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Las magdalenas que sí son solidarias

Un inglés ex «homeless» las reparte entre las personas sin techo para visibilizarles. Ellos, a cambio, le cuentan su historia.

Liam, a la izquierda, junto con Martin, el «homeless» al que ayudó. Foto: Anuska Sandroni
Liam, a la izquierda, junto con Martin, el «homeless» al que ayudó. Foto: Anuska Sandronilarazon

Un inglés ex «homeless» las reparte entre las personas sin techo para visibilizarles. Ellos, a cambio, le cuentan su historia.

Liam nació en Bournemouth (Inglaterra) y no tuvo una infancia fácil. En sus primeros años en el colegio era intimidado por sus compañeros, creándole una falta de confianza en sí mismo. En su casa la situación no era mucho mejor, ya que su padre era alcohólico y cuando Liam apenas cumplió la mayoría de edad, falleció. Todas estas circunstancias le llevaron a sufrir ansiedad y depresión que desembocaron en problemas con el alcohol y las drogas. Tras dejar toda su vida atrás se encaminó a Barcelona para empezar de nuevo. Allí fue a un adivino que, tras leer su futuro, le aconsejó que se fuera a Madrid a crear su nuevo proyecto. Liam decidió tomar en cuenta su vaticinio y desde entonces ha pasado ya más de un año y medio desde que llegó por primera vez a la capital.

Por aquel entonces, era una persona sin hogar con falta de recursos. En una de las calles de Madrid se encontró a un joven alemán que acababa de perder su vuelo de vuelta a casa y no tenía forma de regresar. Por pura desesperación, esa misma mañana había cogido todas las magdalenas que había en el desayuno del hostal para poder alimentarse los próximos días. Fue entonces cuando a Liam se le ocurrió la idea de ayudarle pidiendo dinero en la calle a cambio de una magdalena. Aquello «fue una inspiración para él, y me dijo que debería ayudar a otras personas».

De esta idea, en septiembre de 2017 nació el proyecto #homelessgiveacupcake («sin hogar da una magdalena»), una historia de bondad, que como Liam afirma, supone ayudar a alguien sin esperar nada a cambio para hacer su vida un poco mejor. La finalidad del proyecto es dar una magdalena a los viandantes para que éstos se la regalen a su vez a las personas sin hogar, con el objetivo de crear conciencia social acerca de aquellas que se encuentran en la calle y «hacerles sentir importantes». El creador considera que la amabilidad es una de las grandes soluciones para todos los problemas que existen en el mundo.

A través de las más de 9.000 magdalenas que ha repartido Liam en este tiempo, ha conocido la historia de miles de personas sin hogar, entre ellas la de Martin. Ambos se conocieron hace un par de años en Madrid, después de que dejara atrás su hogar en Austria, tras perder todo lo que tenía allí. Ahora mismo se encuentra sin pasaporte y la única embajada de su país está en la capital. A pesar de haberse acostumbrado a este estilo de vida y afirmar que vivir en la calle es como «estudiar a los humanos», no le gusta su situación actual. Confiesa que uno de sus mayores sueños sería poder comprarse una furgoneta y viajar por el mundo. Martin solo tiene buenas palabras hacia Liam, pero no tiene mucha esperanza en el proyecto, ya que piensa que «el problema es que la mayoría de la gente es tan ignorante que no quiere ver las cosas malas que suceden en la vida. Cierran sus ojos».

El objetivo de Liam es dar a la gente sin hogar un trabajo, pero no puede hacer eso sin donaciones de los gobiernos. Tal vez no pueda cambiar la vida de Martin con tan solo una magdalena, pero, insiste, trata de cambiar a las personas transformando el mundo en un lugar mejor.

Uno de los mensajes que quiere transmitir Liam es que debemos darnos cuenta de que «todos estamos conectados en este mundo y si no nos comportamos de manera bondadosa, se puede volver contra nosotros».