla aceras y boulevares, sólo superada en la misma tipología forestal por Toronto, en Canadá; Atlanta, en Estados Unidos, y Londres, en Reino Unido. Podríamos establecer otras categorías, por ejemplo la de la variedad de especies o el alineamiento en aceras, donde Madrid también destaca en el panorama mundial. Por ejemplo, cuenta con 216.000 ejemplares plantados en alcorques. Nos dirán que Tokio tiene muchos más, 320.000, pero la capital nipona tiene el triple de habitantes y es cuatro veces más extensa. Sobre la variedad de especies –en Madrid están catalogadas 506– no todo son buenas noticias. En los años setenta del pasado siglo, cuando comenzó la gran expansión urbana madrileña, se plantaron dos especies de crecimiento rápido, el olmo siberiano y el arce negundo, que se han adaptado mal a las condiciones ambientales y sufren enfermedades que debilitan sus ramas. Abundan en Moratalaz, Fuencarral y Vallecas. Las especies más numerosas en el inventario madrileño, que incluye las extensiones forestales como el Monte del Pardo o Soto de Viñuelas, son el pino piñonero y la encina, pero el líder del asfalto es el plátano de sombra seguido de la acacia. En total, el área verde de Madrid tiene registrados cinco millones setecientos mil árboles, de los que 3,7 millones están en el casco urbano. El parque más emblemático, el Retiro, tiene más de 20.000 árboles, de los que, al menos, un 5 por ciento están muy envejecidos y habría que pensar en sustituirlos. Palabras mayores, porque los madrileños sienten auténtica adoración por sus árboles y cualquier operación de tala, aunque sea imprescindible, provoca malas miradas. Y es que los árboles son la sombra protectora en la terrible canícula de la capital. Como los 44 plátanos que, a lo largo de la calle Tampico, protegieron, ayer, a mediodía, de un sol de justicia al redactor de estas modestas líneas.