Los floristas de Madrid se echan a las aceras

El gremio se moviliza para recuperar el derecho a exponer su género legalmente en las vías públicas de la capital

El gremio se moviliza para recuperar el derecho a exponer su género legalmente en las vías públicas de la capital
El gremio se moviliza para recuperar el derecho a exponer su género legalmente en las vías públicas de la capital

El gremio se moviliza para recuperar el derecho a exponer su género legalmente en las vías públicas de la capital

«La ocupación del dominio público por causa de actividades, instalaciones u ocupaciones con carácter general requerirá la previa obtención de licencia o autorización», sentencia la Ordenanza de Movilidad para la Ciudad de Madrid. Y no es nuevo, porque el escrito fue aprobado hace más de diez años; ni tampoco disparatado, porque a cualquier ciudadano madrileño le parecerá lógico que un bar tenga que pedir permiso al consistorio para sacar su terraza en verano. Por eso, la noticia es otra, y llega cuando las solicitudes de los comerciantes para hacer uso de la vía pública caen en saco roto o nunca reciben respuesta.

De repente, la Policía comenzó a personarse en las floristerías de Madrid para darles la información fatal: las macetas no podrán seguir ocupando las aceras. Desde Cayflor, Yolanda cuenta cómo un agente vestido de paisano fue el único que le avisó de la prohibición, amenazando con la sanción económica. Y lo mismo le ocurrió a Juan Carlos Tabero, propietario de una floristería en Alcalá de Henares, quien, tras recibir la visita inesperada de un policía instándole a guardar toda su mercancía dentro de Flor de Romero –su negocio–, remitió al Ayuntamiento una petición que fue desoída. De esto hace ya años, pero la movilización del sector por poner fin a la restricción sólo tiene unos días de vida; no obstante, suma ya más de 1.000 apoyos en la plataforma change.org.

La protesta ha sido iniciada por la Floristería Yamil, repitiendo un argumento que se ha vuelto casi lema: «Una calle con flores es bonita». El sector asegura que sin su «escaparate» su negocio pierde todo el atractivo, dificultando así las ventas y, por consiguiente, la contratación de personal. Así las cosas, las floristerías de Madrid han decidido actuar, consiguiendo –de momento– el apoyo del Defensor del Pueblo y del concejal de Ahora Madrid Jorge García Castaño. De hecho, los primeros pasos para cambiar esta realidad se darán desde la Junta Municipal de Chamberí –presidida por este edil–, de la que el propietario de la Floristería Yamil espera recibir pronto noticias positivas.

Por supuesto, ningún florista pone en duda que sea necesaria una regulación al respecto, atendiendo, por ejemplo, a la localización de la tienda y a la anchura de la acera, pero esto está lejos de la directa prohibición de la exposición de flores junto a los locales. En este sentido, Juan Carlos –que, además, fue pionero en esto de la lucha por los derechos de estos locales que tanta luz y color dan a nuestra ciudad, pues el pasado mes de febrero denunció la venta de flores en supermercados y la venta ambulante no regulada– afirma: «Sólo pedimos tener las mismas opciones que los bares». Y lo dice sin tener ninguna duda de que cualquier viandante prefiere pasear entre flores que entre sillas de plástico.